La voluntad de Dios; Parte I

Sermón basado en Proverbios 1:1-5
La voluntad de Dios;  Parte I

Introducción

Hoy día hay mucha gente que camina según se siente en un momento dado. Viven sus vidas según sus emociones. La inestabilidad de las emociones no permite ser consecuente en la toma de las decisiones. Una persona puede estar feliz un día y triste al siguiente. Se puede sentir a gusto con la compañía o relación con una amistad durante esta semana, y de la forma totalmente opuesta durante la siguiente. Estas personas viven en una montaña rusa emocional que frecuentemente se desvían hacia la calamidad. ¡Y quienes viven con una persona que viaja en una montaña rusa viven con frecuencia en un estado de frustración!

Estas personas dicen: si no funcionan las emociones, a lo mejor, funcionen las circunstancias para conocer la voluntad de Dios. Y así van probando hasta lograr aquello que las satisface.

Por otro lado, la vida cristiana es una vida de fe. (Véase Stg 1.5) La Biblia no da ninguna fórmula mágica para conocer las demandas de Dios. Aunque algunas personas la buscan por sus propios medios, por ejemplo:

Hay gente que se sienta en algún lugar solitario, aparta todo pensamiento de su mente, y le pide a Dios que le dirija. Considera que el primer pensamiento que acuda a su mente le habrá sido enviado por Dios. Esto es elevar las impresiones personales al grado de revelación divina, casi es adivinación.

Otras personas juegan a la «ruleta bíblica» para buscar la dirección de Dios en su toma de decisiones. Hacen que sus dedos recorran al azar las páginas sagradas, buscando algún punto de donde aterrizar en forma de guía mientras sobrevuelan la superficie de la Palabra de Dios. Si mientras están hojeando la Biblia hay algún versículo que les salta a la vista, creen que es eso lo que Dios les está diciendo. Otras personas usan esta práctica dejando que la Biblia se abra al azar en algún pasaje o versículo, aceptando esto como la voluntad de Dios.

Otro método que los cristianos bien intencionados han usado para descubrir la voluntad de Dios es el de las «cajas de promesas». Estas cajitas contienen tarjetas que son una lista de unos mil versículos, muchos de los cuales está tremendamente fuera de contexto. Para muchos cristianos sinceros, a veces estas cajas de promesa han servido como instrumentos de adivinación.

El libro de Proverbios da a conocer en forma clara y práctica cuál es la voluntad de Dios en ciertas áreas. (Véase Pr 1.1-5) También, nos indica la dirección que debemos de tomar.

I. La dirección divina es indispensable.

De acuerdo con Proverbios la vida tiene como prioridad la dirección del Señor para andar en sabiduría y santidad.

A. La dirección divina es necesaria para la persona sencilla o inexperta.

Según Proverbios, el simple es inexperto, incauto, y vulnerable. Así como es una condición que caracteriza a la juventud, también lo es de la humanidad en general. La mente humana es incapaz de conocer la mente y el corazón Dios fuera de la iniciativa y la revelación sobrenatural (cf. 1 Co 2.6-16).

Antes de la caída, tanto Adán como Eva, eran inexpertos, sencillos. Satanás los tentó para ofrecerles una experiencia que no estaba permitida por Dios. A causa de su ingenuidad, el desconocimiento de la naturaleza de quien los engañaba ni comprender a plenitud las consecuencias de la desobediencia.

En Proverbios doña Locura ofrece la misma clase de experiencia al ingenuo. (Véase 9.16-17) Esta experiencia es la que debemos evitar. La Palabra de Dios le va a mostrar a las personas aquellos peligros ocultos que no han experimentado todavía, y que espera que nunca haga. La guía divina le indica a las personas aquella que desconocen (a causa de su ignorancia e inexperiencia), y les muestra porqué debe ser una persona santa y sabia.

B. La dirección divina es indispensable a causa del pecado.

Proverbios enseña que a las personas les vienen instintivamente todo aquello que absurdo y contrario a la voluntad de Dios. Animan al joven a no confiar en su propia sabiduría sino en el Señor. (Véase (3.5-7) Debe buscar a Dios para dejar su propia necedad y temor. (Véase 1.22; 2.2; 8.5,10,13; 9.6). La raíz de los problemas de las personas se encuentran en el corazón. (Véase 4.23) El corazón se inclina a la maldad, el pecado y la insensatez. (Véase 6.14, 18) Por su condición las personas son incapaces se conocer lo que Dios desea, si éste no se revela. (Véase Ro 3.10-11)

C. La dirección divina es necesaria para aplacar el pecado que ofrecen otras personas.

Satanás es un enemigo muy agresivo quien engaña a las personas y tuerce la Palabra de Dios. (Véase 1 Pd 5.8) Esto ocurre desde el Edén. (Véase Gn 3 y 1 Ti 2.14; 4.1-5). Satanás usa a otras personas para cumplir sus propósitos. (Véase 2 Co 11.13-15) A causa de la maldad no se puede conocer naturalmente la voluntad de Dios. Por este motivo hay muchas personas que procuran persuadirnos a seguir la maldad. La dirección divina nos otorga los medios para poder discernir entre lo bueno y lo malo, y al insensato a que sea sabio.

II. La naturaleza de la dirección divina

La mayoría de las personas cristianas están necesitadas de orientación divina. Proverbios ayuda a entender las directrices divinas, y a cómo cumplirlas.

