¡Sí... su iglesia puede cerrar la puerta de atrás!

Muchísimas iglesias han desbordado en gozo por las muchas decisiones que obtienen en sus campañas y esfuerzos de evangelización. Pero muchas de ellas luego viven la desazón y la impotencia al ver el bajo porcentaje que permanece con el correr del tiempo.
¡Sí... su iglesia puede cerrar la puerta de atrás!

Los equipos de visitación regresaron a la iglesia al finalizar su trabajo la noche de un jueves. Uno de estos equipos, compuesto por un trío, se encontraba sumamente entusiasmado por lo ocurrido. El motivo de esta alegría era que habían visitado a la familia Vargas, vecinos cercanos a la iglesia. Después de un breve diálogo de cortesía, la conversación derivó en el tema espiritual. El líder del grupo siguió el esquema evangelístico básico que habían aprendido, preguntando finalmente a los dueños de casa si estarían dispuestos a hacer una decisión por Cristo.

Tanto Tomás como Lidia Vargas respondieron afirmativamente e hicieron suya la oración de aceptación sugerida en el folleto, le entregaron unos impresos con consejos para la vida cristiana y los invitaron a asistir a la iglesia el domingo siguiente. Cuando esta experiencia fue compartida con los otros equipos de visitación se consideró que la tarea realizada había sido un éxito.

Llegó el domingo y los esposos Vargas estaban allí, en la iglesia. No conocían a nadie y no pudieron encontrar a ninguna de las tres personas que habían visitado su casa el jueves pasado. Ante esa situación, procuraron tener una buena actitud y participar del culto. Dos semanas después volvieron a asistir a la iglesia. Fue su última visita. Posteriormente, recibieron una llamada telefónica de «seguimiento», a la cual dieron una respuesta cortés, pero sin compromiso. Los Vargas acababan de salir por «la puerta de atrás» de la evangelización.

¿Qué sucedió? ¿Por qué estas decisiones de fe (en apariencia genuinas) no continuaron naturalmente hacia un compromiso con la iglesia y un crecimiento continuo? ¿Por qué muchos esfuerzos de evangelización evidencian un modelo parecido de deserción? Conversando con muchos pastores y líderes de iglesias, llegamos a la conclusión de que «la puerta de atrás» de la evangelización es realmente bien ancha y muy utilizada.

Claves

Investigaciones realizadas sobre el tema han demostrado que el proceso evangelístico (el proceso por el cual transita una persona desde que escucha por primera vez el evangelio hasta que entrega su vida a Cristo) es un factor determinante para que una persona termine siendo miembro activo de la iglesia o un «desaparecido» más. El efecto del proceso evangelístico sobre los resultados que siguen es de hecho tan importante, que hasta podría intentar predecirse cuáles personas de las que hacen una decisión llegarán a ser miembros responsables (activos) de la iglesia en el curso del primer año y quiénes no. Particularmente desalentador es que en 1a actualidad, muchas iglesias y grupos paraeclesiásticos utilizan métodos que en realidad, aumentan el porcentaje de nuevos convertidos que nunca llegarán a ser miembros activos de la iglesia.

Para evaluar el éxito de cualquier esfuerzo evangelístico, debemos responder a esta pregunta: « ¿Han llegado a integrarse a la iglesia las personas que hicieron manifestación de fe?». Es creciente la cantidad de pastores y líderes que han dejado de usar la cantidad de tarjetas de decisión o la cantidad de personas que pasaron al frente o los que hicieron un contacto con la iglesia para medir el éxito de la evangelización. Muchos son los que consideran, en cambio, que una fiel respuesta a la Gran Comisión se logra cuando el proceso evangelístico, bajo la guía del Espíritu Santo, produce un real y eficaz crecimiento en la iglesia, crecimiento que puede medirse en términos de uno y cinco años, crecimiento que se realimenta a sí mismo por la formación de nuevos discípulos.

Cuando no se logran estos resultados se dan excusas bien intencionadas pero incorrectas, tales como: «Esas personas no entendieron bien el compromiso que asumieron», o bien: «Nuestro programa de seguimiento tuvo fallas», o también: «No encontraron un grupo de personas de su misma edad», o lo que parece más solemne: «Los resultados están en las manos de Dios». Sin embargo, la investigación está demostrando claramente que la causa fundamental de este elevado grado de «mortalidad infantil espiritual» está directamente relacionada con el proceso evangelístico que dio lugar a esas decisiones.

