Balance de nuestra perspectiva de la psicología

La controversia y la incomprensión siguen existiendo en el cuerpo de Cristo alrededor del tema de cómo abordar la disciplina de la psicología. En este artículo el autor busca equilibrar los comentarios hechos por varios autores que expresan un punto de vista, el cual puede ser catalogado como «anti psicología». Con el interés de hablar la verdad en amor, hace un excelente intento de equilibrar sus comentarios acerca del tema.
Balance de nuestra perspectiva de la psicología

La controversia y la incomprensión siguen existiendo en el cuerpo de Cristo alrededor del tema de cómo abordar la disciplina de la psicología. Algunas personas afirman que no se puede ser cristiano y psicólogo a la vez. Otros dicen que la psicología es la ciencia del comportamiento humano y que en realidad sí es parte de la creación de Dios y que por ende, su estudio es importante. ¿Cómo abordamos este tema sin comprometer nuestra fe?

Permítame hablarle de cuando un miembro de la iglesia se le acerca después del servicio del domingo y le dice que su hijo de 20 años se está «portando raro» en la casa, aparentemente como respuesta a voces que él (y sólo él) escucha. Esta persona, según le ha informado, también tuvo un tío a quien le diagnosticaron esquizofrenia hace muchos años y se suicidó. Este miembro de la iglesia quiere su ayuda para que usted ministre a su hijo.

Otro miembro de tu iglesia se le acerca y le confiesa que ha tenido una aventura amorosa con otra mujer, y que su esposa al enterarse, lo dejó. Quiere que lo aconseje con la esperanza de una reconciliación con ella.

¿Cómo trata estas situaciones? Cada día, los pastores y líderes de la iglesia se enfrentan con la pregunta de cómo ayudar a la gente que lucha con una amplia variedad de problemas. Nos guste o no, todos «practicamos psicología», todos tenemos nuestras propias ideas acerca de las razones por las cuales las personas hacen lo que hacen, y de cómo intervenir para ayudarlos.

En este artículo me gustaría equilibrar los comentarios hechos por varios autores que expresan un punto de vista, el cual puede ser catalogado como «anti psicología». Aunque sus críticas a ciertas personas y teorías de la psicología son válidas, a menudo presentan una mala caracterización del movimiento de consejería cristiana. Con el interés de hablar la verdad en amor, voy a hacer el intento de equilibrar sus comentarios.

El reto es ser como fue la gente de Berea en Hechos 17.11 y estudiar las Escrituras para determinar si una enseñanza concuerda con la Palabra de Dios. Haciendo esto, creo que veremos que el punto de vista de los «anti psicólogos» realmente no emite una luz sobre la opinión bíblica de la psicología profesional. Mi temor es que sus escritos tengan un impacto negativo en el cuerpo de Cristo, ya que esto puede herir a los cristianos en tres formas fundamentales:

Puede propiciar que los pastores le tengan miedo a la psicología, incluso a la cristiana, y por lo tanto, impedirles que estudien a autores que pueden ser de significante ayuda a cristianos que están sufriendo emocionalmente.

Puede disminuir el número de cristianos dispuestos a estudiar psicología para ayudar al cuerpo de Cristo desde su profesión, siendo sal y luz, como lo estimulan las Escrituras (Mt 5.13–16).

En áreas donde ya hay profesionales cristianos, la enseñanza «anti-psicología» puede impedir que los pastores utilicen el recurso de esos profesionales como complemento de sus ministerios; entonces, por esa falta de confianza, mucha gente no tendrá la ayuda que en efecto podría haber tenido.

Los siguientes asuntos están planteados para tratar específicamente temas delineados por varios autores de la anti psicología:

El Dr. Gary Collins, un autor equilibrado en el área de consejería cristiana, ve la consejería como un tipo de ministerio de discipulado (Mt 28.19), una postura que comparto con muchos otros cristianos profesionales (Collins, 1980). La meta es ciertamente que la gente encuentre su victoria y sanidad en Cristo. Para lograr esto, a veces es necesario «examinarse a sí mismo para ver si se está en la fe» (2 Co 13.5). Nuestra victoria no se encuentra en nuestro ego, sin embargo, sí queremos que la gente crezca al punto en que pueda decir «todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Fil 4.13).

La tentación de confiar en la sabiduría u opinión humana frente a la sabiduría santa de la Palabra de Dios es algo de lo que los cristianos debemos guardarnos (1 Co. 3.18). Aunque la variedad de acercamientos a la consejería cristiana nos muestra que todos nosotros vemos oscuramente («como por espejo»), esto no debería detenernos de buscar primero el reino de Dios ni de intentar usar bien la palabra de verdad (2 Ti 2.15).

