Transformación en Cristo

Sermón basado en Romanos 12:1-2
Transformación en Cristo

Romanos 12.1-2

Introducción

En la Biblia, la salvación es gratuita, pero el discipulado es costoso.

Un nuevo cristiano describió en estos términos su cambio de actitud desde que había recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador: «Es como el ciclista que cuando ha subido una larga cuesta, siente que podrá descender sin pedalear del otro lado. Pero no es sino hasta que ha alcanzado la cumbre que se da cuenta que su tarea apenas ha empezado, el camino continúa con cuestas aún más empinadas que la que acaba de subir. Cuando la gente acepta a Jesucristo tiende a pensar que todo será cuesta abajo partir de ese punto. Pero es entonces que se descubre que es sólo el comienzo. A lo menos, esa ha sido mi experiencia».

Y es la experiencia de todo cristiano. ¿Por qué? Porque una cosa es recibir la salvación y otra vivir la salvación. Una cosa es recibir Cristo y otra seguir a Cristo. Una cosa es tener el regalo de la vida eterna y otra usar el regalo de la vida eterna. Una cosa es la recepción de la salvación y otra la fructificación en la salvación. Una cosa es nacer a una nueva vida y otra cosa es vivir la nueva vida.

La salvación requiere recepción de Cristo. El discipulado requiere sumisión a Jesucristo. Tener la vida eterna depende de nuestra aceptación de la gracia de Dios, vivir la vida eterna depende de nuestra consagración a la gracia de Dios.

Somos salvos de la culpa y la condenación del pecado cuando Cristo dice «sí» a nuestra invitación a pasar adelante a nuestra vida. Somos salvos del poder o control del pecado cuando decimos «sí» a la invitación de Jesucristo a que lo sigamos.

Para tener la vida eterna debemos recibir a Jesucristo. Para disfrutar de la vida eterna debemos entregarnos a Jesucristo.

¿Qué nos enseña este pasaje?

Idea central: Debemos entregar nuestras vidas a Jesucristo para ser transformados

I. Debemos entregar nuestras vidas a Jesucristo. (12.1)

A. La propiedad de nuestra entrega:

«Por lo tanto» indica que hay una relación muy estrecha entre la práctica y la doctrina; la práctica que va a exponer y la doctrina que ha enseñado en los capítulos anteriores (1-11). La fe cristiana no tiene sólo que ver con conocimiento. Dios no quiere que haya divorcio entre lo que creemos y lo que hacemos. (véase Ro. 6.1-4, 10-13).

B. La motivación de nuestra entrega: «tomando en cuenta la misericordia de Dios». Alguien, dando testimonio de su amor a Jesús, escribía: «Le amo con todas mis fuerzas, daría mi vida por él y aceptaría padecer cualquier enfermedad en expiación por mis faltas». Pero debemos entregarnos al Señor no para experimentar sus misericordias, sino porque ya las hemos experimentado. Pablo nos lo recuerda en 2 Co 5.14,15.

C. El privilegio en nuestra entrega: «ofrezca su cuerpo». «Cuerpo» se usa para hacer referencia a todo nuestro ser, toda nuestra vida. Dios está interesado en lo que hacemos con todo nuestra persona. (véase Mr. 12.30). El cuerpo es el vehículo, el medio, para expresar la consagración de todo lo que somos. Tenemos la libertad de disponer de nosotros mismos a Dios. (léase 1 Co. 6.13, 15, 19-20) Podemos elegir darnos como un regalo a Dios, como la niña que se puso en pie en el plato de la ofrenda para dar a entender que ella se entregaba completamente a él.

D. El modo de nuestra entrega: «cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios».

1. Es un sacrificio vivo. En contraste con los sacrificios del Antiguo Testamento, que eran cuerpos muertos que se ofrecían sobre el altar, Dios quiere que pongamos sobre el altar nuestros cuerpos vivos. Él que quiere usar la vida que nos ha concedido para comunicarla a otros, como el fuego se propaga sólo si está vivo.

1. Es un sacrificio santo. (léase Pr 15.8; Is 1.11,12, 16; Mt. 5.23-24; He 10.22; Stg. 1.26).

2. Es un sacrificio agradable a Dios. Por lo tanto, tiene que ser ofrecido por fe. (léase He. 11.6; Fil. 4.18)

E. El propósito de nuestra entrega

1. Nos entregamos a Dios para ofrecerle culto: «en adoración espiritual». Ofrecer culto (según RV60) a Dios es adorarlo.

a. La adoración a Dios por medio de sacrificios era privilegio exclusivo de los sacerdotes en el Antiguo Testamento. Note que hubo problemas cuando Saúl ofreció sacrificio a Dios, no siendo sacerdote. (1 S. 13.13).

b. Pero en el Nuevo Testamento, cada creyente es hecho un sacerdote. (1 Pd 2.5, 9)

2. Esta adoración a Dios no es un acto ciego, sino racional, pensado, inteligente. Dios quiere que usemos nuestras mentes al adorarlo: «Ama al Señor tu Dios… con toda tu mente ».

