Hacer radio no es soplar y hacer botellas

Los que trabajamos en radio tenemos la necesidad de escucharla. Es como uno aprende a "hacer radio". Muchos me dicen: "Estoy tan metido en los programas que ya no quiero escuchar radio". Sinceramente, me dan pena. No aprovechan la escuela gratis que tienen a su alcance. Hay que escuchar radio para aprender cómo hacerlo, o cómo no hacerlo.
Hacer radio no es soplar y hacer botellas

ESTAMOS EQUIVOCADOS

En muchos países, en pueblos y ciudades, unos cuantos se han largado a experimentar. Se les brindó la oportunidad y la aprovecharon. ¿Realmente la aprovecharon? Hace pocos días, un experimentado radio comunicador me dijo: "Los peores programas que tenemos son, generalmente, los evangélicos. Carecen de toda técnica periodística. No hay error que no cometan y parece que han descubierto algunos nuevos". Luego me preguntó: "¿Es que no se dan cuenta que, para cualquier cosa que se quiera hacer en la vida hay que prepararse?".

Ese corto diálogo me dejó pensando: "Que gran verdad. Estamos equivocados; no cualquiera ni de cualquier modo se debe predicar el Evangelio por radio. El mejor predicador de pulpito puede no ser un buen predicador radiofónico; puede ser al revés. Es que estar frente al micrófono predicando es todo un arte, toda una ciencia, un ministerio "distinto" para el cual se necesitan los dones correspondientes y buena preparación. El Evangelio es la mejor noticia del mundo y hay que darla adecuadamente, con conocimiento del mensaje y del medio.

UN MEDIO COSTOSO PERO EFECTIVO

Es cierto: "hacer radio" resulta costoso. Hay muchos que hablan, piensan y planean tener una emisora propia, "cristiana". Pero, luego hay que llenar el día con algo que transmitir. Después, estos comunicadores se topan con la necesidad del mantenimiento, entonces se descubre el costo real de la radio. Sí, la radio es costosa, muy cara, pero es razonable que sea así, pues es el medio más efectivo que tenemos.

Hace tiempo, la televisión pareció decretar el fin de la radio, pero no fue ni será así. La radio es más efectiva: El chofer del taxi, el camionero, el pintor, el panadero, el relojero, etc. son quienes pueden escuchar radio mientras trabajan. Además, la radio llega más lejos. Con ella alcanzamos los países detrás de la Cortina de Hierro y de la Cortina de Bambú, sin mayores problemas. Además, la radio es menos dañina, menos excitante, más educadora y más limpia. Hoy día muchos educadores y padres ya saben: por la radio se aprenden las cosas que son menos destructivas, que atontan menos contra la integridad moral y espiritual del hombre. Por otro lado, al hablar por una emisora de largo alcance como Radio Trans Mundial, La Voz de los Andes, etc., un predicador alcanza a más personas con un programa que a las que llega desde el pulpito en toda su vida. La radio es costosa pero efectiva.

DEBEMOS SABER

En un cursillo para predicadores radiales en que me tocó enseñar, uno de los alumnos trajo a la clase una parte grabada de un programa evangélico local. ¡Qué desastre! El hombre gritaba, se lo escuchaba esforzarse por respirar, lloraba, agredía, golpeaba la mesa, se sonaba la nariz, etc. Allí estaba el mejor ejemplo de cómo no había que hacerlo. Es curioso, todos sabemos que para manejar un auto se debe estar preparado, lo mismo para armar un circuito electrónico, realizar una operación quirúrgica o conducir una negociación diplomática. Sin embargo, parece que para la radio todo sirve. No es así; nos estamos equivocando, estamos desacreditando nuestro mensaje. El Evangelio es la mejor noticia que alguna vez se haya dado por radio y hay que entregarla de la mejor manera.

¿QUE ES LO QUE QUIERO?

Cuando tomé mi capacitación radiofónica en Alemania me enseñaron que, al menos por algunos años, mis mensajes por radio debían ser escritos, antes de llevarlo al micrófono.

¡Me parecía una barbaridad! ¿Escribir todos los mensajes? Pero, gracias a Dios, mis maestros no aflojaron por lo que no encontré otra forma que sentarme a escribir. Escribí el primero y, al releerlo, ya estaba cambiando unas cuantas cosas. Esa revisión lo mejoró en un 40%. Luego lo escribí otra vez y lo pasé a la "censura".

-¿A quien se dirige con este mensaje?-, me preguntaron.

