Los jóvenes tienen sus necesidades: conózcalas

En ocasiones, en los círculos cristianos existe la tendencia a identificar a las personas con almas. Estamos demasiado preocupados por las almas y perdemos de vista con demasiada frecuencia a las personas. Dios no está únicamente interesado en almas, Él está interesado en la persona total, en sus emociones, su intelecto, su alma y su espíritu, en definitiva, en todo su ser.
Los jóvenes tienen sus necesidades: conózcalas

I. El joven una persona compleja

Es importante que entendamos esto ya que cuando estamos ayudando a una persona a alcanzar la madurez espiritual no tendremos solamente que afrontar problemas o cubrir necesidades espirituales, sino también necesidades emocionales, intelectuales y familiares entre otras.

Los jóvenes no son compartimentos estancos sin que exista ninguna relación entre las diferentes áreas de sus vidas. Los jóvenes, como cualquier persona, tienen interrelacionados los diferentes aspectos de sus vidas y unos influyen sobre los otros. En ocasiones problemas espirituales, pecado,pueden tener repercusiones espirituales: problemas emocionales, angustia, ansiedad, depresión, pueden tener repercusiones de tipo espiritual, incapacidad para confiar y depender de Dios. Este gráfico trata de ilustrar las interrelaciones.

El desconocimiento de las necesidades de los jóvenes con los que estamos trabajando puede, en muchas ocasiones, entorpecer nuestra tarea educativa. Una parte de este trabajo consiste precisamente en la satisfacción de esas necesidades. Lo que hacemos debe ayudarnos a satisfacer las necesidades de aquellas personas hacia las que se orienta nuestro trabajo de discipulado.

II.Cuáles son la necesidadesde los jóvenes

 

Las vidas de los jóvenes son variadas y complejas y así lo son, por tanto, sus necesidades. Es posible, sin embargo, hablar de niveles y conciencia de las mismas.

A. Niveles

Emocional, espiritual, familiar, social, físico, intelectual, etc. Esta lista no pretende ser ni exclusiva ni definitiva. Trata de escribir otros niveles de necesidad de los jóvenes con los que estás trabajando.

B. Conciencia

No todos los jóvenes tienen las necesidades al mismo nivel de conciencia. Algunas necesidades son muy importantes para unas personas y tan apenas lo son para otras. En ocasiones, necesidades evidentes para un observador externo no lo son para la persona en cuestión que ni tan solo las percibe. A efectos prácticos la conciencia acerca de las necesidades puede ser dividida en dos tipos: sentidas o conscientes y no sentidas o inconscientes. Ambos tipos son importantes, ambos debemos tratar de satisfacerlos. El hecho de que todas las áreas del joven estén interrelacionadas hace esto último importante y necesario.

En muchas ocasiones las necesidades sentidas se presentan como el camino o el puente para llegar a aquellas que no son sentidas o permanecen a un nivel inconsciente. Veamos un ejemplo: un joven puede experimentar fracaso y frustración y tener la necesidad de encontrar un sentido para su vida. Esto es algo totalmente consciente que puede abrirnos el camino para llegar a necesidades más profundas y no sentidas pero tan reales y auténticas como la anterior. En este caso, conocer a Jesucristo como Señor y Salvador si la persona no es cristiana, o entregarle el control de su vida si ya es creyente.

Jesús utilizó este sistema en varias ocasiones. Con la mujer samaritana (véase Juan 4) comenzó hablando de la sed —una necesidad sentida e identificada por la mujer— para llegar a necesidades más profundas sed espiritual interior.

III. Cómo descubrir lasnecesidades

 

Existen algunas necesidades que son comunes a todas las personas cristianas, sin importar cual sea su edad, madurez, contexto familiar, etc. la Biblia y la psicología nos hablan de algunas de ellas: conocer a Dios, amar y ser amado, aceptar y ser aceptado y sentido de pertenencia entre otras. Profundizar en nuestro conocimiento de la Palabra de Dios y en las exigencias de la tarea educativa nos servirá de ayuda para poder conocer muchas de estas necesidades comunes a todos los creyentes. No obstante, no debemos olvidar que a pesar de ser comunes existe variación de persona a persona puesto que hay varios factores que las modifican.

