Valor en el liderazgo

La valentía es la decisión de enfrentar el temor y seguir, pase lo que pase. El tema del valor nos obliga a considerar los temores que se manifiestan en la crisis y el peligro. La audaz decisión de avanzar sólo puede ser conocida en un ambiente de peligro; si nada acecha, ¿qué valor puede manifestarse? Por esta razón es engañoso tratar este tema desde una base meramente académica.
Valor en el liderazgo

El valor y el temor son temas ecuménicos; se identifican con todos los cristianos. No existe tal cosa como valor católico, protestante u ortodoxo. Y uno no puede esconderse de verdaderos riesgos, escudándose en su propia posición teológica. El valor y el temor, la fuerza y la debilidad, nos tocan a todos. Trascienden nuestra ideología.

¿QUE ES LIDERAZGO?

Ha sido redefinido en nuestra sociedad actual. El "igualitarismo" ha tratado de negar el liderazgo, haciendo de cada uno su propio líder. Asimismo, la realidad del liderazgo permanece. El líder sigue siendo aquél al cual otros siguen. Algunos señalan que los líderes nunca saben al fin si son seguidos o perseguidos, pero los verdaderos líderes no pierden su tiempo tratando de decidir cuál es la verdad, sino que miran hacia adelante. El liderazgo es el valor en acción. Decir "valor en el liderazgo** es decir doblemente valor, en verdad, es redundante. El liderazgo no es la posición o el cargo sino la búsqueda de propósitos, de metas. Es una batalla para ganar los corazones y las mentes para una causa.

MAS ALLÁ DEL ANÁLISIS

Hace un tiempo me sentí dirigido a predicar sobre la conquista que Josué hizo de la ciudad de Jericó. Al leer el texto, con todo su énfasis en el valor, decidí buscar el significado de esta palabra en mi Diccionario Webster 1828 (Wesbster, un cristiano renacido, escribió ese diccionario secular porque, según su propio testimonio, fue dirigido por el Espíritu Santo para hacerlo). Allí él señala que valor (coraje) viene de la palabra coeur, palabra francesa para corazón. Tener valor es tener corazón: "El valor es la cualidad que nos capacita para enfrentar las dificultades y el peligro con firmeza, sin temor o depresión", escribió Webster, y como lo hacía a menudo, colocó a continuación una referencia bíblica. Citó Deuteronomio 31.7. Entonces mi a Deuteronomio y encontré la comisión de Moisés a Josué: Ten valor y firmeza." El autor del diccionario decía: "Si quiere un ejemplo de valor, vea a Josué"

De hecho, los líderes del pueblo de Dios a través de la Biblia fueron personas de valor. El valor es una palabra vigorosa, no pasiva. Denota una mente dispuesta a la batalla, preparada para la acción. Los verdaderos líderes van más allá del análisis, porque es una actividad que implica movimiento. Uno no puede liderar sin energía y riesgo.

Los líderes son ejemplos de verdaderos logros y no simplemente meros defensores de logros. Corren riesgos y trazan caminos. Así eran los grandes personajes del Antiguo y Nuevo Testamento.

Noé, por ejemplo, construyó el arca. No fue un mero defensor de la "doctrina del arca" ni un edificador de una "congregación del arca" que entonaba "cánticos del arca". Tal planteamiento hubiera llevado a Noé y a su familia a tener el mismo fin que los injustos. Las personas no se salvan por tener ideas, si esas ideas no son traducidas exitosamente en la acción. El arriesgar todo por una idea requiere valor y poder.

Nuestra sociedad disfruta el verbalizar, analizar, criticar. En nuestras sociedades la gente habla mucho de lo que debería hacer el gobierno. Uno puede recorrer los bares cantinas, lugares de reunión, charlas entre compañeros de trabajo, etc. y escuchar "a los sabios" hablando de los problemas nacionales, de qué es lo que hace mal y qué no debería hacer la autoridad, etc., etc. Mientras, el gobernante no sabe cómo hacer para que la gente trabaje y produzca. En la iglesia todos opinan sobre el desempeño de tos pocos que trabajan, y estos pocos no dan abasto a las necesidades.