A menudo es fascinante examinar los datos de psicología, pero las teorías e interpretaciones ateas de estos datos han extraviado a mucha gente (Collins, 1977; Dirwan, 1984). Por eso es que necesitamos que cristianos maduros estudien psicología, sin comprometer su fe.

Aunque es cierto que los problemas psicológicos son causados por el pecado, el tema es más complejo. No siempre es por la elección del individuo. Muchos problemas son efectos del pecado original en la especie humana, lo cual incluye imperfecciones biológicas —incluso debilidades en la química cerebral de algunas personas (Jn 9.3). Algunos problemas parecen originarse, además, de pecados que otros han cometido contra nosotros —las heridas y traumas ocasionados aun en nuestros años más vulnerables de nuestra vida (Mt 18.6). Por último, indiscutiblemente es cierto que la mayoría de los problemas vienen de pecados específicos de algún individuo (Gá 6.8). Lo cual puede incluir la amargura de un corazón que no perdona. Esta complejidad debería darnos una razón para ser muy cuidadosos de no caer como presa de la tentación de los «consejeros» de Job y juzgar a otros cuando están sufriendo (Jn 9.3).

A pesar de que la gracia ofrecida por la cruz es la respuesta al problema del pecado, todos somos llamados a ministrar la gracia y verdad de Dios en formas que se ajusten a las necesidades del individuo (1 Ts 5.14). Jesús consideró las distintas manifestaciones del pecado y cómo cada una de ellas afecta a la gente, pero lo mejor de esta enseñanza es que él no se acercó a cada persona o problema de la misma forma, razón por la cual nosotros tampoco deberíamos hacerlo (Jn 4.7–26; Jn 8.3–11; Mt 17.14–21; Mt 23.13–39 Mr 10.17–22).

La responsabilidad por las decisiones propias es una garantía, tanto de la psicología saludable como del cristianismo bíblico (Gá 6.5). Es cierto que algunos psicólogos seculares han tratado de darle explicación al pecado y hasta de justificar su propia mala conducta, pero esto ciertamente no significa que nosotros deberíamos generalizar exageradamente e ignorar todo lo que un psicólogo estudia. Es más, en la mayoría de los acercamientos de consejería secular se enfatiza mucho la responsabilidad personal en la toma de decisiones, ya que de otra forma el proceso de consejería obraría cambios mínimos. Como cristianos, entonces, nuestra responsabilidad es hacia una autoridad superior que ve las motivaciones de nuestros corazones (He 4.12).

Todo pastor que ha aconsejado a parejas puede entender que nuestra tendencia es quitarnos la responsabilidad de encima. Por eso es que recibimos muchas parejas en busca de ayuda, pero sin la menor disposición de cambio. A menudo también somos testigos del «juego de culpa de Adán y Eva», donde cada uno busca justificar su propia (mala) conducta y echa la culpa (responsabilidad) a su pareja. En esos casos, la consejería no será eficaz a menos de que la pareja desee avanzar al punto en que cada uno acepte el compromiso total por su comportamiento y se enfoque en actuar de forma tal que mejore su matrimonio (no en lo que su pareja pueda hacer, sino él o ella mismos).

El Espíritu Santo es el único que convence a la gente de su pecado (Jn 16.8), y nosotros debemos tener el cuidado de escuchar cómo el Espíritu guía nuestro ministerio con los demás (Ro 8.14). Nuestra relación con Jesucristo por medio del Espíritu Santo es la clave para el entendimiento de nosotros mismos y de los demás.

Hay muchas enseñanzas relacionadas con la autoestima que tienen bases humanísticas de las cuales debemos guardarnos. Sin embargo, muchos psicólogos cristianos han escrito acerca de las bases del concepto de sí mismo estando en Cristo (Kirwan, 1984; Dobson, 1979; McGee, 1985; Wagner, 1975). Tal vez deberíamos utilizar la terminología «estima divina» para reflejar que nuestra autoestima está basada realmente en la alta consideración que Dios nos tiene. Recordemos que las Escrituras nos enseñan a tener un concepto sano y equilibrado de nosotros mismos en Cristo (Fil 4.13; 2 Co 5.17; 1 Co 3.16; 1 Pe 2.9; 2 Co 12.9). Mientras que separados de Cristo podemos ser personas viles, en él somos hijos del Rey.