• Algunas personas las tienen más desarrolladas que otras. En dos jóvenes una misma necesidad puede manifestarse con diferente grado de intensidad.

• No es idéntica la importancia que dos personas conceden a una misma prioridad. Por ejemplo, pasar tiempo con Dios es una necesidad para cada creyente, sin embargo, para uno puede ser una alta prioridad en tanto que para otro es algo totalmente secundario.

• Una necesidad puede ser más sentida o consciente en un joven que en otro. Para algunos ciertas necesidades pueden estar a un nivel totalmente inconsciente.

Por otra parte, existen otras necesi-dades mucho más específicas, más difíciles de descubrir y por tanto de satisfacer. Veamos un ejemplo, todo el contenido de la verdad bíblica necesita ser conocido y experimentado por un joven específico, no obstante, debido a la peculiar situación personal del mismo, su necesidad concreta en estos momentos puede ser entender y aplicar el perdón de Dios en su vida.

Hay algunos pasos prácticos que pueden ayudarnos en este proceso:

a. Pedirle al joven que nos declare sus necesidades.

Podemos hablar con él y simplemente pedirle que nos exprese cuáles son sus necesidades. De todos modos este paso es tremendamente limitado por varias razones:

• Es difícil que nos expresen cosas íntimas o personales si nuestra relación con él no es íntima y profunda.

• Un planteamiento tan directo por nuestra parte puede hacer que el joven se sienta violentado y agredido y crear en él barreras emocionales hacia nosotros.

• En caso de que consigamos que nos las verbalice, tan sólo tendremos conocimiento de aquellas que son sentidas, el resto quedarán ocultas.

• Podemos encontrarnos con la incapacidad del joven para: reconocer sus propias necesidades, ser capaz de concretizarlas, ser capaz de expresarlas.

b. Tratar de que expreseindirectamente sus necesidades.

Podemos poner al joven en situaciones que nos permitan conocer o detectar sus necesidades. En ocasiones una conversación planteada por nosotros acerca de un determinado tema —más o menos premeditado— puede servirnos para ello. Imaginemos la gran cantidad de información acerca de sus necesidades que puede proporcionarnos una conversación en profundidad acerca de sus expectativas sobre el futuro, o bien una conversación relacionada con el señorío de Cristo, sus afirmaciones, preguntas, opiniones e incluso obje-ciones pueden sernos de incalculable ayuda y orientación.

c. Observar a los jóvenes.

En muchas ocasiones la conducta de los jóvenes pone de manifiesto sus necesidades, carencias.

Una conversación en la que un tema se repite constantemente, puede ser una señal de una necesidad, puede ser también una de las maneras que el joven use para manifestar que necesita ayuda. Un determinado tipo de conducta: jóvenes excesivamente críticos, rebeldes o negativos pueden utilizar esta conducta como una manera de expresar que están necesitados de atención y aceptación. Hemos de aprender el lenguaje de la conducta, las cosas que los jóvenes hacen o por el contrario dejan de hacer pueden darnos pautas acerca sus necesidades.

d. Desarrollar discernimiento.

Este aspecto está íntimamente ligado con el anterior. Trabajar y ministrar a personas requiere discer-nimiento. Hemos de aprender a interpretar lo que oímos y observamos, hemos de preguntarnos ¿Cuál es la razón para este comportamiento? ¿Por qué existe esta apatía? ¿Qué hay detrás de esta conducta? El discerni-miento es muy importante para no quedarnos tan sólo en lo aparente o superficial y poder aprender a dis-tinguir entre lo que son meramente síntomas y los problemas o necesidades reales que los causan.

e. Acercarnos a laspersonas y amarlas.

El amor es la mejor herramienta pedagógica en nuestras manos. Los jóvenes, como todos los seres humanos, responden al amor y al interés genuino por ellos. En respuesta a nuestro amor los jóvenes abrirán su corazón. Entonces podremos conocer su personalidad real y sus auténticas necesidades. Incluso podremos ayudarle a delimitar y definir necesi-dades que ellos mismos no son capaces tal vez de hacerlo, podremos ayudarles a que sus necesidades no sentidas puedan hacerse conscientes.

f. Desarrollar la habilidad dehacer buenas preguntas.