Los líderes bíblicos fueron más allá del análisis. Eran prácticos. Fueron llamados a una misión específica y fueron medidos según su actuación. La mayoría de estas personas no entenderían muy bien los comentarios escolásticos que fueron escritos sobre sus vidas en años posteriores, pero ellos hicieron su trabajo. A diferencia, muchas veces confundimos el conocimiento de un asunto con la acción dirigida a un propósito determinado.

MAS ALLÁ DE LA SIMULACIÓN

Los pilotos de aviones comerciales son entrenados con simuladores. Un simulador es una reproducción de una cabina de comando, con una pantalla delantera que simula una experiencia de vuelo real. En este aparato se puede despegar, ladear, descender en picada, aterrizar o, inclusive, estrellarse. Se puede volar a través del país y seleccionar varios aeropuertos para practicar aterrizajes. La pantalla ofrece una vista real el simulador da los controles y la sensación de movimiento. Uno puede aterrizar en Quito, Ciudad de Panamá, Bogotá o en Los Ángeles. La única diferencia que hay entre un simulador y un avión verdadero es que cuando uno sale, está exactamente en el mismo lugar de cuando entro. Se ha simulado un vuelo pero, en realidad, no ha estado en ninguna otra parte; siempre se quedó allí.

Muchas iglesias podrían llamarse "Primera Iglesia Simuladora del Valle" o "Iglesia Simuladora de la Comunidad". El ministro simula la acción en la pantalla de las imaginaciones de la congregación, y ellos vicaraimente vuelan con Moisés y Josué, con gran turbulencia, a los campos aéreos de Canaán. Salen de la Iglesia Simuladora maravillados y satisfechos; sin embargo, están en el mismo lugar que estaban cuando entraron.

La iglesia no es una sala de juegos. Y los líderes deben hacer algo más que activar la mente. Deben activar la persona total.

LA COBARDÍA

"Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto" (Éxodo 13.17).

El problema de Israel era el temor a la guerra. Querían salir de Egipto y entrar en la tierra prometida, pero no querían tener conflictos. El viaje podría haber sido breve; Canaán no estaba muy distante. Pero Dios sabía que no podían enfrentar los conflictos. El poder de Dios se vio limitado por la falta de voluntad para pelear, les faltó valor. En consecuencia, toda una generación pereció vagando sin rumbo por el desierto.

En Egipto tos israelitas habían vivido de cerca el problema de la esclavitud, no así el de la guerra. Pero cuanto más se acercaban a Canaán, más cerca estaban del problema de la guerra. Les faltaba valor. Espiritualmente, aún eran esclavos; simples esclavos dislocados. Las personas timoratas no llegaran a ser personas libres.

El conflicto es inevitable. La justicia y la verdad son causas por las cuales se debe luchar. Debemos luchar para obtener la verdad, y una vez ganada, debemos resguardarla diligentemente. Millones de personas nacen, viven y mueren sin conocer la verdad, ni la libertad que ella trae consigo.

EN POS DE LA VERDAD

La verdad es una causa por la que Dios mismo lucha. El no es pasivo frente a la maldad, ni se atemoriza. "Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león" (Pr. 28.1).

De hecho, las batallas bíblicas, así como las contemporáneas, son sólo parte de una guerra preexistente entre Dios y Satanás a la cual entramos al nacer. No fuimos nosotros los que comenzamos la guerra, por lo que no podemos detenerla. No obstante, personalmente podemos perderla o ganarla. Ser pasivos es perderla, porque el mal no es pasivo, es maligno. Ser pasivos ante un mal es escoger la muerte.

El temor es pecado. Es el aliado del mal y el enemigo de Dios. Dios mismo es valiente. La cobardía es tan pecaminosa como la mentira, el robo y el adulterio. Apocalipsis 21.8 declara que los cobardes encabezan la lista de aquellos que serán echados en el lago de fuego.

