El liderazgo batalla contra el desaliento

A veces con la mejor de las intenciones deseamos tener un ministerio reconocido, exitoso, creciente. Sin embargo, en algunas ocasiones, nos sumimos en el desaliento y caemos en la depresi√≥n al pensar que, despu√©s de todo, no hemos llegado al √©xito que so√Īamos o que algunos nos pronosticaron.
El liderazgo batalla contra el desaliento

Hace a√Īos, como cualquier otro joven dispuesto a hacer algo para Dios, me involucr√© en muchas actividades, corr√≠ de un lugar a otro, estuve inmerso en el ¬ęministerio¬Ľ, hasta que una simple pregunta me paraliz√≥. ¬ęEli√©zer¬Ľ, me pregunt√≥ un amigo, ¬ęlo que est√°s haciendo, ¬Ņhasta d√≥nde llega a la luz de la eternidad?¬Ľ

Supongo que su pregunta no fue con el prop√≥sito de desanimarme, ni tampoco con intenciones de que fuera recordada por tantos a√Īos. Es posible que hasta √©l mismo ya haya olvidado esa pregunta. Para m√≠; sin embargo, fue como si alguien me hubiese dado con un mazo en la cabeza. Yo hac√≠a muchas cosas para Dios con el deseo de agradarlo, pero estaba olvidando la perspectiva de la eternidad. ¬ŅC√≥mo podernos llevar a cabo un ministerio con la eternidad como fondo? Tengo que confesar que me desalent√© al darme cuenta de que mi esfuerzo no transcend√≠a mucho. Pero de aquel desaliento surgi√≥ la semilla para frenar mi activismo, revisar mis prioridades, profundizar mi relaci√≥n con Dios y prepararme para servirle mejor.

A pastores y a l√≠deres cristianos nos consume la pasi√≥n de hacer algo para Dios, algo que transcienda el tiempo y toque la eternidad. ¬ŅPero qui√©n es competente para eso? Si somos sinceros, reconoceremos que a veces con la mejor de las intenciones deseamos tener un ministerio reconocido, exitoso, creciente. Sin embargo, algunas veces nos sumimos en desaliento y caemos en la depresi√≥n y en el des√°nimo al pensar que, despu√©s de todo, no hemos llegado al √©xito que so√Īamos o que algunos nos pronosticaron. Otras veces, como pas√≥ en mi caso, nos damos cuenta de que nuestro activismo no produce fruto eterno. Es entonces cuando el liderazgo se hace un poco dif√≠cil de sobrellevar.

¬ŅC√≥mo escapar al desaliento, al esp√≠ritu de derrota? ¬ŅC√≥mo hacer para que esas aparentes derrotas no nos agobien hasta el desaliento?

Pide lo que quieres

Salom√≥n fue uno de los hombres mejores dotados en la historia de la humanidad. S√≥lo a √©l Dios se le apareci√≥ una noche en sue√Īos para decirle: ¬ęPide lo que quieres y te ser√° concedido¬Ľ. Sin duda ese habr√° sido un momento extraordinario en la vida de este hombre. Ahora bien, si Dios se nos apareciera hoy con esa misma oferta, ¬Ņqu√© pedir√≠amos? Nuestra petici√≥n definir√≠a lo que somos y hasta d√≥nde queremos llegar con Dios. Si fu√©ramos sinceros, admitir√≠amos que en los rincones de nuestra alma a veces hay deseos que no se ajustan al deseo de Dios. Buena parte de nuestras frustraciones provienen de pensar que Dios nos ha prometido algo que √©l nunca prometi√≥. Algo que nosotros cre√≠amos que har√≠a nuestro ministerio m√°s placentero, m√°s grande, m√°s reconocido, o quiz√° menos dif√≠cil o con menos demandas.