Para el propósito de cerrar «la puerta de atrás» de la evangelización, contamos con dos áreas que producen un significativo aumento de discípulos que permanecen y de iglesias que crecen. La primera es el proceso y la segunda, las proporciones.

El proceso

¿Cuál es la razón de que tantos de los métodos usados sean contraproducentes en cuanto al éxito de la evangelización?

1. El proceso de manipular tiende a crear «desaparecidos». Los métodos y las aproximaciones evangelísticas se pueden clasificar en tres formas:

La transmisión de información que considera a la evangelización como un camino de una sola dirección a través del cual se comunica a los oyentes ciertos hechos que necesitan conocer. En este caso, cuando la información es presentada en forma adecuada, puede esperarse que se obtenga una adecuada decisión. La relación entre el evangelizador y el «candidato» es similar a la de maestro-alumno, por cuanto existe el objetivo de comunicar cierta información en forma correcta. Por lo tanto, el fondo de la cuestión es: « ¿Cuántas personas escucharon el mensaje?»

Otro enfoque de la evangelización puede llamarse el monólogo manipulativo.

En este método se concentra la atención en la apelación emocional o se utiliza una serie de preguntas cuidadosamente preparadas. La relación entre el creyente y el no creyente se aproximaría a la de vendedor-cliente, donde el objetivo que se persigue es lograr la colocación del producto. En esta situación, lo que más importa es: « ¿Cuántas personas dijeron «sí»?»

El tercer enfoque, al que llamamos el diálogo no manipulativo, considera la evangelización como un proceso de «doble mano» o «doble vía» de interacción honesta. Se tiene en consideración que no todas las personas ven las cosas de la misma manera y que un enfoque «envasado» no resultaría apropiado en situaciones diferentes. La evangelización es un esfuerzo por responder a la otra persona en su calidad de individuo y de describir el valor de la fe cristiana en términos de necesidades personales e individuales. En este caso la relación entre el cristiano y el que no lo es, se sitúa en la de amigo-amigo y el objetivo consiste en demostrar una honesta preocupación por el bien del otro.

En el The pastors Church Growth Handhook, Vol.II (Manual del pastor de crecimiento de la iglesia), su autor, Flavil Yeakley presenta un estudio sobre cómo ven los miembros de la iglesia el proceso evangelístico y los resultados de sus esfuerzos en la evangelización. El estudio abarcó a tres grupos de 240 personas cada uno, de individuos que «recibieron» una presentación del evangelio: 1) aquellos que asumieron un compromiso cristiano y están integrados a una iglesia local; 2) aquellos que asumieron un compromiso pero «desaparecieron» al poco tiempo; y 3) aquellos que dijeron: «No, gracias». Presentamos aquí los asombrosos resultados.

De aquellos que son miembros activos de una iglesia, 70% (169 de los 240) vinieron a Cristo como resultado de alguien que los evangelizó considerando a la evangelización como un diálogo no manipulativo. En franco contraste, 87% (209 de los 240) del grupo actualmente inactivo llegaron a su punto de decisión a través de un miembro que utilizó el monólogo manipulativo. Del grupo de los que dijeron: «No, gracias», 75% lo hicieron en respuesta a un convencido del arte de persuadir, que vio a la evangelización como un proceso de comunicar ciertos hechos, información y teología.

Todo nos indica que el entrenamiento y la estrategia evangelística eficaces animan a que se practique el diálogo no manipulativo entre cristianos y no cristianos.

2. Un proceso evangelístico que tiene como objetivo una «decisión» en lugar de un «discípulo», tiende a producir «desaparecidos». Cuando la meta es «un alma salvada», frecuentemente el plan de Dios de hacer discípulos entra en cortocircuito. El hecho es que no todos deciden llegar a ser «discípulos», y los términos no son sinónimos. La meta bíblica no es simplemente una confesión oral. El objetivo es una vida transformada y un miembro del cuerpo de Cristo que participa. En ningún lugar de las Sagradas Escrituras se encuentra la palabra «decisión»; en cambio la palabra «discípulo» aparece repetidamente.

La evangelización eficaz considera la formación de discípulos como un proceso, no como un acontecimiento. Una «decisión» es solamente un elemento entre tantos en el objetivo de procurar que las personas lleguen a ser discípulos y miembros responsables de la iglesia. La decisión es muy importante, pero no es todo lo que necesitamos para tener un «discípulo».