"¡Qué injusto!", llegué a razonar en una ocasión cuando leía ese versículo. "Señor, puedo entender tu juicio sobre los asesinos e inmorales; pero, ¿por qué los temerosos? Ellos no hicieron esas cosas. El Señor me respondió: "Ellos hubiesen hecho lo mismo. Simplemente no las hicieron porque tenían miedo".

Mucho de lo que suele tildarse de bondad es producto de un corazón malo gobernado por el temor. Y el mismo temor que no nos deja hacer el mal, puede impedimos también a la osadía de realizar hazañas en pro del bien.

EL VALOR COMO CONDICIÓN

Daniel 11.32 declara que aquellos que conocen a Dios se esforzaran y actuaran. Hebreos 11 aclara que los héroes de la rectitud son personas que tuvieron fe como para actuar con valor. Aparentemente, los criterios de Dios para el liderazgo difieren muchas veces de los nuestros. Miremos por ejemplo a algunas de las personas que El eligió: Abraham, Moisés, Sansón, Jefté, David y los Doce. Estas y otras personas no fueron escogidas por su perfección moral sino porque habrían de enfrentar los problemas y realizar el trabajo, pese al alto riesgo de un fracaso moral o de carácter en determinadas situaciones. Esto no quiere decir que Dios, cuando elige líderes, haga la vista gorda a sus pecados. No lo hizo entonces y no lo hace ahora. Quiere decir, sin embargo, que Dios parece favorecer a aquellos que están dispuestos a arriesgarse, a pesar del fracaso, antes que a los que se rehúsan a correr el riesgo y deciden permanecer en el nivel de simples espectadores.

Entre las personas seleccionadas por El se incluye a asesinos, prostitutas, mentirosos, adúlteros y ladrones. Claro está, todos (convertidos, pero con recaídas en varias ocasiones. La lista de personajes bíblicos nos indica que Dios favorece la acción valerosa, mira con desdén a aquellos cuyo objetivo principal es el de preservar sus propias vidas.

Richard Nixon, en su libro Líderes, se refiere a Winston Churchill como el "hombre más grande de nuestros tiempos". La supervivencia misma de Churchill es asombrosa. Odiado por su padre e ignorado por su madre, fue enviado a un internado donde era castigado sin misericordia con una caña por el director, además de ser intimidado constantemente por sus compañeros, lo que muchas veces lo llevó a refugiarse en un bosque. No era machista. Por el contrario, era un débil. Como adulto fumaba y bebía mucho. Fue culpado injustamente por la derrota británica en Galipoli durante la Primera Guerra Mundial y menospreciado por los líderes británicos. En los años 30, cuando la el único estadista del Occidente que parecía percibir correctamente los acontecimientos en Europa, fue ignorado. Sin embargo, Churchill tenía dos armas: una voluntad inquebrantable y un sentido de destino. Estaba poseído por un deseo de ver a Gran Bretaña y a Occidente saliendo de la pasividad.

Cuando Inglaterra y Europa Occidental finalmente despertaron, ya casi era muy tarde. Se le pidió a Churchill que tomase las riendas de una nación totalmente desprevenida y que ya estaba en guerra. En su primer mensaje a Inglaterra dijo: "No tengo otra cosa que ofrecerles más que sangre, fatiga, sudor y lágrimas". Solicitó cooperación y extendió su misericordia a aquellos que habían llevado a la nación por mal camino, diciendo: "Si el presente comienza una guerra con el pasado, el futuro será perdido." Unificó a Inglaterra y la condujo valientemente, a su nación y a Occidente, dándoles la victoria sobre uno de los peores males de la historia.

Al igual que Churchill, Josué fue llamado para liderar en tiempos de crisis: "Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente. esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente" (Jos. 1.6,7.9,18).

Cuando Dios dice: Tengo un trabajo para ti,... sé valiente", nos está dando una pauta. Si dijese: "Sé muy valiente", nos estaría dando otra pauta. Y si dijese: "Sé valiente y no temas", bueno, tal vez deberíamos reconsiderar todo el asunto! Esas fueron las instrucciones que le fueron dadas a Josué.