Jesús utilizó este método en ocasiones para ayudar a la gente a encontrar sus necesidades reales. Hay dos cosas a tener en cuenta si deseamos utilizar las preguntas. La primera, tener una buena relación con los jóvenes. Esto es básico para poder realizar preguntas directas, profundas o que sean mínimamente delicadas. La segunda, las preguntas han de ser sinceras y nacidas de un interés genuino por ayudar al joven. Hemos de pedirle a Dios que nos ayude a expresar este interés y genuinidad y que la persona pueda notarlo. Las preguntas deben ser enunciadas de tal manera que ayuden al discípulo a pensar acerca de sus necesidades; una buena pregunta sería, por ejemplo, ¿en qué áreas de tu vida piensas que el control de Dios debería ser más evidente? ¿Qué barreras encuentras a la hora de compartir el evangelio con tus amigos? ¿Cuáles son las principales dificultades a la hora de vivir tu fe de manera íntegra y coherente?

En la medida de lo posible hemos de evitar el uso de preguntas que puedan ser contestadas con un simple: sí, no, bien, mal y otras respuestas similares. El uso de preguntas es delicado, debemos aplicarlo con sensibilidad, sin mostrarnos excesivamente inquisitivos y desistiendo si llega a incomodar a las personas. En ocasiones, antes de pasar directamente a preguntas que se relacionan con sus necesidades deberemos realizar otras acerca de sus intereses, estas nos permitirán acceder a las otras. Por último, no hemos de olvidar que el grado de intimidad de las preguntas ha de estar condicionado por nuestra relación con las personas.

g. Escucha cuidadosamentelas respuestas.

Todos hemos experimentado la desagradable sensación de ser preguntados y en el momento de responder notar que la persona no tenía un interés real en nuestra respuesta. Sus gestos y expresión así lo denotaban, o bien ni siquiera había permanecido atento a la conversación, había marchado o comenzado otra conversación con otro interlocutor, posiblemente con tan poco interés como el que manifestó por nosotros. Si preguntamos hemos de estar interesados en las respuestas.

Es importante también aprender a oir "estereofónicamente". Se trata de escuchar lo que los jóvenes dicen, pero también aquello que hay detrás de lo que están diciendo. Vamos a verlo de una forma más práctica. En ocasiones aquellas cosas que no se dicen son tan importantes —a veces pueden serlo más— como aquellas que han sido dichas. Los sentimientos reales a menudo no se hallan en la superficie, otras veces los jóvenes hablan expresándose "entre líneas" verbalizando parte de sus necesidades o problemas entre un discurso apa-rentemente no relacionado con las mismas. Puede darse el caso de que la expresión de las necesidades preocu-paciones sea totalmente indirecta, proyectándose sobre otra persona: "conozco a un amigo que..." o también proyectándose sobre perso-nas abstractas: "hay muchas personas que..." Los juegos lingüísticos, es decir, dar vueltas sobre un mismo tema, etc. son otras tantas maneras de expresar no directamente las nece-sidades. En general, esto se debe al miedo, la vergüenza o a la incapacidad de hacerlo directamente. Por eso, como ya antes hemos mencionado, hemos de desarrollar un discernimiento y aprender a oir.

h. Conocer el medioambiente de los jóvenes.

Todas las personas somos influenciadas de manera consciente o inconsciente por el medio ambiente en el que nos desenvolvemos. Esta influencia y presión la recibimos por medios muy variados y a través de fuentes diferentes. Los compañeros, los amigos, los superiores, lo medios de comunicación, los libros, todo tipo de experiencias que vivimos son algunas de estas fuentes. En ocasiones, estas expresiones son negativas para el joven y pueden condicionar enormemente su caminar con Cristo. La presión del medio ambiente y de la sociedad es una realidad, por eso la Biblia nos exhorta a evitarla. En el Antiguo Testamento hay constantes referencias de Dios al pueblo judío en cuanto a la nefasta influencia de sus vecinos (Lv. 18.3). Pablo, en Romanos 12:2 nos advierte de este mismo peligro. Por esta razón es importante conocer el medio ambiente donde viven los jóvenes con los que hemos de llevar a cabo nuestra labor educativa. Este conocimiento nos ayudará a entender muchas de sus actitudes y comportamientos y a conocer muchas de las necesidades que los jóvenes encontrarán en su seguimiento del Señor y podremos ayudarles a fortalecer mejor su fe y su resistencia al medio ambiente.

