La esposa del pastor

Al sentarme ante la máquina para escribir este artículo, desfilan por mi cabeza los rostros de muchas esposas de pastores que conocí a lo largo de mi vida. Desde mi infancia, las visitas que más frecuentaban nuestro hogar eran pastores y sus familias, ya que padres también lo eran. Lo mismo sucede en mi hogar de casada; soy esposa del pastor.
La esposa del pastor

He conocido colegas muy resueltas, aun dominante. Tambi√©n he visto otras muy apocadas. Es que habemos de todo tipo: consagradas y livianas, trabajadoras y haraganas, simp√°ticas y antip√°ticas, tiernas y hoscas, gozosas y amargadas, victoriosas derrotadas, eficientes e inoperantes, sabias y necias, serenas y nerviosas, rebeladas y resignadas, radiantes y apagadas, dulces y agrias, muchas de ellas verdaderas compa√Īeras id√≥neas, otras no tanto. Pero aun estando encuadradas en algunas de estas semblanzas o atravesando una etapa as√≠, todas ellas estaban conscientes de la singular misi√≥n a la cual hab√≠an sido convocadas.

Es que no existe un patr√≥n universal sobre el idea de la esposa de pastor. Este var√≠a seg√ļn los valores y criterios que se manejan en los diversos grupos cristianos. Algunos valorizan a la esposa orquesta, la que est√° en todo: la m√ļsica, la tarea entre los ni√Īos, adolescentes, j√≥venes, mujeres, en los bautismos, casamientos, navidades, pascuas, retiros, encuentros. La que ense√Īa, toca el √≥rgano, dirige el coro, redacta el bolet√≠n, predica, organiza, dirige y supervisa todo. Si no es as√≠, no es "ayuda id√≥nea".

En otros grupos, por el contrario, se valoriza a la mujer sierva, la que sirve t√© a todo el mundo, hospeda a todo visitante, cocina en todos los campamentos, se sienta en el √ļltimo banco y tiene una sola respuesta a los que le preguntan acerca de la obra: "No s√© nada de ese asunto. Preg√ļntenle a mi esposo". Si hace lo contrario se la puede juzgar como entrometida y que maneja al pastor.

No cabe duda que el Se√Īor puede y quiere llevamos a ser lo que todas aspiramos: una se√Īora de pastor contenta, ubicada, eficiente, digna. Pero sobre todo,... una verdadera "ayuda id√≥nea".

EL COSTO

Significa ser la ayuda y el apoyo íntimo de una persona muy especial, un siervo de Dios.

Eso nos lleva al compromiso de aceptarlo, ayudarlo, comprenderlo, alentarlo y cuidarlo. A orar constantemente por él y su ministerio. Y a velar por él.

Recuerdo una vez que hospedamos en casa a un destacado pastor. En cierto momento me miró fijamente y me dijo:

-¬ŅAmas mucho a este hombre?

-¡Sí-, le dije.

-¬ŅOras constantemente por √©l?

-Bueno, a menudo lo hago-, dije ya medio desconcertada.

Entonces me dijo:

-Si t√ļ no lo mantienes constantemente ante el Trono de la Gracia, su ministerio se va a deteriorar. El te necesita a ti m√°s que a nadie.

Como se imaginar√°n, estas palabras se clavaron en mi coraz√≥n como pu√Īales. ¬ŅQui√©n mejor que la esposa sabe cu√°ndo, qu√©, c√≥mo y por qu√© orar por su esposo, el pastor de la iglesia?

NUESTRA RELACI√ďN CON SU MINISTERIO

SU ESTUDIO- Cuando √©l est√° preparando sus mensajes, cuando est√° sobrellevando cargas especiales, cuando necesita tiempo para orar y buscar al Se√Īor, es cuando debemos estar atentas y cuidarlo.

Conozco a una esposa de pastor que no encontraba mejor momento para discutir o pelear con su esposo que cuando iba camino a la reuni√≥n o antes de salir. Generalmente, el pobre hombre sub√≠a al pulpito con el coraz√≥n cargado, luchando por sobreponerse a su mal estado de √°nimo y con una tremenda sensaci√≥n de culpa. ¬ŅEs de extra√Īarse que tiempo despu√©s haya tenido que dejar el pastorado?