3. Un proceso evangelístico que presenta el evangelio una vez y luego pide una respuesta, tiende a crear «desaparecidos». Todos nosotros conocemos historias de personas que oyeron una vez las «buenas nuevas», fueron gloriosamente cambiadas y llegaron a ser grandes hombres o mujeres de fe. Cuando estos hechos milagrosos ocurren —y suelen ocurrir— nos debemos regocijar. Debe entenderse, sin embargo, que esto es inusual y que no constituye la regla general. La gran cantidad de las veces, cuando alguien llega a la fe, ha venido escuchando el evangelio una y otra vez, hasta que al final asume un compromiso con el Señor.

Sé muy bien que una persona puede escuchar el evangelio en una clase bíblica, o a través de la música; puede ver la vida cristiana demostrada en las vidas de sus amigos, o por un testimonio en un acontecimiento social de la iglesia; puede haberlo leído en la Biblia, en un folleto o en un libro o haberlo escuchado por la radio o por la televisión. Entonces, luego de muchas exposiciones, se produce en esa persona un tiempo de «receptividad», un tiempo de necesidad. En ese momento la semilla que fue sembrada irrumpe en nueva vida, echa raíces, brota y crece.

La investigación subraya este hecho. Al comparar los miembros activos con los inactivos, Yeakly, indica que aquellos que continuaron como miembros activos habían sido expuestos a un promedio de 5,79 influencias cristianas anteriores a su conversión. En franco contraste, los «desaparecidos», (aquellos que se fueron por la puerta de atrás) habían visto o escuchado el mensaje solamente 2,16 veces antes de su decisión.

Deberíamos considerar, como estrategia evangelística, que cuantas más veces una persona haya sido expuesta al mensaje del evangelio antes de hacer una decisión comprometida, existe mayor probabilidad de que esa persona entienda las implicaciones de su compromiso. A menor cantidad de exposiciones previas a su compromiso con Cristo, mayores serán las probabilidades de que «desaparezca».

La conclusión es esta: La estrategia evangelística eficaz procura exponer a los discípulos potenciales a muchas y variadas presentaciones del evangelio.

4. Una evangelización sin relaciones con la iglesia local tiende a crear «desaparecidos». Cuando los eventos evangelísticos ocurren fuera de alguna relación con la gente de la iglesia local, no llegan a establecerse lazos y es muy poco lo que esa persona percibe sobre la necesidad de involucrarse en una comunidad cristiana. Esto es cierto no sólo cuando las decisiones se efectúan en grandes cruzadas o por medios masivos, sino también cuando los llamados cultos evangelísticos son realizados por la iglesia local sin preocuparse por unir una cosa con la otra.

Cuando el nuevo convertido no tiene todavía amistad con miembros de la iglesia, no ha llegado a formar parte de ningún grupo con el que pueda tener un sentido de pertenencia, no ha tenido contacto anterior con la iglesia, su gente, sus creencias y sus expectativas, surgen fuertes obstáculos en su camino de ser aceptado y asimilado. Es un proceso interno que sufre la persona.

¿Qué debería tener en cuenta una estrategia de hacer discípulos para remover los obstáculos que existen en casi todos los métodos evangelísticos? Dicha estrategia debería procurar fomentar genuinas relaciones de atención dentro de una variedad de miembros hacia el discípulo potencial. Además, debería procurar que este se involucre en varios grupos apropiados y en los programas de la iglesia donde pueda lograr nuevas amistades. Cuanto más expuesto pueda estar un no cristiano a la persona de Cristo a través de su pueblo, tanto más completa será su comprensión de él y de su amor.

El Nuevo Testamento compara el funcionamiento saludable de la iglesia con el del cuerpo humano. Los brazos, las piernas, los ojos y los oídos se encuentran juntos porque son partes del cuerpo. Cada miembro tiene ciertos dones y habilidades y no todos los miembros tienen los mismos dones. Por esta razón, la totalidad del cuerpo refleja más adecuadamente a la persona de Cristo que lo que pueden hacer los miembros aislados. Un miembro aporta fortaleza cuando otro está debilitado. Algunos miembros están mejor capacitados que otros para hacer frente a la necesidad de una persona no cristiana. En el proceso total que proponemos, la evangelización deja de depender de unos pocos esfuerzos aislados para constituir un esfuerzo total de equipo. Entonces, cuando se hace un compromiso con Cristo, está fundamentado en la experiencia con el cuerpo y en una creciente comprensión de qué es lo que significa este nuevo compromiso.