Mateo en el capítulo 9 de su evangelio nos narra que Jesús vio a las multitudes y tuvo compasión de ellas porque las vio "desamparadas y dispersas", es decir, las vio necesitadas. Entender que los jóvenes están necesitados y discernir esas necesidades es básico para la tarea educativa.

IV. Conocer la cultura juvenil

 

Los jóvenes con los que trabajamos son hijos de su tiempo y no están en absoluto al margen del mismo. El trabajo o el ministerio con los jóvenes no tiene lugar en el vacío, tiene lugar en un contexto cultural y social. Los jóvenes son, ante todo, personas y como tales, seres sociales que desarrollan su vida en sociedad. Este contexto cultural y social produce un efecto o impacto en diferentes áreas.

En primer lugar, afecta al joven. El joven es hijo de la cultura en la que le ha tocado en suerte vivir. Los valores, ética, prioridades y en definitiva el estilo de vida de nuestra sociedad afectan al joven que en mayor o menor medida participa de ellos y tiene que asumirlos, reciclarlos o rechazarlos. Aunque la cultura nos afecta a todos sin importar nuestra edad o condición social, existen edades mucho más vulnerables a su influencia que otras. La juventud y especialmente la adolescencia es el período de formación de nuestra identidad como personas por tanto como cristianos. Toda etapa de formación implica vulnerabilidad.

En segundo lugar, afecta la manera en que el joven vive la fe y la experiencia cristiana.

Un escritor cristiano afirmaba que cualquier adolescente contempo-ráneo tiene más oportunidades para pecar de camino a la escuela que las que sus abuelos encontraban los fines de semana cuando iban a buscarlas. Las sociedades son dinámicas y cambiantes y en nuestros días estos cambios se están produciendo de una manera tan vertiginosa que desafían nuestra capacidad de entenderlos y asimilarlos. La sociedad contempo-ránea plantea desafíos y retos a la fe cristiana desconocidos hace tan solo unos años. La agresividad con la que la sociedad ataca el estilo de vida defendido por la Biblia es alarmante y nuestros jóvenes han de aprender a vivir su identidad y experiencia cristiana en medio de este contexto hostil. Pongamos un ejemplo ¿Quién de nosotros mayor de 25 años ha vivido su juventud en una época de permisividad sexual semejante a la nuestra?

En tercer lugar, debería afectar a la forma en que llevamos a cabo el trabajo educativo con los jóvenes. Si las sociedades son dinámicas y cambiantes como anteriormente se ha mencionado, nuestro trabajo educati-vo con los jóvenes debería seguir esa misma tendencia y estar orientado a ayudarlos a vivir su identidad cristiana y llevar a cabo su misión como pueblo de Dios en el contexto socio-cultural en el que han de vivir. Hemos, pues, de preguntarnos si nuestra filosofía de trabajo, nuestros objetivos, nuestros métodos, nuestras actividades y nuestros materiales responden a los nuevos plantea-mientos y desafíos de la sociedad y a las necesidades que los mismos crean en los jóvenes.

¿Cómo es este contexto?

Describir una sociedad tan compleja como la presente es una tarea desafiante incluso para los especialistas en esta cuestión. Sin embargo, existen cuatro factores básicos que pueden darnos una comprensión mínima.

• El primer factor es la secularización. La secularización es el proceso mediante el cual las ideas y las instituciones religiosas pierden su significado social. Las convic-ciones religiosas son más difíciles de mantener cuando socialmente no son valoradas o en .muchos casos abiertamente ridiculizadas.