Todas sabemos cu√°ntas trabas nos pone el diablo antes de una reuni√≥n: un hijo que se golpea, se ensucia o rompe su √ļnica ropa "dominguera", un olvido de algo importante por lo cual echarse la culpa el uno al otro, un visitante imprevisto, un recado importante olvidado, etc√©tera. Cualquier cosa sirve para ponemos de mal humor, nerviosos y por ello decir cosas de las cuales debemos arrepentimos despu√©s. La "ayuda id√≥nea" comprende esto y obra como filtro, cuidando que no afecte la tarea especial que sobrelleva su esposo en ese momento.

MONOPOLIO- Los celos, las exigencias desmesuradas, el ser absorbentes entorpecen su ministerio. Tenemos que comprender que su vida est√° en el altar, fue consagrada a un ministerio que demanda mucho de su tiempo, de sus emociones y de sus fuerzas. Aunque √©l nos ama a nosotras y a nuestros hijos, muchas veces no puede dedicarnos todo el tiempo que √©l desear√≠a. No lo torturemos por eso. No nos sintamos v√≠ctimas. Las esposas de los m√©dicos u otros profesionales, hombres de negocios, obreros con m√°s de un empleo, etc√©tera, padecen lo mismo. No somos las √ļnicas con este problema.

INFIDENCIAS- Muchas cosas íntimas y secretas vienen a parar a la casa del pastor. Si desparramamos las confidencias, si no somos respetuosas de los secretos que le confían los fieles a "su pastor", ellos se sentirán víctimas de una traición, y el prestigio y reputación de ese siervo se verán altamente lesionados. Así podemos lograr que nadie confíe en él.

LIMITACIONES- A cada una el Se√Īor nos ha otorgado dones, talentos, gracias especiales, pero muy diferentes. A veces subestimamos las que tenemos y aspiramos las que otras mujeres tienen. Eso desemboca en celos y envidias. Tratamos de imitarlas, corriendo torpemente tras este espejismo. As√≠ perdemos de vista nuestra principal misi√≥n con los dones que El nos brind√≥, los horizontes y limitaciones con que El, en su sabidur√≠a, nos capacit√≥.

No nos extralimitemos, pues. Esa carrera disparatada perturba, por cierto, el ministerio de nuestro esposo y a nosotras nos desgasta in√ļtilmente.

SEXUALIDAD- Lamentablemente todos conocemos casos de pastores que cayeron en adulterio. Casi siempre cargamos todas a las culpas sobre el pastor y "la otra", compadeciéndonos de la pobre esposa, la victima. Pero no siempre es así. Al indagar en lo profundo del problema descubrimos que, muchas veces, la esposa es tan culpable como él.

Ellos est√°n constantemente expuestos a la tentaci√≥n sexual. Por el tipo de tarea que deben cumplir, van desarrollando un esp√≠ritu compasivo, tierno y comprensivo. Nada penetra m√°s hondo en las fibras √≠ntimas del coraz√≥n de una mujer que la ternura. Hoy en d√≠a hay muchas mujeres que son tratadas con rudeza y desamor. En su dolor vienen a la iglesia y buscar la ayuda en el pastor. Este las atiende como corresponde: con comprensi√≥n, con delicadeza, con respeto. ¬°Todo lo que contrario de lo ella est√° viviendo! No es nada extra√Īo que en su coraz√≥n idealice a ese hombre, se aferr√© a √©l y se enamore. A veces, y sin notario, es muy probable que abran una puerta a la tentaci√≥n.

La esposa del pastor debe cumplir gozosamente con su deber marital. (1 Co. 7.5). La mujer que no comprende la necesidad efectiva y sexual de su esposo, que es diferente y descuidada en ese aspecto, que no es ocupa de llenar todos sus rincones sentimentales y est√° tan ofuscada por las tareas del hogar y de la obra que resta cuidando amoroso para con su esposo, ¬Ņno es parte culpable de la ca√≠da tambi√©n?