De modo que, cuanto más ligada a la iglesia se lleve a cabo la evangelización, tanto mayor será el fruto que permanezca.

Proporciones, relaciones, involucramiento

Mientras que el proceso por el cual una persona se hace discípulo y miembro responsable de la iglesia constituye un elemento clave para una estrategia exitosa al cumplir la Gran Comisión, existe un segundo elemento, igualmente importante, que tiene que ver con el entorno de la iglesia en la cual el nuevo cristiano está entrando. Esto último tiene que ver con las relaciones, o mejor dicho, con la cantidad de relaciones que el nuevo creyente tenga en la iglesia.

1. Proporción de amistad = 1 a 7. Cada persona nueva debería estar en condiciones de identificar, al menos, siete amigos dentro de la iglesia en los primeros seis meses de concurrencia.

Las amistades demuestran ser el lazo más fuerte para adherir a los nuevos miembros a la congregación. Si ellos no desarrollan inmediatamente amistades genuinas en el pueblo de Cristo, puede esperarse que vuelvan a sus viejas amistades -y caminos- fuera de la iglesia. Siete amistades nuevas es un mínimo; es mucho mejor que sean diez, quince o aun más.

El factor tiempo es también importante, los primeros seis meses son cruciales. Las personas nuevas que no se integran en el cuerpo dentro de ese período, casi con seguridad, están yendo hacia la puerta de salida.

2. Proporción de tarea desempeñada = 60 a 100. En una iglesia deberían existir, por lo menos, 60 roles o tareas a desempeñar por cada 100 miembros existentes.

Un rol o tarea significa una función o responsabilidad específica (coro, miembro de comisión, maestro, ayudante, etc.). Las iglesias típicas de unos 300 miembros suelen tener, cuando mucho, 80 roles y tareas disponibles. De esos 80 roles, 60 están cubiertos por 30 personas (los obreros voluntarios que tienen más de una función). Los restantes 20 se cumplen a través de otras 20 personas, con lo cual llegan a involucrarse en total 50 de los 300 miembros. ¿Tendría una de esas iglesias «tipo» un lugar para Tomás y Lidia -los personajes del principio-? Probablemente no.

La falta de variedad y número de roles/tareas/ministerios en la mayoría de las iglesias crea un entorno que produce, aunque nos pese, miembros inactivos. Esa iglesia de 300 necesita abrirse a sí misma para los recién llegados creando por lo menos 100 nuevos roles -no trabajo recargado, sino «trabajo para el Reino». Se necesita más trabajo basado en la Gran Comisión; ministerios que actúen para hacer frente a las necesidades y para cambiar vidas.

Esta clase de roles se denominan con frecuencia «tareas auxiliares» o «tareas de segunda». Se da el nombre de «tareas principales» a las que tienen en vista primordialmente el mantenimiento de la estructura existente, mientras que los roles de «segunda» enfocan más la comunidad que rodea a la iglesia en un esfuerzo de alcanzar personas para Cristo y para la iglesia. La mayoría de las iglesias estancadas o en declinación tienen un promedio de 15 roles de «primera clase» por cada tarea de «segunda clase». Una proporción más adecuada sería de tres a uno (por cada tres tareas de «primera clase» debería haber por lo menos uno de «segunda clase»). Dado que esta es más bien la proporción necesaria para alcanzar a un no cristiano que para integrarlo, nos está dando una clave muy importante en cuanto a la prioridad de la iglesia y, por lo tanto, de la probable recepción que se dará a los «recién llegados».

3. Proporción de grupos = 7 a 100. En cada iglesia deberían existir por lo menos siete grupos en los cuales se puede fomentar la amistad, por cada 100 miembros.

Al estudiar las iglesias involucradas en nuestros seminarios de «Proceso de crecimiento de dos años», hemos descubierto que las iglesias que se estancan o declinan en su membresía están muy alejadas de la proporción de grupos existentes por cantidad de miembros. La consecuencia de que existan muy pocos grupos por cantidad de miembros para desarrollar relaciones estables resulta en que se utiliza muy frecuentemente la puerta de salida por parte de los miembros inactivos. Sería un buen ejercicio preguntarse: ¿Cuántos grupos tiene nuestra iglesia por cada 100 miembros? ¿Qué porcentaje de la congregación forma parte regularmente de uno o más grupos? ¿Cuántos nuevos convertidos/nuevos miembros han llegado a formar parte regular de tales grupos en los últimos dos años? ¿Cuántos no lo han hecho?