Recuerdo haber le√≠do sobre un pastor a quien le hab√≠an pronosticado toda clase de √©xitos en su ministerio. Era un buen predicador, hab√≠a sido un alumno distinguido en el seminario, su iglesia madre le dio todos los recursos necesarios y unas cuantas familias para iniciar una iglesia ¬ęhija¬Ľ. Todo indicaba que tendr√≠a el √©xito so√Īado, hasta que el pastor despert√≥ a la realidad. La naciente iglesia comenz√≥ a decaer en asistencia despu√©s del primer a√Īo, los fondos comenzaron a escasear, los √°nimos a decaer. Una madrugada el pastor le confes√≥ a su esposa: ¬ęNo puedo seguir predicando porque no creo que Dios sea el Dios fiel y bueno que dice ser. √Čl me llam√≥ a este ministerio y ahora me ha dejado solo. Estoy listo para dejar todo¬Ľ. Aquella madrugada su esposa tuvo que ministrarle y decir: ¬ęYo creo que Dios es quien ha dicho ser. Mientras dure tu crisis de fe, yo te llevar√© y te sostendr√© con mi fe¬Ľ. Benditas nuestras esposas, que cuando nuestra fe y nuestra confianza fallan, est√°n all√≠ para alentarnos.

Como pastores y líderes enfrentamos grandes batallas. Algunos, temo decir muchos, están desmayando en la tarea. Todos nos enfrentamos a nuestras debilidades ante la magnitud de la faena y nos sentimos inadecuados. Nadie necesita decirnos que no somos suficientemente competentes para el trabajo que tenemos por delante. La mayoría de las veces nos enfrentamos a las expectativas de la gente que nos pide y espera más de lo que podemos entregar. ¡Qué fácil es perder el ánimo en tales circunstancias!

Otras veces tratamos de sobrevivir con un nivel de salario con el cual es casi imposible mantener a nuestras familias. Mientras los dem√°s miembros de la iglesia local pueden vivir buscando mejores recursos econ√≥micos, se espera que el pastor viva ¬ępor la fe, dependiendo del Se√Īor¬Ľ. Ese doble est√°ndar no s√≥lo nos desalienta, sino que a veces nos molesta, pues todos debemos vivir dependiendo del Se√Īor y de sus recursos para cada d√≠a.

En su libro Pastores en Riesgo, H.B. London y Neil B. Wiseman advierten que hoy m√°s que nunca hay pastores vulnerables a ¬ęquemarse¬Ľ. Aunque sus estad√≠sticas reflejan la condici√≥n de los pastores anglosajones en EE.UU., al conocer por m√°s de veinte a√Īos el ministerio hispano en Norteam√©rica, creo que la situaci√≥n entre nuestros pastores no est√° lejos de esa realidad.

En su estudio London y Wiseman citan estadísticas recopiladas por el prestigioso Instituto Fuller para el Crecimiento de la Iglesia. Ellos notan, entre otras cosas, que el 80% cree que el trabajo pastoral ha afectado negativamente a sus familias, que 33% cree que estar en el ministerio ha sido un verdadero inconveniente para la familia, que el 75% reporta haber tenido en su vida ministerial por lo menos una gran crisis causante de un problema emocional, que el 90% siente que fueron mal preparados para resistir las demandas del ministerio, que el 70% dice tener más baja autoestima que cuando comenzaron, que el 40% reportó tener por lo menos un serio conflicto con un miembro de su congregación una vez al mes, que el 37% confesó haber sido parte de una conducta sexualmente inapropiada con alguien en la iglesia, y que el 70% dice no tener alguien a quien considera amigo cercano.

Quizás usted esté dando un suspiro de alivio al ver que otros se sienten como usted, o una exclamación de incredulidad al leer estas estadísticas, pero le aseguro que hay pastores y líderes al borde del desaliento.

Los autores citados, en su libro, El pastor es una especie en extinci√≥n, sugieren que el problema consiste en que ¬ęla carga est√° siendo llevada por demasiado tiempo sin verdadero alivio¬Ľ. Estamos llegando al punto en que nuestras reservas se est√°n agotando y estamos por rendirnos. ¬ŅQu√© hacer?