HOMBRES VALEROSOS CON UN DIOS VICTORIOSO

Josué y el pueblo de Israel mostraron valor, pero fue Dios quien conquistó Jericó. Ocurre igual con nosotros: actuamos con valor y Dios nos da la victoria. Cada uno de los seis primeros capítulos cataloga los pasos necesarios para alcanzar la victoria final.

  • Capítulo uno: El valor de mantener fielmente el plan original. Requiere mucho valor mantener fielmente el plan de un precursor. Aun estando muerto Moisés, Josué conservó la visión.

    Un escritor hizo la siguiente observación: "A pesar de los cientos de años que llevó la construcción de la Abadía de Westminster, cada uno de los arquitectos que se sucedieron conservó el estilo original. Así es como Westminster es una representación viva de sus orígenes". ¡Oh, si la iglesia fuera tan bendecida con aquellos que son fieles a la visión de Cristo!. Somos llamados a ser valerosamente obedientes a su visión y no a ser creativos ni modificadores de la esencia de la misión. Pablo podía decir: "No fui rebelde a la visión celestial" (Hch. 26.19). No nos corresponde a nosotros mejorar la visión sino obedecerla.

    Josué fue llamado a ejercitar su valor al tener que guardar los mandamientos de Moisés y obedecer sus reglas. Nuevamente el Apóstol Pablo dice: "El que lucha, no es coronado si no lucha legítimamente" (2 Ti. 2.5). No progresamos hacia la meta de una iglesia triunfante cuando desobedecemos.
  • Capítulo dos: Ejercitar el valor para mantener la unidad.
    Josué tenía ante sí el desafío de mantener al ejército de Israel unido en un solo cuerpo, a pesar de que algunos querían permanecer al este del Jordán mientras sus hermanos fueran a la guerra. El mantener unido al ejército de Dios requiere valor. La división es una salida muy fácil pero a la larga la más costosa.
  • Capítulo tres: Tener gente valiente. Josué envió espías valientes a Jericó. Por su acción peligrosa, pero obediente, consiguieron información muy útil por medio de una prostituta, entre tanta gente. Debido a su fe y valor, ella y su familia sobrevivieron y llegó a ser parte del linaje natural de Jesucristo.
  • Capítulo cuatro: Dios es el punto de referencia.
    Más tarde, Josué guió al pueblo a dirigir su atención al arca del pacto, la garantía sagrada de la presencia de Dios, y a seguir a ese Dios valientemente mientras se adentraban al Jordán, mojándose tos pies. Guió a Israel a través del Jordán a tierra seca, al igual que Moisés guió a Israel a través del Mar Rojo. El no era para Israel ese punto de donde no habría retomo. No se podía volver ya para atrás, sólo avanzar. Dios habría de separar las aguas para conducirlos a la batalla, pero nunca para que volviesen atrás. Los ayudaría en cuanto tuviesen valor y nunca cuando fuesen cobardes. Los líderes cristianos deben contar con la presencia de Dios como punto de referencia y deben seguirlo aun en situaciones peligrosas, de manera de alcanzar la meta final para la iglesia.
  • Capítulo cinco: El desarrollo de la vida espiritual.
    Josué guió a Israel a instaurar la observancia de la Pascua y la circuncisión. Se habían vuelto informales con respecto alas señales del pacto, tales corno la circuncisión y la conmemoración de la Pascua. Josué, valientemente, les instó a que volviesen a los principios de la fe y a que tuviesen una buena conciencia delante de Dios.
  • Capítulo seis: El valor para hacer propio y llevar adelante un irrisorio plan de Dios.
    Josué tuvo una visitación del Señor en la cual se le apareció como Jefe del ejército del Señor. Había conocido al Señor como aquel que liberta, bautiza, provee y sana, pero ahora debía conocerlo como Capitán. Valientemente confrontó al Señor, el cual tenía una espada desenvainada en su mano; al ser amonestado por el Señor, cayó postrado sobre su rostro en tierra. A los pies del Señor vio que no se trataba de saber si el Señor estaba de su parte, sino más bien si él estaba dispuesto a seguir al Capitán hasta que entrase en la tierra.