• El segundo factor es la privatización. La privatización es la ruptura entre las esfera de lo público y lo privado en la vida moderna. La fe es relegada de esta manera a los ámbitos de la vida privada y la iglesia sin que afecte la manera en que vivimos y nos desenvolvemos en público. No existe conexión entre la fe y la "vida real"

• El tercer factor es la pluralización. La pluralización po-ne a disposición de la sociedad un creciente número de visiones del mundo y filosofías de la vida presentándolas todas ellas como válidas y aceptables.

• El cuarto factor es el relativismo. El relativismo niega la existencia de valores y absolutos que sean permanentes y no cambien con el transcurso del tiempo. Esto el nivel de compromiso a cualquiera de las opciones en particular.

Cualquiera de los jóvenes de nuestras Iglesias tiene que vivir su experiencia cristiana en un contexto en el que los valores cristianos son abiertamente rechazados y ridiculi-zados, ésto es especialmente cierto en Europa. En el que sufrirá presiones para que mantenga su fe en la esfera estrictamente privada. En caso de que su fe no sea rechazada será considerada como una opción válida para él, pero no más valida que cualquier otra opción. Finalmente, nuestro joven verá sus valores minados por un relativismo y permisividad crecientes.

Juntamente con los factores antes mencionados es muy importante para el educador de jóvenes conocer y comprender todas las manifesta-ciones de esta cultura producidos por o dirigidos hacia los jóvenes. Los grupos musicales, las series de televisión, las revistas juveniles y otros productos culturales pueden ser o no de nuestro agrado o gusto personal, sin embargo, no podemos permitirnos el lujo de no conocerlos y no entender el mensaje que proclaman y los valores que comunican. Tampoco podemos dese-charlos, condenarlos y criticarlos sin esforzarnos por entender el porqué tienen semejante capacidad para comunicar y atraer al mundo juvenil. Muy a menudo todos estos productos culturales tienen la capacidad de expresar lo que los jóvenes sienten, piensan y les preocupa. Lejos de rechazarlos totalmente podemos utilizarlos para ayudar a nuestros propios jóvenes a entender la tremenda necesidad de Cristo que tienen sus compañeros y la desesperación en que viven. El grupo Nirvana, uno de los más conocidos entre los jóvenes del mundo entero, podría servirnos como ejemplo. Respecto al mismo Peter Barret dice:

El tercer álbum de Nirvana se titula, In utero. Originalmente titu-lado Me odio a mí mismo y quiero morir, refleja la lucha de Cobain -Cobain era el vocalista del grupo, se suicidó de un disparo en la boca el 5 de Abril de 1994- contra las multinacionales del negocio de la música, su hábito de drogarse y los problemas de ser famoso. Él siempre se negó a conformarse a las políticas de las casas discográficas. Cuando Nevermind llegó a colocarse entre los 10 más vendidos de los Estados Unidos, de forma decidida resistió las presiones para hacer una gira por el país aprovechando el éxito del disco.

Irónicamente para muchos adolescentes americanos Nirvana fue un faro de esperanza a pesar de la sequedad y desesperanza de sus letras... El punto fuerte de Cobain residía en su capacidad para entender los gemidos inarticulados de su generación y traducirlos en rugidos de angustia. Él fue también brutalmente honesto acerca de sí mismo. En una de sus canciones admite: «quiero alguna ayuda para ayudarme a mí mismo»

Los cristianos necesitamos escuchar este tipo de música aunque sólo sea para oir el grito de una cultura que se ha alienado ella misma de Dios. Como mínimo, Kurt Cobain compartió ese dolor. Por ello debe-ríamos estar agradecidos.

La cultura contemporánea puede darnos muchas pistas para entender las necesidades de los jóvenes con los que hemos de trabajar y no tan sólo de los no cristianos, también de los propios cristianos. Tirarlo todo por la borda porque no compartimos sus gustos, estéticas o porque estamos en desacuerdo con los valores que comunican puede cerrarnos las puertas para una mayor comprensión del mundo juvenil.

Este artículo fue tomado del libro Manual para líderes de jóvenes, Ed. Clie, 1996. Usado con permiso.
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