Transformados para servir

Sermón basado en Romanos 12:11-12
Transformados para servir

Romanos 12.11, 12

Introducción

¿Por qué haz hecho eso? Preguntamos a alguien que se ha comportado de forma necia, iracunda, egoísta o simplemente perversa. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué hacemos cosas que frecuentemente lamentamos? A veces ni nosotros mismos nos entendemos, y luego nos enojamos con los demás porque no nos comprenden.

Nuestra conducta está determinada por distintos factores. Un primer elemento que influye que yo haga lo que hago son condicionamientos culturales. Hay cosas que hemos aprendido por razón de haber nacido en un lugar y habernos creado en unas circunstancies particulares en una época dada y no en otra. Por ejemplo, los japoneses son muy amables y corteses en su trato con los demás, mientras que los europeos y americanos son más bruscos y secos.

También, nuestro comportamiento está determinado por razones temperamentales. No todos tenemos la misma actitud hacia la vida y las circunstancias. Hay los introvertidos y los extrovertidos. Los coléricos y los melancólicos. Los sanguíneos y los flemáticos. Hay quiénes son por naturaleza parlanchines y por lo tanto, hablan frecuentemente más de la cuenta. Hay quiénes son por naturaleza tímidos y dedican el tiempo a analizar a los demás, y critican más de la cuenta.

Además, nuestro estilo de vida está condicionado por la naturaleza pecaminosa con la cual hemos nacido y que hemos heredado de Adán. Desde nuestro nacimiento esta tendencia a hacer lo malo que está en nosotros procura manifestarse. Los niños no pecan porque son inocentes, sino porque todavía no han aprendido cómo hacerlo. Es por eso que cambian tanto cuando empiezan a ir a la escuela. En cierto sentido el desarrollo humano es desarrollo de la capacidad para pecar.

Contexto

Pero, aunque nuestra conducta esté condicionada a ciertos patrones, nuestra conducta puede cambiar: «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!» (2 Co. 5.17). Dios quiere ver cambios en nosotros. Cambios tan grandes como los que se pueden ver en personas totalmente diferentes. Tiene que haber un antes y un después de haber recibido a Cristo. Dios nos cambia por medio de Su Espíritu, por medio de Su Palabra, por medio de Su Iglesia, y por medio de las circunstancias que permite vengan a nuestra vida.

¿Qué dice la Biblia acerca de este cambio que Dios quiere ver en nosotros? Estamos estudiando Romanos 12: Debemos entregar nuestras vidas a Dios para ser transformados en nuestra forma de actuar. Dios quiere ver cambios en nuestra forma de pensar, nuestra forma de adorar, nuestra forma de amar. Hoy.

Idea Central: Debemos entregar nuestras vidas a Dios para ser transformados en nuestra forma de servir a Dios. (12.11, 12)

Encontramos aquí 6 exhortaciones que parecen girar en torno del servicio a Dios. ¿Cómo quiere Dios que lo sirvamos?

I. Nuestros servicio a Dios ha de ser diligente. (12.11a)

A. La diligencia es lo opuesto a la pereza, a la postergación, al letargo, y a la apatía. Como cristianos, no debemos tomar las cosas de Dios a la ligera. Estamos en una batalla espiritual. Es una guerra a muerte. El tiempo es corto. La ociosidad y la indiferencia, característicos de nuestros tiempo, son enemigos de nuestra vida espiritual.

B. La ley de Amasis en el antiguo Egipto ordenaba que todo ciudadano debía comparecer cada año delante de un magistrado para dar un informa de su profesión y de la manera que se había procurado medios para vivir. Todo aquel que no podía explicar satisfactoriamente cómo contribuía al bienestar común, era matado. También Atenas tenía una ley semejante. Los parásitos sociales eran extirpados. ¿Es posible que existan parásitos espirituales?

C. La pereza en cualquier área de la vida es reprobable. La falta de diligencia en el servicio a Dios es reprobable. En la guerra el soldado que no cumple con su deber es acusado de traición. Cuando se desató la primera Guerra Púnica, los ciudadanos romanos pusieron tal diligencia que 60 días después de que el primer golpe del hacha fue dado en el bosque, una flota de 160 galeras esperaba en el puerto.

D. En días de Nehemías, los muros de Jerusalén que habían estado sin construir por muchos años, fueron levantados en 52 días, porque cada uno puso diligencia en hacer su parte. ¿Estamos nosotros haciendo nuestra parte en la edificación del cuerpo de Cristo? ¿Vivimos para servir diligentemente a Dios, o vivimos para servirnos diligentemente a nosotros mismos, nuestros planes, nuestros sueños, nuestras ilusiones?

II. Nuestro servicio a Dios ha de ser fervoroso (11b)

A. La palabra «fervientes» también puede ser traducida «hirviente». Debemos mantener nuestro espíritu en el punto de ebullición espiritual. La gente de hoy mira con recelo los extremismos, y para que no nos llamen fanáticos, le ponemos sordina a nuestra vida espiritual.

B. En el mundo de hoy, si un hombre se levanta temprano y llega tarde a casa por trabajar, le llaman emprendedor. Si un chico se levanta de madrugada a estudiar, se le llama aplicado. Si un joven duerme poco por trabajar y estudiar al mismo tiempo, se le llama industrioso. Si alguien aparta tres tardes a la semana para ir al gimnasio y mantenerse en forma, se le llama disciplinado. Pero si alguien decide asistir a la iglesia tres o cuatro veces a los cultos y habla de Cristo a sus compañeros en el trabajo o en la escuela, se le llama fanático.