    Allí recibió instrucciones extraordinarias para la conquista. El y el ejército de Israel debían rodear la ciudad de Jericó en silencio una vez por día, durante seis días. En el séptimo debían dar siete vueltas a la ciudad y en la última hacer sonar las bocinas y dar todo el pueblo un grito de victoria. Sin duda, el dar estas instrucciones alas tropas e implementar este plan soto, requería de valor.

    Pero a diferencia de la generación anterior, el ejército de Israel obedeció sin murmurar. Marcharon juntos, guardaron silencio juntos, y gritaron todos juntos. Su grito no fue un grito nervioso de frenesí. Fue el grito valiente de aquellos que sabían que Dios ya les había dado la victoria.

ESPERANZA PARA LOS DEBILES

Es hora de que miremos cuidadosamente a la fuente de valor y poder para que podamos soportar los embates de la tarea. La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; la mortalidad tiene sus limitaciones.

El apóstol Pablo clama en Romanos 7: "¡Miserable de mí!, ¿quién me librara de este cuerpo de muerte?". Debió luchar contra la carne. El dice: "No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero." Por supuesto, entonces, este cuerpo natural no es la fuente del poder eternal.

El apóstol hasta se jactaba de su debilidad. A menos que seamos honestos de nuestras debilidades, nunca habremos de conocer el poder de Dios. Este se perfecciona en nuestra debilidad. La determinación, la tenacidad y la obstinación nacidas de la voluntad humana sólo pueden fracasar en presencia de una tarea espiritual abrumadora. El valor para liderar y para continuar liderando al pueblo de Dios nace de una dependencia profunda de Cristo en nosotros y de una mente aplicada al Espíritu. Así como Josué se postró ente el Varón que se le apareció.

Hay esperanza para el débil. Lo que más me animó de todo esto fue el ver que sólo había estado considerando las vidas de los grandes líderes bíblicos después de que alcanzaron el éxito. Antes tuvieron ocasiones cuando debieron enfrentar sus propias debilidades. Hebreos 11 dice que "sacaron fuerzas de debilidad" y dice que "se hicieron fuertes en batallas." Su éxito no derivaba de su propia habilidad natural, sino que llegó a medida que reconocieron su debilidad y confiaron en Dios. Dios puede convertir nuestra debilidad en fuerza si reconocemos que lo necesitamos. Si no. El puede convenir nuestro poder en debilidad en medio de una batalla abrumadora.

No soy yo sino Cristo en mí, que es la esperanza de gloria. El que se mostró inmutable ante la cruz está en mí. El Cristo que no habría de fallar, ni habría de ser disuadido hasta establecer el juicio sobre la tierra está en mí. El Cristo de los apóstoles y padres está en mí. Y si El es por mí, ¿quién podrá estar en contra mío?

El llamado exige que tengamos valor, pero no nos asustemos con la idea. Todo lo que El pide es que seamos obedientes y que sigamos su presencia. Su Espíritu y su poder irán surgiendo en nosotros a medida que la lucha vaya cobrando intensidad, y seremos impelidos a conocer al Señor de los Ejércitos, poderoso en las batallas.

Nuestra carne no es ni mejor ni peor que la de los héroes de antaño. El diablo hoy día no es peor que en tiempos pasados. Dios no ha cambiado; el Dios de Josué es el nuestro. No debemos justificamos comparando nuestras circunstancias con la de ellos o concluyendo que tenemos una tarea más difícil que cumplir. Sinceramente, lo dudo. Una vez más tenemos la oportunidad de desplegar poder, de ir a la acción y experimentar la fuerza de su poder.... si sólo tenemos el valor de actuar.

Apuntes Pastorales, Volumen VI – Número 6. Todos los derechos reservados.

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