Ciertos críticos de la consejería profesional cristiana le achacan que esta solía ser voluntaria y no se cobraba por aconsejar. Sin embargo, debemos ser conscientes de que toda persona ha de encontrar la forma de sostener el ministerio para el cual Dios la ha llamado, y esto incluye a los pastores.

La mayoría de los consejeros cristianos tiene ingresos similares a los de los pastores, y aunque lo ideal sería que este ministerio fuera apoyado totalmente como un ministerio de discipulado de la iglesia, desafortunadamente no siempre hay recursos, generalmente por la falta de visión en esta área. Por tanto, para financiarlo, se requiere un cobro.

La «profesión» de consejería es menos frecuente en regiones más pobres, pues sus familias no pueden darse el «lujo» de pagar este tipo de ayuda profesional. Aun así, si una persona aprecia su salud mental o familiar y tiene confianza o reconoce el beneficio del profesional, hará grandes sacrificios para solventar su necesidad. En países como Estados Unidos, donde hay seguros médicos disponibles para la mayoría de ciudadanos, el costo puede reducirse significativamente porque el seguro cubre la consulta con profesionales calificados.

Cada consejero cristiano que he conocido ha tomado la profesión como resultado de una profunda convicción del llamado de Dios a estar mejor equipado para ministrar a las necesidades de personas que sufren. Su deseo es mostrar compasión y amor donde más se necesita. Quienes lo hacen por lucro, como sugieren algunos críticos, ciertamente tendrán que responder al Juez Supremo (2 Co 5.10; Ro 14.10–12).

La mayoría de acercamientos teóricos relativos a la consejería cristiana reconocen que la vida es más compleja y por ende, al ayudar a alguien debemos tener en cuenta a la persona total, en cuerpo, alma y espíritu. Ahora bien, cuando se trate de psicopatologías más severas, no está de más referir al paciente a un doctor que controle los problemas médicos causantes de su condición; este es un procedimiento normal, incluso en ambientes seculares.

Trastornos como la anemia, desórdenes de tiroides e incluso tumores cerebrales pueden llevar a una variedad de problemas de salud mental. Por nuestra falta de conocimiento, existe un gran debate sobre el papel de los «factores físicos» (deficiencias químicas cerebrales) en una gran variedad de problemas de salud mental. Una vez más, vemos oscuramente («como por espejo»), y por eso la indiscutible necesidad de profesionales capaces de investigar estos temas profundamente sin comprometer la verdad de Dios.

El estudiar la creación de Dios no es un propósito impío, tampoco lo es unir este estudio con el de la Palabra de Dios (Kirwan, 1980). De hecho, los dos van de la mano como un telar finamente tejido. Tan es así que cada pastor y maestro de la Palabra de Dios ciertamente los une al aplicar las Escrituras a cada vida de una forma práctica. Y aunque la Biblia no es un texto de psicología, sí da por sentado el funcionamiento psicológico de la gente. Kirwan aboga persuasivamente por la integración de psicología y teología, y concluye con la siguiente declaración:

«Si es verdadera la tesis de que la Biblia presupone la psicología, entonces negar o ignorar la verdad psicológica es mal interpretar el mensaje bíblico así como la relevancia y aplicación de la redención de Cristo y la santificación del hombre».

Sin embargo, es importante que no comprometamos las Escrituras y caigamos presa del peligro de simplemente «dar base bíblica» a la psicología secular. Hay algunos psicólogos culpables de esto, e incluso cristianos, pastores y maestros. Pero cuando se examina debidamente, los cristianos maduros no debemos temer los estudios provenientes de gran parte de la psicología secular, sólo guardarnos cuidadosamente de las interpretaciones impías de ese estudio.

Algunos críticos manifiestan que no hay diferencia entre los consejeros cristianos y los seculares; esto, sencillamente, es ignorancia de los hechos. Las estadísticas del estudio sobre las prácticas de consejeros cristianos muestran que más de 90% de consejeros cristianos sí oran con sus clientes (Friesen, Wilder, Bierling, Koepcke, & Poole, 2000). Además, el estudio también revela que el respaldo de la oración intercesora en casos especiales es de ayuda y muchos consejeros cristianos van en pos de ella (Friesen, et. al., 2000). A pesar de esos planteamientos, usar las Escrituras y animar al cliente a sostener una relación significativa con Dios son con frecuencia dimensiones de la consejería cristiana que la separan de la secular. Muchas otras diferencias se pueden notar, incluidas las metas de la consejería y bases filosóficas (y teológicas) implícitas.