El ministerio depende de Dios

Volvamos por un momento a Salom√≥n. La gran sabidur√≠a que Dios le dio lo llev√≥ a darse cuenta de lo pasajero de todo. En el cap√≠tulo 2 de Eclesiast√©s √©l va del cinismo a la frustraci√≥n, al vac√≠o y al desaliento al pensar que la gran obra de su reino no resistir√≠a el tiempo, que a su muerte alg√ļn necio lo echar√≠a todo a perder. ¬ŅC√≥mo sobreponerse a un pensamiento tan sombr√≠o?

El reino de Salom√≥n no durar√≠a m√°s de una generaci√≥n. √Čl no ten√≠a control de lo que pasar√≠a a su muerte. S√≥lo lo que Dios hace permanece para siempre. El enfoque de Salom√≥n y el nuestro tiene que cambiar de qui√©nes somos nosotros y qu√© estamos haciendo, a qui√©n es Dios y qu√© est√° haciendo √©l. Salom√≥n exclama: ¬ęHe entendido que todo lo que Dios hace ser√° perpetuo; sobre aquello no se a√Īadir√°, ni de ello se disminuir√°; y lo hace Dios, para que delante de √©l teman los hombres¬Ľ (Ec 3.14).

Solamente cuando esta verdad gobierna nuestros corazones, podemos sentirnos libres para servir a Dios y a su pueblo con gozo. Es aqu√≠ donde termina la presi√≥n para producir por esfuerzo propio. Nadie puede a√Īadir nada a lo que Dios hace. Nadie ha agregado o quitado nada al plan de Dios, ni el m√°s espiritual de los hombres ni el m√°s malvado de ellos. Dios est√° llevando a cabo sus prop√≥sitos y nosotros podemos descansar en √Čl.

Cuando el tiempo y la eternidad se unan nuevamente, todo lo que estaba en el corazón de Dios para ser conseguido en el tiempo, habrá sido hecho. Todo.

Dios busca a aquellos que sean vasos para sus trabajos eternos, para que sólo él sea la explicación de lo que él hace y para que sólo él reciba toda la gloria. Sólo Dios puede hacer obras que perduren a la luz de la eternidad.


El síndrome del profeta

Entre todos los profetas del Antiguo Testamento no hay otro m√°s poderoso que El√≠as. √Čl ten√≠a verdadera fuerza de car√°cter, osad√≠a, valent√≠a y una fe s√≥lida.

En 1 Reyes 18¬Ė19 somos testigos de una de las m√°s incre√≠bles escenas de las Escrituras. Lleno del poder de Dios, El√≠as confront√≥ al rey Acab y a su esposa (la malvada Jezabel), a los 400 profetas de Baal y a los 400 profetas de Asera. Un solo hombre enfrentado contra una horda enemiga y resisti√©ndoles en el poder sobrenatural de Dios. El√≠as conoc√≠a del poder de Dios para suplir en las m√°s dif√≠ciles circunstancias. En el monte Carmelo lo vemos levantando el pend√≥n de la fe y de la valent√≠a, y vemos c√≥mo Dios responde con una tremenda manifestaci√≥n de poder: fuego del cielo.

Sin duda esperaríamos que después de tal demostración divina, la fe y la confianza del profeta crecerían hasta un punto insospechado, pero no es así. Perseguido por Jezabel cae en depresión y le asaltan pensamientos suicidas (1 Re 19).

Cuando batallamos contra el desánimo y la depresión, uno de los mayores problemas es que perdemos la habilidad para enfrentar las realidades de nuestra situación o circunstancia que nos han llevado al lugar donde nos encontramos. Dios confrontó a Elías allí donde estaba y le hizo ver las razones que lo habían llevado hasta ahí.

A veces no queremos hacernos las preguntas dif√≠ciles de la vida y el ministerio. Dejamos que otros definan lo que somos y hacia d√≥nde vamos. El√≠as se vio inmovilizado por las falsas concepciones de s√≠ mismo y la necesidad de proteger la reputaci√≥n de Dios. Podemos parafrasear 1 Reyes 19.10 diciendo: ¬ęAunque yo he sido muy celoso por tu obra, oh Dios, los israelitas no han respondido bien y lo han destruido todo. De hecho, soy el √ļltimo de los profetas que queda y por eso estoy escondido, para que tu obra no acabe conmigo¬Ľ.

