Tres maneras de enseñar la Biblia

¿Qué clase de maestro eres? Tal vez, ante una pregunta semejante, comienzas a pensar en si eres bueno o malo, dedicado o improvisado, paciente o ansioso.
Tres maneras de enseñar la Biblia

En general, podemos decir que existen tres clases de maestros: Los autoritarios, los permisivos y los facilitadotes. Por supuesto, vamos a encontrar que estas categorías suelen superponerse entre sí; ningún maestro puede decir que no tiene, de vez en cuando, algo de las tres características en su forma de enseñar. Sí podemos decir que un maestro es de esta o de otra clase cuando la mayoría de sus actitudes metodológicas se enfocan hacia uno u otro lado.

Veamos las expresiones típicas de cada una de estas tres formas de enseñanza a las que me refería.


EL MAESTRO AUTORITARIO

El autoritario tiende a ser inseguro en su rol de maestro y por eso necesita dominar la clase. Es importante para él saber todas las respuestas. Se ve a sí mismo casi como un policía, vigilando para que los niños se porten bien, muestren el debido respecto y pregunten solamente las cosas que él puede contestar. De esta forma, lucha por mantener un silencio absoluto en la clase, prefiriendo ser único que habla. El alumno, frente a este tipo de maestro, termina siendo un objeto prácticamente inanimado, que recibe -supuestamente- lo que el maestro preparó para él, sin gozar del privilegio de responder, reaccionar o ser de algún modo protagonista del proceso de aprendizaje. Este maestro se ha olvidado de que Dios es la única autoridad espiritual y que es Jesucristo el que ocupa el lugar de mediador entre el alumno y Dios (1 Ti. 2.5). Le hace falta reconocer de una vez por todas que su única autoridad como maestro viene como resultado de su sumisión a la obra del Espíritu Santo en su propia vida (Jn. 16.3).


EL MAESTRO PERMISIVO

El polo opuesto del autoritario es el permisivo. Esta persona tiene una idea muy equivocada del niño en sí. Cree que carece de la capacidad de entender cosas serias y que su única manera de ser feliz es divirtiéndose y jugando. Tal es así que ve su función principal con ellos casi como un mero animador de fiestas, dejando de lado el control y la disciplina en su clase mientras los niños hacen lo que quieren. Sus intentos para enseñar algo son bastante infructuosos, pero eso no le preocupa mucho porque cree que el aprendizaje espiritual ocurrirá por sí solo. Los niños no lo toman en serio y a la larga terminan aprovechando el tiempo de sus clases para tirar cosas, dibujar en las paredes y subirse a los muebles. Este maestro no se da cuenta de que el niño requiere guía y dirección en su enseñanza para sentir seguridad y gozar de una sensación de logro en lo que está aprendiendo. Necesita entender que el amor de Cristo, modelo para todo maestro espiritual, siempre fue comprensivo, pero nunca un amor permisivo.


EL MAESTRO FACILITADOR

El maestro facilitador, en cambio, ve su función en la clase como la persona que hace posible el aprendizaje espiritual. Es una persona sensible a las necesidades de los niños que se le han confiado; los ve como individuos en formación y se ha preocupado por investigar y entender las capacidades y limitaciones de sus distintas etapas de desarrollo.

Las clases del facilitador tienen metas bien estructuradas, aunque no rígidas. Se ve a sí mismo como un guía para el aprendizaje de sus alumnos. Reconoce que tiene lecciones que aprender en su propia vida espiritual y no se considera mejor que sus alumnos ni los trata con aire de superioridad. Depende del Espíritu Santo para obrar a través de su vida, por medio de una estructura didáctica definida sin dejar de ser flexible, en la que los niños pueden descubrir verdades bíblicas para sus vidas.

Este maestro escucha con atención y respeto a sus alumnos pero no pierde de vista los objetivos que tiene en mente para la lección. Su clase se caracteriza por mucha participación de parte de los alumnos, pero es una participación dirigida para canalizar correctamente el aprendizaje de las verdades que se están enseñando. Raras veces tiene problemas de disciplina porque sus clases están estructuradas tomando en cuenta la necesidad de actividad de cada uno de los niños. Sabe que si están ocupados en algo que les interesa no habrá mayores problemas de conducta.


EL IRREEMPLAZABLE PAPEL DEL EJEMPLO

Es importante destacar que el maestro ideal debe ser transparente en su vida delante de sus alumnos. Su honestidad consigo mismo implica que no aparenta ser algo que no es. A veces los niños ven a sus maestros como personas perfectas, desanimándose frente a las imperfecciones de sus propias vidas. El maestro necesita mostrarse ante el alumno tal como es: Una persona como cualquier otra, aprendiendo a vivir como Dios desea. El niño es experto en percibir la hipocresía. Por eso, la capacidad del maestro de admitir un error o pedir perdón sin demoras por una falta delante de sus alumnos ayudara para que el niño se dé cuenta de que la vida en Cristo está a su alcance también.


¿COMO SE VERÍA LA FOTOGRAFÍA?

¿Qué clase de maestro o maestra eres? Si se tomara un retrato de tu clase, ¿cuál de las tres maneras de enseñanza estaría en mayor porcentaje? Nadie puede mejorar sus capacidades sin antes reconocer las cosas que ir piden un eficiente trabajo de enseñanza. La meta es ser un maestro facilitador y eso es una destreza que se va adquiriendo y mejorando constantemente. ¡Proponte ser ése tipo de maestro!

Apuntes Pastorales, Volumen VIII Número 5

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