La creación de un grupo de vida eficaz es una piedra fundamental para el crecimiento y la incorporación. Esta importante proporción (cantidad de grupos/cantidad de miembros) es compartida también por otras autoridades en el tema. En su libro, Asimilating New Members (Asimilando nuevos miembros), Lyle Schale escribe: «Por lo general es necesario tener seis o siete de estos grupos por cada centenar de miembros mayores de trece ó catorce años».

La utilización de esta proporción o relación permitirá a cualquier iglesia encontrar respuesta a la pregunta: « ¿Hasta qué punto esta iglesia es receptiva hacia los recién convertidos?»

4. Proporción de Grupo Nuevo = 1 a 5. De cada cinco grupos para relacionarse en una iglesia, por lo menos uno debería haber comenzado en los últimos dos años.

La razón de que sea importante la creación de nuevos grupos es que por lo general los grupos en funcionamiento llegan a un punto de saturación en algún momento entre los 9 y los 18 meses de su creación. Cuando un grupo ha llegado a esta zona de saturación, en la mayoría de los casos deja de crecer y ya no integra a las personas nuevas. Puede suceder que dos o tres miembros abandonen y que otros dos o tres ocupen su lugar, pero para todos los efectos prácticos el grupo queda estancado.

¿Cómo sabemos cuando un grupo ha llegado a ese punto? Si no ha crecido en los últimos seis meses, es probable que ya esté allí.

5. Proporción de miembros de comisiones = 1 a 5. Uno de cada cinco miembros de comisiones debería haberse agregado a la iglesia en los últimos dos años.

Le pregunté al pastor de una antigua iglesia tradicional: « ¿Cuántos años como miembro de la iglesia necesitaría tener una persona para asumir una función de gobierno de la iglesia?» El estudió mi pregunta por un momento y luego me preguntó: « ¿Usted se refiere a un miembro que asista regularmente, ofrende con fidelidad y demuestre la vida cristiana?» «Sí» -le respondí yo. «Bueno, -dijo él- si es así podría ser reconocido para esa función después de doce o catorce años de haberse incorporado a la iglesia.» No se maraville, esa iglesia padecía de una enfermedad fulminante.

Los miembros nuevos en el gobierno de la iglesia y en las comisiones aportan ideas frescas, llenas de entusiasmo y vitales. Además, son la mejor fuente de voluntarios.

Una revisión frecuente de las juntas de gobierno y comisiones de una iglesia para asegurar la proporción de uno a cinco, estimulará la apertura en la estructura de poder y asegurará que la iglesia no se olvidará nunca de su verdadera misión.

6. Proporción de líderes sostenidos =1 a 150. Una iglesia debería tener una persona ocupada en tiempo completo cada ciento cincuenta miembros.

Esta proporción provee un buen indicador de si la iglesia está o no comprometida en su crecimiento. Si la proporción es de uno a 225/250 es poco frecuente ver un aumento significativo en la membresía activa. Cuantas más personas nuevas se agreguen a la iglesia casi con seguridad la puerta de salida se abrirá más y más. Empleando a tiempo completo a un nuevo líder antes de llegar a ese punto, ayudará a que la iglesia anticipe el ingreso de nuevas personas y provea un ambiente pastoral receptivo para todos.

7. Proporción de visitantes = 3 a 10. Sea que las personas cambien a una nueva iglesia o estén probando su primer iglesia, como en el caso de Tomás y Lidia, todas ellos son primeramente visitantes antes de unirse como miembros. De aquellos que visitan por primera vez la iglesia y que viven dentro de su área de influencia, tres de cada diez deberían estar involucrados activamente dentro del primer año.

El cálculo de esta proporción provee tres aspectos sobre la actitud de la iglesia hacia las personas nuevas: 1) señala la real apertura de los miembros hacia los visitantes; 2) indica la prioridad que tienen los visitantes dentro del funcionamiento de la iglesia; y 3) señala la eficacia de la estrategia de seguimiento de la iglesia.

Los visitantes son la única fuente de nuevos miembros (exceptuando a los hijos de los creyentes). Si los visitantes no se sienten genuinamente bienvenidos, necesarios y apreciados, es muy raro que vuelvan. Los estudios realizados con nuestro centro de computación indican que por medio de una estrategia eficaz, algunas iglesias reciben una segunda visita de cuatro de cada diez que fueron la primera vez. Una estrategia de incorporación que tenga como objetivo a estos visitantes que van por segunda vez, resultará en que 70 a 75% de ellos se unirá a la iglesia dentro del año (de allí surge la proporción de tres a diez de los que visitan la iglesia la primera vez); iglesias con una estrategia eficaz están experimentando porcentajes de hasta 40% de personas que visitan por primera vez y que se integran dentro del año.