A esto podemos llamar el ¬ęs√≠ndrome del profeta¬Ľ, al cual todos somos vulnerables. Nos sentimos solos (a veces nos hemos apartado de otros voluntariamente) y nos vemos como los √ļnicos que llevamos a cabo un ministerio digno. Somos protectores de la dignidad de Dios.

En primer lugar, Dios asegura a El√≠as y a nosotros que no est√° solo, hay 5.000 m√°s que permanecieron fieles. Una vez m√°s, la Palabra de Dios destaca la importancia de buscar y tener comuni√≥n con otros fieles siervos del Alt√≠simo. En segundo lugar, no nos enga√Īemos, Dios no nos necesita para proteger su dignidad. Necesitamos ver a Dios como el Dios Soberano que cumple sus prop√≥sitos aun en medio de nuestras propias batallas e inconformidades. √Čl contin√ļa construyendo su Reino aun en medio de nuestras aparentes derrotas.

Cuando el tel√≥n de la eternidad caiga, veremos que Dios no dej√≥ nada sin finalizar, que no quedaron ¬ęhilos sueltos¬Ľ para recoger. Todo habr√° sido hecho a la perfecci√≥n.

Casi podemos escuchar una queja en los labios de El√≠as: ¬ęSe√Īor, no has tomado buen cuidado de tu obra. Si no me hubiera escondido, todo tu plan estar√≠a acabado. Gracias a Dios tuve el buen sentido de correr hacia el monte.¬Ľ La mayor√≠a de las veces estamos llorando detr√°s de los matorrales. No nos damos cuenta de que el Dios Soberano contin√ļa la tarea de la edificaci√≥n de su iglesia y que ¬ęlas puertas del infierno no prevalecer√°n contra ella¬Ľ (Mt 16.18).

Algunos pastores y l√≠deres sufren m√°s de la cuenta por no tener a nadie (aparte del c√≥nyuge) con quien orar, con quien compartir las cargas, a quien rendirle cuentas, etc√©tera. No hemos sido llamados a ser ¬ęllaneros solitarios¬Ľ. Debemos pedirle a Dios que nos d√© a alguien con quien poder compartir las cargas que llevamos (G√° 6.2). A El√≠as Dios le dio a Eliseo, quien tomar√≠a su lugar. No debe haber temor o celos. La obra es de Dios y √©l a su debido tiempo levantar√° a alguien m√°s para llevar la carga con nosotros y despu√©s de nosotros.

Si estamos en problemas en nuestro ministerio a causa del desaliento y estamos enfrentando frustraci√≥n, cansancio, depresi√≥n, expectativas fallidas de nosotros mismos o de otros, ¬Ņqu√© necesitamos hacer por encima de cualquier otra cosa? Si sabemos de alguien que est√° a punto de dejar el ministerio ¬Ņqu√© le decimos? ¬ęNecesitas descansar (por cierto que todos necesitamos ejercitarnos), necesitas unas vacaciones (eso tambi√©n necesitamos), pide un aumento de sueldo (¬°tal vez algunos tambi√©n necesitamos eso!).¬Ľ Sin embargo, Dios le dijo al profeta confundido, herido, y desanimado, ¬ęp√°rate en la presencia del Se√Īor¬Ľ.

Dios no sólo podía satisfacer las necesidades físicas y emocionales de Elías, sino que además lo llamó a acercarse a su presencia. Esto es lo que necesitamos cuando llega el desánimo, cuando nos sentimos heridos o frustrados. Sólo la presencia divina puede guardarnos, fortalecernos y levantarnos para unirnos a Dios en su obra.


Dios dice, ¬ęme buscar√©is y me hallar√©is, porque me buscar√©is de todo coraz√≥n¬Ľ (Jer 29.13).

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1 Comentarios
rblandon
\"Caer est√° permitido. ¬°Levantarse es obligatorio!.\"
\"Sólo se ha perdido cuando se deja de luchar.\"
http://www.diostube.com/videos/4225/1-2-Como-superar-el-desaliento---Charles-Stanley
Escrito el 20 Septiembre, 2011
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