Es posible que, a pesar de invertir tiempo en las personas, algunos, igualmente, acaben escogiendo un camino equivocado. No obstante, la tarea que se nos ha encomendado es la de transformar vidas mediante el poder del evangelio.
Las lágrimas son un regalo de alto, una forma de liberar presiones y experimentar la sanidad que solamente Dios puede dar. Varones, ¡no se priven de está bendición!
Una sana comprensión de las dinámicas del presente y un profundo respeto por las riquezas de su historia son elementos indispensables para una iglesia pujante.
A muchos, hoy, les parece injusta la propuesta de que Jesús es el único camino. Debemos saber cómo responder ante una sociedad que reconoce como buenos todos los caminos.