-Bueno,... a todos- respondí.

De más está decir que no salí aprobado. Aprendí que debo tener una persona en mente, con la cual voy a dialogar sobre su problema personal. Después, el Espíritu Santo se encarga de aplicarlo a tantos como él quiera.

- ¿Qué título puso? ¿Qué tema es?"

-"El poder de la Gracia de Dios"-, contesté.

Me hicieron ver que yo hablaba más del amor que de la gracia. Esto debía ser corregido. De lo que se dice debe brotar el tema. Debe haber una estrecha relación.

-Usted usó la palabra gracia. ¿Qué es eso?..."-

-Este... gracia... bueno... - y seguí tartamudeando. Me parecía imposible que después de tantos años en el pastorado, allí estaba yo sorprendido en no saber decir, en palabras sencillas, populares, lo que era la gracia de Dios. Aprendí que debo pensar en el que me oye y hacer todo para que me entienda.

-¿Qué meta tiene?-

-Es obvio: predicar el Evangelio. -dije.

-Sí, pero ¿qué meta tiene?

-Finalmente comprendí. No se puede dar un mensaje por radio buscando la conversión del incrédulo, la santificación del creyente, el consuelo del triste, el fortalecimiento del débil, etc. Aprendí que debo tener una necesidad concreta en la mente y apuntar hacia este blanco. Hay que tener una meta clara.

Volví con mi manuscrito a mi casa y comencé a escribirlo nuevamente, por tercera vez. A la mitad, tomé el teléfono, hablé con mi maestro y le dije que era mucho trabajo. Del otro lado de la línea, él sacó la cuenta de lo que valía el espacio de media hora que supuestamente yo iba a ocupar y me dijo:

-Si y o le pagara este importe por escribir tres veces este mensaje, ¿no lo haría usted?"

-¡Sí que lo haría!

-Pues hágalo. El dinero ya está pagado. Hubo gente que consiguió el dinero para pagar el espacio. No tenemos el derecho de malusarlo. Daré cuentas a Dios por ello. Aquí el aire cuesta plata-.

Colgó el tubo y una fiase que quedó resonando en mi mente: "Daré cuentas a Dios por ello". Así es, debo saber claramente a quién me dirijo y qué quiero lograr. Hasta hoy sigo escribiendo mis mensajes radiales y no quisiera hacerlo de otro modo. Esto me ayuda a cumplir mejor mi propósito.

COMO CAPTAR LA ATENCIÓN

Se estima que en los primeros tres minutos se logra captar la atención del oyente o se pierde totalmente su sintonía. El oyente radiofónico no está en una posición cautiva. El puede fácilmente apagar el receptor o cambiar de emisora. Esto nos compromete a usar bien el corto tiempo que tenemos. ¿Cómo lograrlo?

Formule una pregunta de interés, prometiendo la respuesta en el desarrollo del programa. Pero ¡sea leal! Cumpla con lo prometido.

Una breve pero bien presentada dramatización planteando el tema a tratar puede ser interesante. (Ejemplo: una pelea conyugal, una fuerte carcajada, un suspicaz comentario entre amigos). Luego ponga un instante de buena música.

Use su mente; relacione la introducción con el tema. Deje que el Espíritu Santo lo guíe en encontrar la mejor manera de captar la atención inmediatamente.

SEA CONVERSACIONAL

Al dialogar con el oyente uno tiene verdadera comunicación con él. Todos sabemos que, tanto el hombre de campo como el de ciudad, se sienten solos. La soledad es común hoy en día. El predicador por radio tiene una gran posibilidad de romper esta soledad, dialogando con el oyente. Por eso háblele a una sola persona. Muchos predicadores por radio parecen aquel cazador que no apuntó a ninguna de las muchas palomas que estaban en el árbol, creyendo así poder bajar a unas cuantas. No quedó ninguna, ¡todas salieron volando! Por eso, borre de su mente vocablos como "radioescucha", "radioyente", "iglesia radial", etc. Conviene establecer una relación de amistad. El término amigo es aconsejable, pero debe de ser usado con naturalidad. Para un creyente esto no debiera ser difícil. Trate de usar un estilo de conversación personal. Piense en alguien que está sentado frente a usted escuchando sus consejos. ¡Y es que realmente él está allí! Si usa libreto escrito, aprenda a leer como si estuviera hablando libremente.