Conocemos varios casos as√≠, y es dram√°tico. No hay nada m√°s efectivo para destruir un hermoso ministerio que una ca√≠da sexual. Si no se arrepiente, no hay restauraci√≥n. Y si se arrepiente, ¬Ņcu√°nto tiempo pasar√°, cu√°nto dolor y cu√°ntas l√°grimas hasta su total restauraci√≥n?

¬°Hermana! ¬°Que Dios nos guarde de ser c√≥mplices del Diablo en destruir as√≠ a un pastor! Y de paso, un consejo ya conocido: acompa√Īemos siempre a nuestros esposos cuando lo tienen que tratar el caso de una mujer sola, no como una guardiana celosa sino como colaboradora id√≥nea, embargada tu tambi√©n de compasi√≥n y ternura hacia el dolor y el problema de esa otra mujer.

EL EJEMPLO- ¬°Qu√© pesado puede llegar a ser esto! Sabemos que estamos constantemente en la vidriera de exposici√≥n al p√ļblico, tanto nosotras como nuestros esposos, hijos y bienes. Y m√°s aun si estamos en la casa pastoral, pegada a la capilla. A ra√≠z de esto, muchas han desarrollado mecanismos de autodefensa, los que son un f√°cil camino hacia el resentimiento y la amargura; terminando siempre en actitud defensiva.

Recordarán ustedes los tiempos en que se creía que "ser pobre" era una virtud para un pastor y su familia. Cuanto más pobre, más piadoso se lo consideraba: "El sí que vivía por fe".

Desde los primeros a√Īos de nuestro ministerio, nunca falt√≥ quien "vigilara" nuestros gastos familiares, ya que la congregaci√≥n nos sosten√≠a.

En esos primeros a√Īos, yo viv√≠a con p√°nico de que alguno pensase que malgast√°bamos el dinero de nuestro salario. Es por eso que cada vez que estren√°bamos algo nuevo, me apresuraba a aclarar cu√°l hab√≠a sido su origen: "Me lo regal√≥ Fulano, o Zutano". De esta manera, inconscientemente, le fui ense√Īando esta actitud a nuestra hija mayor, Lilia. Cada vez que le pon√≠a algo nuevo le repet√≠a sin cesar "Esto te lo regal√≥ la hermanita Tal". "Esto otro te lo regal√≥ el hermanito Cual" y as√≠ consecuentemente. Una noche, cuando fui a acostarla, Lilia mir√≥ hacia el techo del dormitorio donde hab√≠a un hueco por donde pasaban los cables de electricidad y me pregunt√≥ inocentemente, en su lengua infantil: "¬ŅY ese agujero, qui√©n nos lo regal√≥?".

All√≠ me di cuenta, con horror, que estaba sembrando en su corazoncito un esp√≠ritu de miseria, una actitud enfermiza de autodefensa. Me arrepent√≠ y ped√≠ perd√≥n al Se√Īor y fuerzas para revertir esa situaci√≥n. Y El lo hizo, por cierto.

HOSPEDAJE- La casa del pastor es una mezcla de hotel, restaurante, sala de espera, consultorio y sala permanente de muchas reuniones. Eso significa que hay muchos más platos, servilletas, toallas y sábanas que lavar que en una casa normal. Muchas más comidas que cocinar, minutas que improvisar, tés, cafés, refrescos y galletitas para servir. Y hay que desarrollar mucho el ingenio para estirar los pocos recursos que la crisis nos deja para hacer todo esto.

LA GRANDEZA DEL LUGAR

Siempre me han conmovido profundamente las palabras de Efesios 5.25-26: "Cristo am√≥ a la iglesia y se entreg√≥ a s√≠ mismo por ella, para santificarla... a fin de present√°rsela a s√≠ mismo una iglesia gloriosa". ¬ŅHay algo que el Se√Īor ame m√°s que a su Iglesia?

Sin duda, en la inmensidad del Universo, Dios ha hecho obras formidables. Por alguna raz√≥n, incomprensible para nosotros, se ha dignado elegir a este diminuto planeta para asentar temporariamente su obra maestra, el objeto m√°ximo de su inter√©s: su Iglesia. Ella es su Amada Esposa, su Cuerpo, el edificio del cual El es la piedra principal, la depositar√≠a de su inconmensurable amor, la privilegiada por quien el Rey de Reyes, Se√Īor de Se√Īores y Creador de este gran Universo se entreg√≥ a s√≠ mismo.