3. El siguiente poema nos ayuda a entender lo qué es entregarse al Señor:

Un día me vi a mí mismo

Al yo que Cristo ve

Y vi la persona que hoy soy

y la persona que debiera ser.

Vi mi vida

¡Cuán poco de ella era verdadero!

Vi el montón de faltas y temores

Que debía haber puesto de lado.

Había dado un poco a Dios

Pero no me había dado a mí mismo.

Dejé de verme a mí mismo

Con la determinación de ser la clase de persona

que Jesucristo pueda usar

Y a cuyo corazón Él siempre pueda ver.

¿Estamos permitiendo que Dios no use? ¿En qué forma?

Depende de la manera en qué trabajemos para él o cómo puede transformarnos

Hay quién puede tomar un pedazo de papel; escribir un poema en él, y hacer que valga cientos de dólares. Esto es genio.

Hay quién puede tomar un pedazo de papel, poner su forma en él, y hacer que valga miles de dólares. Esto es capital.

El estado puede poner la imagen de una persona ilustre en un pedazo de papel y hacer que valga 100 dólares. Esto es dinero.

Un mecánico puede tomar un pedazo de metal que vale 10 dólares y hacer que valga 10 mil. Esto es destreza.

Un artista puede tomar un pedazo de lienzo, hacer una pintura en él, y hacer que valga millones. Esto es arte.

Dios puede tomar una vida sin valor y pecaminosa, lavarla con la sangre de Cristo, y hacerla una bendición para la humanidad. Esto es el resultado de la salvación y la consagración como cristianos.

Debemos consagrar nuestra vida a Cristo. ¿Para qué?

Debemos entregar nuestras vidas a Jesucristo para ser transformados (Ro 12.2)

II. La necesidad de la transformación. (12.2)

A. No conformándose al mundo.

La exhortación de Pablo es: «No se amolden al mundo actual». Literalmente, «no siga permitiendo que esta época lo meta en su molde». (véase Ef. 2.1-3).

1. El mundo es un sistema de valores.

a. El mundo nos quiere amoldar a su imagen y semejanza.

Alguien ha dicho que los jóvenes se parecen más a sus contemporáneos que a sus padres. Porque siguen lo que hacen sus amistades.

b. El mundo es un reino antagónico a Dios que gobierna a sus súbditos por medio de los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Jn. 2.16).

c. El mundo tiene su propia política, arte, música, religión, diversiones, pautas mentales y estilos de vida, y trata de conseguir que cada uno se amolde a su cultura y costumbres.

2. Cristo murió para liberarnos de este mundo. (Gá. 1.4)

a. Oró para que sus discípulos tuvieran protección del mundo. (Jn 17.15-17)

b. Exhortó a sus discípulos no amarán al mundo. (1 Jn 1.15)

c. El amor al mundo provoca enemistad a Dios. (Stg. 4.4).

Cierto día, un hombre lo bastante rico como para proporcionarse todo lo que podía soñar fue a visitar por curiosidad a un santo hombre que vivía voluntariamente en la más grande indigencia. El rico, admirando la pobreza del otro, le dice:--¡Cuán grande es tu renunciamiento! A lo que el pobre le contesta:--¡El tuyo es más grande todavía!--¿Que quieres decir?--dice el rico.--Yo no renuncio más que a un mundo temporal, pero tú renuncias a uno eterno.

B. El agente que produce la transformación (12.2a)

1. El mandato a ser transformados. La expresión «sino sean transformados ». Literalmente, «sigan permitiendo que los transformen». La transformación de la que se nos habla aquí no es algo que nosotros producimos. Es algo que nosotros permitimos que se nos haga.

2. El Espíritu Santo como agente de transformación. (2 Co 3.18) Este versículo nos dice que en la medida que nosotros centramos nuestra atención en Cristo, contemplándolo como por medio de un espejo -más que pasarnos el tiempo delante del espejo contemplándonos a nosotros mismos- nos vamos pareciendo más a Él.

No debemos tener la actitud como la de aquel hombre que se jactaba diciendo, «No recuerdo ni una sola de las predicaciones que he escuchado a lo largo de 30 años de ser cristiano». En 30 años habría escuchado unos 6 mil mensajes. ¿Por qué es tan difícil recordar las predicaciones? Porque no se escuchan con el corazón.

C. La manera de la de la transformación

1. La expresión que utiliza Pablo es methamorfosze (en griego), de donde viene metamorfosis, un cambio radical, de adentro para fuera. No una reforma externa.

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