Es un hecho triste que algunas personas vayan a consejeros cristianos o a iglesias en busca de sanidad para sus vidas destrozadas y que por ello, sean juzgadas y heridas por las personas que deberían ofrecerles la mano sanadora de Dios. Sin embargo, este hecho no debería sorprendernos, ya las Escrituras nos advierten que en la senda cristiana encontraremos lobos con pieles de oveja (Hch 20.29). Aun así y a pesar de tales excepciones, las estadísticas muestran que la iglesia es un lugar saludable para la gente (Hill & Butter, 1995; Ellison, 1991). El número de personas beneficiadas con la consejería cristiana supera a los afectados negativamente.

El estudio más exhaustivo que ha sido hecho de consumidores de salud mental mostró una evidencia abrumadora de que aun la consejería secular ayuda a un gran número de personas (Seligman, 1994). Muchos estudios demuestran claramente las tasas altas de éxito de muchas terapias específicas para problemas concretos (Roth & Fonagy, 1996). ¿Cómo explicamos este descubrimiento sino como evidencia real de la gracia de Dios y aplicación de las verdades divinas incluso por parte de los que no lo conocen? ¿cuánto más efectiva no será la consejería cristiana (la cual ofrece la verdad y el amor de Dios por medio del Espíritu Santo) en ayudar a otros?

Aunque puede ser cierto que algunos consejeros cristianos no han estudiado la Biblia ni su teología adecuadamente, este es un reto que la mayoría ha tomado en serio. Todos los cursos de posgrado en consejería cristiana toman este asunto seriamente y tratan de determinar cómo trazar bien la Palabra de Verdad. Por eso es que las bases de la psicología deben ser reconstruidas, como lo indica Gary Collins (Collins, 1977).

Hay poder en la psicología (al igual como existe en la política y en la religión) para hacer bien o mal, y por supuesto, algunas personas han hecho daño (Hch 20.9). El reto que tenemos es el poder discernir y volvernos sabios en el uso del poder dado por Dios para hacer el bien (2 Co 13.10). Necesitamos además, tener cuidado de no dañar al cuerpo de Cristo interponiendo barreras que obstaculizarán la búsqueda de ayuda. Esto es grave y algunos autores han estigmatizado el asunto de la búsqueda de consejería, que se ha obtenido una respuesta soberbia (mantener los problemas en secreto) en lugar de la humilde (buscar ayuda) (1 Pe 5.5–6).

Una evidencia de esta barrera que se coloca cuando se busca ayuda profesional se puede observar en la exhaustiva investigación hecha por el Congreso de los Estados Unidos. Esta reveló que sólo 20% de las personas con problemas mentales recientes buscó ayuda profesional (Kessler, Mcgonagle, Zhao, Nelson, Hughes, Eshleman, Wittchen & Kendler, 1994). Es sorprendente observar el número de personas desatendidas en esta área, cuando consideramos que el mismo estudio mostró que 29% (más de 120 millones de habitantes) de la población en los Estados Unidos ha tenido problemas de salud mental el año pasado. Estoy convencido de que las estadísticas en otras partes del mundo no son mejores. No hay duda de que el cuerpo de Cristo puede hacer más para apoyar a esos millones de personas con sufrimiento emocional.

Mientras algunos argumentan que sólo necesitamos dirigir a las personas a Cristo para resolver todos sus problemas, la experiencia de los santos alrededor del mundo manifiesta algo muy distinto. Por ejemplo: si usted ve a una persona ahogándose en un río, ¿qué hace primero: le predica el evangelio o le arroja una cuerda con un salvavidas? De igual manera, el alcanzar a las personas con el fin de ayudarlas a lidiar con sus problemas emocionales y físicos puede ser un tremendo medio para llegar a un mundo doliente por Cristo y para Cristo. Podemos entonces discipular y enseñar a las personas la verdad de Dios y cómo esta se aplica a sus problemas (Mt 28.19). La mies es mucha, pero los obreros pocos.

En Oseas 4.6 Dios nos dice: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento». Dios nos ha dado el regalo de la revelación general (la creación), mas la ignorancia de este ha causado gran daño al cuerpo de Cristo (esto no sólo se puede aplicar al campo de la psicología, sino también a otras áreas científicas, como la medicina). El reformador Juan Calvino habló acerca de este asunto hace cinco siglos cuando escribió:

Por lo tanto, al leer autores profanos, la luz admirable de verdad expuesta debería recordarnos que la mente humana, no importa qué tan perdida y perversa esté de su integridad original, todavía está adornada y vestida con regalos admirables de su Creador. Si reflejamos que el Espíritu de Dios es la única fuente de verdad, también seremos cuidadosos, al evitar ofenderlo o insultarlo, de no rechazar o despreciar la verdad de donde sea que aparezca. Al despreciar los regalos, insultamos al dador. (Calvin’s Institute, vol. 1, 1975, pág. 236).