C. Pero el punto de vista de Jesucristo es diferente: «Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca. » (Ap. 3.17, 18) El único tipo de cristiano que agrada a Dios es el ferviente y entusiasta.

D. La frialdad espiritual en pocas cosas se hace más evidente que en las excusas. Un creyente le dice al otro, «»Creo que no debiéramos estar pescando siendo domingo por la mañana y habiendo culto en la iglesia». «Bueno», le dice el otro, «de todas formas yo no podía ir a la reunión hoy. Tengo un niño enfermo en casa».

E. «Primero la obligación y luego la devoción», dice el mundo. Pero Jesucristo dijo: «—Marta, Marta —le contestó Jesús—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará.» (Lc. 10.41, 42)

III. Nuestro servicio a Dios debe ser esperanzado. (11.12a)

A. Antes de emprender su expedición a Persia, Alejandro el Grande dejó arreglados sus asuntos en Macedonia. Designó a Antípater rey, con 24 mil soldados a sus órdenes. También indagó la situación privada de sus amigos. A uno dio tierras, a otro, una villa, a otro, los impuestos de un pueblo; a otro, los de un puerto. Cuando todos los beneficios de sus posesiones fueron gastados en sus amigos, Pérdicas le dijo, «Mi señor, ¿qué es lo que dejas para ti mismo?» Alejandro respondió, «la esperanza». «El mismo gozo», dijo Pérdicas, «ha de satisfacernos a nosotros», y rehusó lo que el rey le había designado.

B. El cristiano debe ser siempre optimista. El optimista es una persona gozosa porque sabe que lo mejor está aún por llegar. El pesimista, por otro lado, siempre está anticipando desastres y fracasos.

C. Como cristianos, debemos servir a Dios guiados por la esperanza porque la victoria final ha sido ya ganada. Pueden haber batallas que se pierdan, pero la guerra ya ha sido ganada por el Señor. «La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud.» (Pr. 4.18). «Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano.» (1 Co. 15.58).

IV. Nuestro servicio a Dios debe ser paciente. (11.12b)

A. Debemos aprender a enfocar las pruebas con entereza. La palabra traducida «sufridos» puede ser traducida «firmes, constantes, resistentes, aguantadores».

B. Alguien dijo en cierta oportunidad a un paciente animoso, «El sufrimiento colorea toda la vida, ¿no?» «Si», le contestó el paciente, «pero yo me propongo elegir los colores». Cuando Bethoven se quedó sordo dijo, «Agarraré la vida por el cuello». Sus mejores composiciones musicales las produjo siendo completamente sordo.

C. Cuando Nabucodonosor arrojó a Sadrac, Mesac y Abad Nego al horno de fuego, se sorprendió de que el fuego no los afectara. Luego, preguntó si no habían arrojado al fuego a tres hombres. Le dijeron que así era. «¡Pues miren! exclamó. Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios!» (Dn. 3.24, 25). Como hijos de Dios, podemos enfrentarlo todo cuando lo enfrentamos con Cristo.

V. Nuestro servicio a Dios ha de ser constante (12c)

A. La constancia, la perseverancia, la persistencia, es la característica de los vencedores. Una gota de agua rompe la piedra. Otro ejemplo son las estalactitas, algunas de más de 5 metros de alto y 2 metros de diámetro en la base.

B. Vivimos en los días de las cosas instantáneas... y si algo no funciona instantáneamente, no sirven. Pero en la vida cristiana hay muchas cosas que no funcionan instantáneamente. Una de ellas es la oración. Cuando no recibimos respuesta instantánea, la tiramos por la borda, pensando que no sirve. Pero este versículo nos recuerda que para conseguir algo en oración hay que perseverar en ella.

C. La perseverancia, la consecuencia, el aguante, no son virtudes que nuestra sociedad estimule. Pero son virtudes necesarias para alcanzar éxito en cualquier empresa. Tomás Alva Edison probó cerca de mil seiscientas sustancias antes de dar con el carbón para hacer el filamento de su primera bombilla. De las primeros cristianos se dice que, «se dedicabana a la oración» y que «Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.» (Hch. 1.14; 2.42). Pablo dice en Colosenses 4.2, «Dedíquense a la oración, perseveren en ella con agradecimiento.».

D. La inconstancias en nuestro servicio a Dios se traduce en un estado de agotamiento, embotamiento de los sentidos espirituales, en sopor. La noche que Jesús fue entregado tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les dijo, «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir, —les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.» (Mt. 26.38) Luego, dice más adelante, «Luego volvió a donde estaban sus discípulos y los encontró dormidos. " ¿No pudieron mantenerse despiertos conmigo ni una hora? —le dijo a Pedro-—. Estén alerta y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil."» (Mt. 26.40, 41).

E. Por falta de perseverancia en la oración es que estamos tan incapacitados para nuestro servicio a Dios.

Conclusión

Alguien ha observado que hay cristianos que son como carretillas: no sirve para nada a menos que se les empuje.

Otros cristianos somos como canoas, necesitan que se les mueva dándoles con los remos.

Otros somos como cometas, que ni no les atas con un hilo, se van. Otros, como gatitos, que necesitan que se les mime contantemente para estar contentos.

Otros, como pelotas de rugby: es imposible decir en qué dirección van a salir.

Otros, como globos, llenos de aire, y listos para hacer explosión a la menor presión o pinchazo.

Otros, como furgones de tren: necesitan ser tirados para poder avanzar.

Otros, como luces intermitentes, se encienden y se apagan constantemente.

Otros, gracias a Dios, como niños exploradores, siempre listos; otros como las rocas, aguantadores y constantes.

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