La grandiosa convicción: la confesión de Tomás (tercera parte)

Texto bíblico: Juan 20.24–29
La grandiosa convicción: la confesión de Tomás (tercera parte)

Punto 3. (20.26–28) La confesión: La confrontación y convicción de Tomás. Jesús se le apareció, desafió y convenció a Tomás.

1. Fíjese en la confrontación. Las puertas una vez más estaban cerradas (Jn 20.19). De repente, Jesús apareció en medio de los discípulos. Una vez más, Jesús tranquiliza el estado de conmoción de los discípulos al decirles: «Paz a vosotros». Pero fíjese en lo que él hace después: se vuelve inmediatamente para confrontar a Tomás.

a. Jesús revela que sabía todo acerca de la incredulidad y demandas de Tomás. Utilizó las mismas palabras que Tomás: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» (Jn 20.27).

Jesús conoce el corazón de cada hombre: su desesperación, sus dudas, sus miedos, sus esperanzas, su amor. Conoce donde y cuando tocar el corazón de un hombre. Sin embargo, fíjese en un factor crucial: Tomás estaba donde Jesús podía alcanzarlo. Estaba en la presencia de los creyentes escuchando sus testimonios. No los había desechado a pesar de sus dudas. Lea 1 Samuel 2.3; Jeremías 17.10; Daniel 2.22; Juan 2.25; 1 Corintios 3.20

b. Jesús lo advirtió y pidió que creyera. Tomás había estado caminando por un sendero peligroso. Los discípulos le habían hablado una y otra vez; sin embargo, se había negado una y otra vez a aceptar sus testimonios.

    • «No seas incrédulo» (me ginou apistos): deja de ser una persona incrédula. Estás corriendo el riesgo de convertirte en un incrédulo, has llevado tu incredulidad demasiado lejos. Ya es hora de dejar tu necedad. Los otros te han estado testificando la verdad. Deja la obstinación, la terquedad, la incredulidad. Corres un gran riesgo. Lea Juan 3.18, 3.36, 8.24; Hebreos 2.3, 3.12; Judas 1.5
    • Cree. Lea Juan 3.15, 5.24, 11.25, 12.46, 20.31; Romanos 10.9. La incredulidad es estar sin Cristo, «sin Cristo… sin esperanza y sin Dios en este mundo.» (Ef 2.12).

2. La poderosa confesión. Esta es una de las grandiosas confesiones en las Escrituras. Seguramente Tomás cayó de rodillas cuando exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» Ahora sabía cinco grandes verdades.

a. Jesús realmente es el Señor resucitado. Todo lo que Jesús había dicho era verdad. Lea Hechos 2.36, 5.31; Romanos 1.4, 10.9; 1 Corintios 1.9, 8.6

b. Jesús es ambos: Señor y Dios, la Majestad soberana del universo. Lea Colosenses 2.9–10; 1 Timoteo 3.16; Hebreos 1.3

c. Jesús es el único que ha venido para dar a conocer verdaderamente a Dios; él es el Mediador entre Dios y los hombres. Lea Juan 14.6; 1 Timoteo 2.5; Hebreos 8.6, 9.15, 9.24; 1 Juan 2.1

d. Jesús no acepta compromisos a medias. Jesús esperaba ser el Señor y Dios de Tomás: «Señor mío, y Dios mío». Por tanto, él personalmente debía reverenciar y adorar a Jesús como su Señor y Dios. Filipenses 2.9–11; Romanos 14.9; Colosenses 1.18; Apocalipsis 5.12

e. Jesús esperaba de Tomás una confesión abierta y pública acerca de que él era su Señor y Dios. Mateo 10.32; Lucas 12.8; 1 Juan 2.23, 4.15

Punto 4. (20.29) Creer: La gran lección de Tomás para todos los hombres. ¿Cuál es la lección?

  • Creer sin la necesidad de tener evidencias ni pruebas. Juan 20.29
  • Creer por causa de la ternura y el entusiasmo. Efesios 2.4–5, 8–9
  • Creer por causa del amor y cuidado y de la necesidad y naturaleza del corazón humano. Juan 3.16; Romanos 5.8, 3.23
  • Creer por causa de la necesidad de moralidad y carácter santo. Gálatas 5.22–23
  • Creer porque los testimonios divinos así lo dicen. Juan 20.21; Marcos 16.15
  • Creer por causa del testimonio interno del corazón. Romanos 2.15
  • Creer por causa del testimonio externo de la naturaleza. Romanos 1.20

Fíjese que Tomás dejó de ser obstinado y rebelde después de ver a Jesús y que este lo reprendiera. Tomás había sido culpable, había sido incrédulo sin tener ninguna excusa. Los hombres que le habían proclamado la verdad no eran mentirosos ni tampoco habían sido engañados. Tomás se había rehusado a creer sólo porque no quería hacerlo. Se creía intelectualmente superior a los demás y había estado a punto de perder su alma.

La lección es esta: la persona que cree sin ver demuestra…

  • un carácter fuerte.
  • ternura y entusiasmo de corazón.
  • sensibilidad al testimonio del Espíritu Santo.
  • conciencia hacia el orden y la belleza de todo el mundo.

Por tanto, esa persona será bendecida con un gozo muy especial: un gozo inefable y glorioso.

«[Jesucristo] a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso» 1 Pedro 1.8

Cuando una persona verdaderamente ve lo que Jesús ha hecho por él o ella, o cuando el Espíritu de Cristo lo reprende, él o ella debe dejar su incredulidad. Debe volverse a Cristo ya que el Espíritu del Señor no siempre luchara con los hombres. Proverbios 28.14, 29.1; Génesis 6.3

Usado con permiso,

COPYRIGHT © 1991

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