A. La dirección divina se discierne sobre todo por medio de la sabiduría.

1. Proverbios asegura a las personas cristianas que la sabiduría es un medio indispensable para conocer la voluntad de Dios. Por esa razón, la sabiduría y la guía son inseparables en el discernimiento de aquello que Dios desea. (Véase Pr 1.1-5)

2. En el Pr 1.2, discernir y entender indican la capacidad que tendrá para mostrar la diferencia entres dos alternativas: lo bueno y lo malo; y entre lo bueno y lo mejor.

3. En el versículo 4, el término cordura (RV - 95) o reflexión (NBE) se relaciona con la toma de decisiones; y se emparenta especialmente con el consejo sabio del versículo 5. Tiene que ver con dar dirección o tener un plan hacia donde dirigirse.

La persona que adquiere consejos sabios es aquella que puede discernir la Palabra de Dios para encarrilar su vida. Dios nos concede la sabiduría necesaria para que entendamos su conocimiento y así, conducirnos conforme a sus demandas.

B. La sabiduría y la dirección divina tienen sus raíces en las Escrituras.

Muchas personas cristianas están a la expectativa que Dios les revele su voluntad de una manera extraña y espectacular. Dejan de lado aquello que Dios ya ha manifestado, en la mayoría de los casos su voluntad por su medio de su Palabra, nuestra responsabilidad es aceptarla. (Véase 1 Re 2.1-3)

1. En Proverbios las referencias a la Escritura son escasas. La revelación es vista como infalible, autoritativa, que sirve como instructivo para dirigir los pensamientos y acciones de las personas. Pueden encontrarse referencia a la Ley (Pr 28.4, 7, 9). También referencias a la Palabra (Pr 13.13; 16.20) o la Palabra de Dios (Pr 30.5-6).

2. La Palabra está constituida por preceptos (mandamientos), principios y consejos. Los preceptos son específicos y claros. Se nos ordena que no cometamos adulterio. (Véase Ex y Pr 5.1-23, 6.29) Se nos indica que la mentira es pecado (Ex 20-16; Pr 6.19; 19.5-9) Proverbios es concreto y claro:

Al que disimula el pecado, no le irá bien; pero el que lo confiesa y lo deja, será perdonado. (Pr 28.13, DHH)

El Señor reprueba las balanzas falsas y aprueba las pesas exactas. (Pr 11.1, DHH)

a. Los mandamientos pueden menospreciarse: El que menosprecia el precepto se perderá; el que teme el mandamiento será recompensado. (Pr 13.13)

b. Los mandamientos pueden ser dados por los padres:

Haz tuyas mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis mandamientos. (Pr 2.1, DHH)

Obedece mis palabras, hijo mío; guarda en tu mente mis mandamientos. Obedece mis mandamientos y enseñanzas; cuídalos como a las niñas de tus ojos, y vivirás. (Prov. 7.1-2, DHH)

3. La Palabra tiene que ser enseñada a cada nueva generación. (Véase Ex 12.26-27; 13.14-15; Dt 6.6-9, 20-25) Esta instrucción se transmite por medio de los padres (Pr 1.8; 3.1; 4.2; 6.20-23); por personas sabias (Pr 5.13; 13.14). La instrucción reiteraba y explicaba la Ley Mosaica para así conocer la voluntad de Dios.

4. Los principios por ser más generales, proporcionan pautas más amplias para conocer y cumplir la voluntad de Dios.

Todo esfuerzo vale la pena, pero quien habla y no actúa acaba en la pobreza. (Pr 14.23, BLS)

La respuesta amable calma el enojo; la respuesta grosera lo enciende más. Pr 15.1, BLS)

Quien piensa bien las cosas se fija en lo que dice; quien se fija en lo que dice convence mejor. (Pr 16.23, BLS)

El primero en defenderse alega ser inocente, pero llegan los testigos y afirman lo contrario. (Pr 18.17, BLS)

Si piensas construir tu casa, atiende primero a tus negocios, y no desatiendas a tu familia. (Pr 24.27)

5. Los consejos, en nuestro caso, son menos directos que los preceptos y principios, expresan un modelo de conducta.

Proverbios indica que Dios odia la maldad (6.16-19; 15.8-9), los planes malvados (12.2; 15.26), la falta de honradez (11.1; 20.10, 23), la perversidad del corazón (11.20), la falsedad (12.22), la arrogancia (16.5), y el apartarse de oír su Palabra (28.9). A Dios le gusta la rectitud (15.8-9), la bondad (12.2), la honradez (11.1), la integridad (11.20), la verdad (12.22), y la sabiduría (8.35). Debemos evitar lo que a Dios no le gusta y practicar lo que le agrada.

C. La dirección divina se obtiene por medio de consejos sabios.

La guía divina no sólo se da por medio de la Palabra, también se obtiene por medio de consejos sabios.

Dios bendice a quienes rechazan el consejo de los malos ni siguen su mal ejemplo ni se burlan de Dios. (Sal 1.1, BLS)

Yo tengo en mi poder el consejo y el buen juicio, el valor y el entendimiento. (Pr 8.14, BLS)

El tonto está seguro de que hace lo correcto; el sabio hace caso del consejo. (Pr 12.15, BLS)

La gente orgullosa provoca peleas; la gente humilde escucha consejos. (Pr 13.10, BLS)

La Escritura expresa que hay dos clases de consejos: los de las personas sabias y los de las personas malvadas. (Véase Stg 3.13-18) Proverbios dice que no hay ningún consejo que sea verdadero que vaya contra los mandatos o el carácter del Señor. Tampoco no hay sabiduría ni habilidad ni prudencia frente al Señor. (Véase Pr 21.30) Cada generación tiene personas sabias, rectas, experimentadas y prudentes que tienen que ser oídas.

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