Si el Se√Īor nos llama a servirla, a ser sus colaboradores en el avance de su Reino, ¬Ņno es este el privilegio m√°s grande al que podemos aspirar? En el mundo, esta profesi√≥n no tiene status, no se le da al pastor y a su esposa un lugar de privilegio en los banquetes y palcos oficiales, y solamente salen en los grandes titulares de los diarios y revistas y en los programas de televisi√≥n cuando son protagonistas de alg√ļn esc√°ndalo u objeto de burla.

En el reino espiritual, en cambio, es un cargo de honor. Dios mismo lo respalda. A El no le gusta que toquen a sus ungidos. Los √°ngeles nos envidian y Satan√°s se pone tan molesto que nos elige para practicar el "tiro al blanco".

Muchas veces no lo sentimos as√≠ porque las dificultades nos nublan la vista e impiden ver la grandeza del servicio. ¬°Cu√°ntas veces debimos pedirle perd√≥n al Se√Īor por haber bajado la mirada, por habernos quejado y aun renegado por la parte dura de este ministerio! Si somos "esposa de pastor", somos colaboradoras directas de una misi√≥n que trasciende ampliamente las fronteras de este mundo y corre hasta la Eternidad.

DOS COSAS

¬ŅQu√© nos toca hacer a nosotras? Solamente practicar y practicar mucho cinco cosas: ¬ē Practicar diariamente la comuni√≥n con nuestro Se√Īor y Due√Īo, ¬ē practicar diariamente la obediencia a nuestro Se√Īor y Due√Īo, ¬ē reafirmar diariamente nuestro compromiso en acompa√Īara su siervo en el adelantamiento del Evangelio, ¬ē darle gracias diariamente por el digno y honroso lugar que nos concedi√≥ y ... ¬ē trabajar esforzadamente "mientras el d√≠a dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar" (Jn.9.4).

Si estamos desanimadas y alguna mentira del diablo ha hecho nido en nuestra mente ("¬°No sirves para esposa de pastor! ¬°Eres un fracaso! ¬°No vale la pena esforzarse, nadie te lo reconoce!... etc. etc."), si algo de eso te est√° sucediendo, es hora de levantar tus ojos a Aquel que nos ha puesto en este ministerio. Ese Patr√≥n nuestro es un Dios de milagros. Su especialidad es hacer cosas grandes a trav√©s de cosas insignificantes. Con una piedrecita derrib√≥ a un gigante, con un palito abochorn√≥ a los magos del Fara√≥n, parti√≥ el Mar Rojo en dos y sac√≥ agua de una roca. Con cinco panes y dos pescaditos aliment√≥ a una multitud y con un pu√Īado de toscos hombres puso el mundo al rev√©s.

Su mano no se ha acortado hoy. ¬ŅNo puede ese formidable Dios nuestro hacer de nosotras esa "esposa de pastor" excelente que deseamos ser? Claro.

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2 Comentarios
Mildred Ramirez
Hermana Dios le bendiga, sabe me bendice mucho lo que hoy comparte sobre ser esposa de un pastor, dejeme contarle yo aun no lo soy pero es un sue√Īo que siempre ha estado en mi corazon y le pido a Dios que me permite ser un d√≠a la ayuda idonea de su siervo aunque por el momento aun no lo conozco se que un d√≠a Dios nos unira y espero que Dios se agrade del Ministerio que tiene para ambos. Bendici... Leer mas »
Escrito el 03 Diciembre, 2011
Karen Rosales
No estoy de acuerdo con algunas cosas, creo que una buena mayordom√≠a de una persona, independientemente si es pastor o no, tiene que ver con establecer sus prioridades, dar el tiempo requerido a cada cosa. De que sirve ganar la iglesia y perder la familia. La esposa puede comprender, pero la figura de padre y esposo es sumamente necesaria en el hogar, nadie va a cubrir el espacio de un esposo q... Leer mas »
Escrito el 20 Noviembre, 2013
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