La iglesia no debería dar la espalda al campo de la psicología; en su lugar, debería ser como una luz al mundo y sal de esta profesión. Necesitamos cristianos que se levanten como Daniel, Sadrac y Abednego, estudiosos de la sabiduría del mundo pero a la vez, rehusados a comprometer la verdad de Dios. Esto es lo positivo del movimiento «anti-psicología»: el cuidado de no comprometer la Palabra de Dios lo toman muy en serio.

Traducido al español por Mayra Urízar de Ramírez para Apuntes Pastorales.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • Collins, G. The Rebuilding of Psychology, Wheaton, IL: Tyndale House Pub., 1977.

  • Collins, G. Christian Counseling: A Comprehensive Guide, Waco, Tx.: Word Books, 1980.

  • Dobson, J. Hide or Seek: How to Build the Self-Esteem in your Child, Old Tappen, NJ: Fleming H. Revell Co., 1979.

  • Ellison, C.G. Religious involvement and subjective well-being, Journal of Health and Social Behavior, vol. 32, pp. 80-99, 1991.

  • Friesen, J. G., Wilder, E. J., Bierling, A. M., Koepcke, R., & Poole, M., Living from the heart Jesus gave you, Van Nuys, CA: Shepherdís House, Inc., 2000.

  • Hill, P.C. & Butter, E.M. The role of religion in promoting physical health, Journal of Psychology and Christianity, Vol. 14, no.2, pp. 141-155, 1995.

  • Kessler, R.C., McGonagle, K.A., Zhao, S., Nelson, C.B., Hughes, M., Eshleman, S., Wittchen, H-U., Kendler, K.S., Lifetime and 12-month prevalence of DSM-II-R Psychiatric Disorders in the United States, Archives of General Psychiatry, vol. 51, 1994.

  • Kirwan, William T. Seeing Man Whole: Theology presupposes Psychology, Voices, Winter issue, 1980.

  • Kirwan, William T., Biblical Concepts for Christian Counseling, Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1984.

  • McGee, R. S. The Search for Significance, Houston, TX: Rapha Publishing, 1985.

  • Roth, A., and Fonagy, P. What Works for Whom? A Critical Review of Psychotherapy Research, New York, NY: The Guilford Press, 1996.

  • Seligman, Martin, Consumer Reports, 1994. (complete reference to follow)

  • Wagner, M.E. The sensation of being somebody. Grand Rapids, MI: Zondervan, 1975.

El Dr. Ronald S. Newman, es consejero cristiano y psicólogo, realiza su práctica privada en el sur de Nueva Jersey. Ha estado involucrado en ministerios de la iglesia los últimos 29 años y ha trabajado como profesional de salud mental más de 23 años atendiendo a individuos, parejas, familias y grupos de terapia. Tiene pasión por las misiones, viaja anualmente a América del Sur para capacitar en el área de la consejería cristiana a pastores y líderes eclesiásticos en América Latina. Estudió su AA en Christ for the Nations Institute y tiene su BA de la Universidad de West Virginia; tiene además una Maestría del Trinity Evangelical Divinity School, y su Doctorado es de Temple University, PA.

Ideas básicas de este artículo

  • Cómo abordar el tema de la disciplina de la psicología sin comprometer nuestra fe.
  • Tratamiento de once asuntos en los que el movimiento «anti psicología» se ha manifestado, tales como: el lugar del pecado en la problemática humana, responsabilidad personal en la toma de decisiones, el rol del Espíritu Santo, el costo de la consejería profesional, el poder de la psicología y otros.

Preguntas para pensar y dialogar

  • Según el autor, ¿en qué formas pueden tener impacto negativo en el cuerpo de Cristo los escritos de los antipsicólogos?
  • Después del análisis del autor, ¿qué conceptos propios necesita modificar o reforzar en cuanto a la relación de la psicología y la consejería cristiana?
  • ¿En cuáles asuntos que el artículos toca no está de acuerdo usted? Justifique su respuesta.
  • ¿De qué manera pueden tener una contribución significativa los psicólogos con el trabajo pastoral?

© Apuntes Pastorales, edición enero – marzo 2002, Volumen XX – Número 2

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