JUÉGUESE POR LA SIMPLICIDAD

La radio no es el medio adecuado para demostrar el conocimiento lingüístico, usando palabras exóticas y raras. El que nos escucha posiblemente necesite que le hablemos en forma simple, para que nos pueda entender. Además, quienes escuchan radio, suelen estar haciendo otras cosas y deben compartir la atención a la radio con lo que están haciendo. Si para entendemos tienen que esforzarse, entonces no es un programa llevadero. El siguiente ejemplo es una buena muestra:

"Aquel que por su libre albedrío escoge reunirse con un grupo de mamíferos carniceros cánidos, después de un lapso de tiempo, aprende a emitir un sonido prolongado y lastimero...". En su lugar convenía decir: "Quien con lobos anda, a aullar aprende". Hable el lenguaje popular, el de la calle, guardando seriedad y limpieza. Hágalo gramaticalmente correcto pero no enciclopédicamente nutrido. Las condiciones en que se escucha la radio, conduciendo un automóvil o haciendo otra actividad nos obliga a presentar el tema de tal manera, que sea accesible. Por eso, facilite la captación auditiva y la comprensión intelectual.

Hable claro, pronuncie bien, destaque las palabras. No se apresure demasiado y mantenga el volumen de voz suficiente. Además, quite la rigidez del estilo. Vaya de lo conocido a lo desconocido. No "salte" de una idea o de un tema a otro; haga "puentes" de transición para que el oyente no se quede "en el aire". El debe ser conducido de párrafo a párrafo y nunca "empujado". Use ilustraciones cortas. Nunca la ilustración debe ocupar más tiempo que el "mensaje" propiamente dicho, pero úselas. Dé lugar a la música. No siempre es aconsejable usar música de fondo. Esta, si bien es buena en ciertas circunstancias, mayormente molesta. El que oye ya tiene suficientes ruidos extremos y se esfuerza para entender lo dicho. Algunos no se pueden acercar bien al receptor, otros están con ruido de máquinas, tránsito, etc. Otros ya no escuchan tan bien como antes. Trate de ser oído con un mínimo de esfuerzo por el oyente. Sin embargo, use la música para hacer una pausa, para un momento de meditar un pensamiento, quizás segundos apenas, para luego continuar o para pasar de un tema a otro. No lo olvide: hágalo liviano, sea ágil.

ESCRIBA PARA SER OÍDO, NO PARA SER LEÍDO

No es lo mismo escribir algo para que otros escuchen que aquello que se escribe para ser leído. Quien lee puede parar, pensar, meditar, consultar el diccionario y hasta releer el párrafo. El que escucha la radio no puede hacer nada de esto, porque el locutor sigue hablando. Por eso, haga oraciones cortas. Las muchas ideas encajadas en una oración confunden. No cite muchos datos estadísticos, porque no es posible retener los números. A lo sumo redondee, no diga 12.651, diga, casi 13.000 o más de 12.500.

Enumerando varios puntos, no diga: "Como vimos en el punto anterior"; el oyente ya no lo recuerda y usted perderá la comunicación con él. Cuando él quiera recordarlo, ya habrá perdido el hilo de la charla. Recuerde esto al releer su libreto.

ORGANICE EL CAMBIO DE IDEAS O TEMAS

Ya lo mencionamos antes, pero conviene subrayarlo. El cambio más o menos rápido de un tema, asunto o idea en la radio debe ser cuidadosamente preparado. Bajo ningún concepto esto debe ser un "salto". Tiene que haber un "puente" ya que el mensaje es uno.

El paso de un párrafo a otro debe ser lógico y gradual, es decir: debe haber relación correcta y darse paulatinamente.

EVITE EL LENGUAJE DE "CANAAN..."

En Hamburgo, Alemania, algunos periodistas hicieron una encuesta entre 40 religiosos. La pregunta era sobre el significado de la expresión "La corona de la vida".

Resultado: de los 40 ni uno solo lo pudo explicar correctamente en un lenguaje popular, entendible para la calle. En casos como este no basta buscar simplemente un sinónimo. Antes será necesario explicar el concepto con una o dos frases. En el mencionado caso podríamos decir. lo siguiente: "El Señor Jesucristo ha prometido un gran premio a todos aquellos que le sean fieles hasta la muerte. Para ello emplea El una ilustración tomada de la terminología antigua del deporte: la corona triunfal. Hoy diríamos la "medalla de oro".

Esto satisface la necesidad de explicar lo que realmente el vocablo bíblico quiere decir. Así tenemos que explicar cada vez las palabras bíblicas que tan fácilmente brotan de nuestros labios sin que el oyente no cristiano lo pueda entender. Ejemplos: La sangre de Cristo, el Cordero de Dios, nuevo nacimiento, gracia, perdón, conversión, etc. etc.