En la típica iglesia que no crece, por el otro lado, solamente 10 a 12% de que los que la visitan por primera vez quedan en ella. Tal porcentaje es el mismo que representa la salida calculada corno regular, por la pérdida de miembros que se produce anualmente por razón de transferencia, muertes y apartados.

Resultados: pueden ser mejorados

Con un entrenamiento adecuado y con métodos apropiados, las iglesias podrían ver una cosecha significativamente más grande.

¿Vale realmente la pena invertir tiempo, energía, dinero y gente en el trabajo de evangelización solamente para comprobar que los resultados obtenidos con tanto esfuerzo terminan desapareciendo? Sostenemos que es posible cerrar la puerta de salida de la evangelización. Podremos ver más resultados permanentes si consideramos a la evangelización y la incorporación de miembros como dos lados de la misma moneda, ambos esenciales para el crecimiento de la iglesia de Dios.

La mayoría de las iglesias pueden aumentar su eficacia en la tarea de hacer discípulos y miembros activos de la iglesia. Cerremos de un golpe la puerta de atrás y arfimemos así la conquista de Dios.

Ideas básicas de este artículo

  1. El proceso y las proporciones son las áreas que producen un aumento significativo de discípulos que permanecen y de iglesias que crecen.

  2. Las probabilidades de «desaparecidos» en las iglesias se reducen cuando:

    1. En la evangelización, en lugar de la manipulación se da el diálogo no manipulativo.

    2. El objetivo de la evangelización es un discípulo y no una decisión.

    3. La persona es expuesta muchas veces al mensaje del evangelio antes de que haga su decisión.

    4. Se fomentan genuinas relaciones de atención dentro de una variedad de miembros hacia el discípulo potencial.

  3. Las proporciones tienen que ver con la cantidad de relaciones que el nuevo asistente tenga en la iglesia y las oportunidades que se le den para involucrarse.

Preguntas para pensar y dialogar

Estas preguntas no son para resolverlas individualmente. Los resultados serán más fructíferos si lo hace con miembros de su iglesia.

  1. ¿Cuáles son las dos áreas que deben ser consideradas que producen un aumento significativo de discípulos que permanecen y de iglesias que crecen?

  2. ¿Es su iglesia una de las que los «desaparecidos» abundan? A la luz de este artículo, identifique las causas que han provocado este fenómeno.

  3. ¿De qué forma puede propiciar su iglesia que, en los primeros seis meses de concurrencia, un nuevo asistente tenga como mínimo siete amigos entre los miembros activos?

  4. Teniendo conocimiento del número de miembros, saque ahora la cuenta de los roles, tareas y ministerios que tiene su iglesia. ¿Tiene su iglesia lugar para que los nuevos se involucren a fin de que se sientan genuinamente bienvenidos, necesarios y apreciados?

  5. ¿Hace su iglesia el ministerio por medio de grupos de vida (grupos pequeños)? ¿Cuántos grupos tiene sus iglesia por cada 100 miembros? ¿Qué porcentaje de la congregación forma parte regularmente de uno o más grupos? ¿Cuántos nuevos convertidos/nuevos miembros han llegado a formar parte regular de tales grupos en los últimos dos años? ¿Cuántos lo han hecho?

Cuadro de proporciones, relaciones, involucramiento

Cantidad de amigos en la iglesia en los primeros 6 meses

0

1

2

3

4

5

6

7

8

9

Total

Convertidos que son miembros activos

0

0

0

1

2

2

8

13

12

12

50

Que se alejaron

0

13

14

8

4

2

1

0

0

0

50

El cuadro ilustra la importancia de establecer amistades en la iglesia durante los primeros seis meses. Téngase en cuenta que todos los cincuenta «convertidos actualmente miembros activos» pudieron mencionar el nombre de tres o más amigos en la iglesia; trece de ellos identificaron a siete, doce identificaron a ocho y doce mencionaron a nueve o más. «Los alejados» muestran casi la relación inversa en cuanto a sus nuevas amistades, mejor dicho, su carencia de ellas en sus iglesias.

Tomado y adaptado de la revista Leadership, 1984. Usado con permiso.
© Apuntes Pastorales, edición de julio – septiembre de 2002, Volumen XIX – Número 4

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