Estamos acostumbrados a usar un gran número de palabras y expresiones que tienen su significado bíblico o teológico, no entendible al oyente inconverso. Por eso, al releer el escrito, subraye las palabras que puedan no entenderse o que tienen otro significado (por ejemplo: cristiano; muchos creen que significa ser humano), y dedique unos minutos para explicarlo fielmente.

NO GENERALICE TAN FRECUENTEMENTE

El generalizar es una enfermedad que tenemos al hablar en público y por radio. Ejemplos: "La gente de hoy busca solamente los placeres y deleites camales", "Los aborígenes no quieren trabajar", "Los cristianos leemos diariamente la Biblia, etc".

Las expresiones colectivas con una determinada afirmación siempre son peligrosas. Mayormente son una media verdad. Además, algunos lo aprueban y otros lo rechazan.

En vez de ello conviene decir: "Entre la gente de hoy hay muchos que buscan solamente...", "Muchos aborígenes no quieren trabajar...", "La mayoría de los cristianos leemos diariamente la Biblia. etc".

REPITA Y HAGA SUMARIO

A través del oído recibimos el 7% de información y de ello retenemos un 20%. Tan poca es nuestra capacidad auditiva. La mayor información uno la recibe por lo que ve. Lo visto se retiene en mucho mayor porcentaje. Los cálculos varían de un autor a otros, pero absolutamente todos coinciden en esta realidad. De allí el dicho: "Lo que oigo olvido"... Por eso es necesario repetir y resumir para terminar. Eso ayuda al oyente a recordar la totalidad del mensaje y retenerlo en su mente y corazón.

PARA TERMINAR...

Hay quienes, a los pocos minutos, comienzan a terminar y 20 minutos después todavía están "terminando"... Algún oyente cansado suspiró con alivio al oírlo terminar en la primera vez. Luego, desesperado y engañado, desconectó la radio o buscó otro programa. Recordemos siempre la soberanía de la audiencia, que cambia el programa o nos enmudece apagando el receptor. Una cosa es importante saber: el final es tan importante como el comienzo.

Muchas veces, cuando el resumen no se da, EL FINAL es lo que queda en la mente del oyente. Es ahora, al terminar, que el predicador debe confrontar al oyente con la realidad de lo que le transmitió. Es ahora que le debe sugerir y pedir su decisión. Hay un dicho en alemán que expresa más o menos esto: "Si el final fue bueno, todo fue bueno".

CUMPLA RIGUROSAMENTE EL TIEMPO PREVISTO

En radio hay que ser puntual. El que no quiere ser buen mayordomo de su tiempo no debe pretender hacer radio. Su programa está insertado en toda una programación minuciosamente preparada y cronometrada por la emisora. Si no cumplimos el tiempo que nos fue asignado, ya sea que nos sobre o que nos falte, estamos demostrando una grave falta de profesionalidad. Es imprescindible mantener relaciones armónicas, respetuosas y de amistad sincera con las autoridades de la emisora. Todo abuso de tiempo resultará en perjuicio de las mismas. El cumplimiento del tiempo no se da con la improvisación. El tiempo se mide.

Apuntes Pastorales
Volumen VI – Número 1

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4 Comentarios
ruben
Excelente el articulo, me es de muchisima ayuda y de ser posible podrían enseñar a escribir guiones para programas de radio y como hacer que una radio cristiana funcione como tal, etc. Muchas gracias Ruben de Argentina e-mail: lube_pehua@hotmail.com
Escrito el 23 Abril, 2010
ASSENET DE LOS SANTOS OLVEDA
Gracias a su artículo me apegaré a el como la cinta al papel. !Gracias! Dra. Assenet de los Santos. e. mail dentalsantodomingo@hotmail.com
Escrito el 01 Diciembre, 2011
ayrton abreu
A la verdad me parece una excelente y realista enseñanza, todos debemos trabajar con la mayor excelencia posible dándole espacio al mejoramiento continuo de nuestros conocimientos. Gracias por tan buen tema.
Escrito el 18 Enero, 2012
angel de jesus rodriguez
quisiera que me enseñaras mas,pues necesito mejorar mi calidad de predicacion en la radio,mi correo es...shekinahcomunidadevangelica@hotmail.com.mil gracias
Escrito el 27 Enero, 2013
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