Cuando los buenos sufren

Temor, confusión, enojo, impotencia. La vida parece estar fuera de control cuando nos sentimos violentados, cuando nuestro "circulo de seguridad" es violentado es muy fácil perder el norte. ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué Dios permite que me pase esto a mi? ....
Cuando los buenos sufren

Un día común y corriente estaba descansando en mi casa cuando, de repente, escuché varios disparos que provenían de la casa de al lado. Mi vecino Juan, drogado, disparó a su amigo que huía por la calle. Gracias a Dios, nadie salió herido y la policía logró tranquilizar a Juan.

Días después, mientras salía para trotar me di cuenta de que el parabrisas de mi coche estaba cubierto de «cristales de hielo». «¡Qué extraño! —pensé— ¿por qué el parabrisas está cubierto de cristales si apenas estamos en julio? Conforme me acercaba, pude notar que en realidad no eran cristales de hielo, sino el vidrio quebrado, cortesía de los disparos de mi vecino. 

Temor, confusión, enojo, impotencia. La vida parece estar fuera de control cuando nos sentimos violentados. Uno se imagina que cada chillido nocturno es algún intruso intentando ingresar a la casa o uno se pregunta: ¿acaso las paredes son lo suficientemente gruesas como para detener balas perdidas? ¿Qué hice para merecer esto?

Una supuesta víctima de violación se siente engañada cuando la corte rehúsa procesar a los perpetradores a pesar de que existe un examen médico que demuestra que hay trauma post-violación, dos testigos confiables afirman que encontraron a la víctima con su ropa rasgada y pidiendo ayuda. Al final la víctima se siente la acusada. Los casos de violación son los únicos crímenes en que las víctimas son tratadas irrespetuosamente. 

Por otro lado, una madre afro-americana dice que teme que señalen a su hijo adolescente, a pesar de su reputación intachable, como presunto criminal debido a su raza. Llena de temor y furia siempre le recomienda a su hijo antes de irse a la tienda: «Mantén tus manos fuera de los bolsillos y no busques nada debajo de tu camisa. Si te da picazón, no te rasques. Y en invierno, deja el cierre de tu abrigo abierto.»

Masacre terrorista

Los miembros de una iglesia en la ciudad multirracial de Cape Town, Sudáfrica, estaban reunidos cuando terroristas armados abrieron de golpe la puerta principal y asesinaron a once personas e hirieron a cincuenta y tres. Lorenzo Smith empujó a su esposa hacia el suelo y la cubrió para protegerla en el momento del ataque, sin embargo, una de las granadas lanzada por los terroristas explotó a nueve metros de distancia y una pieza de metal salió proyectada, hiriendo a su esposa en el costado izquierdo, cerca del corazón. Lorenzo no tuvo ni un rasguño pero su esposa falleció rumbo al hospital. 

«A partir de hoy, prescindiremos de sus servicios en esta compañía» le informó el jefe de personal a su empleado, quien había denunciado ciertas conductas poco éticas y malversación de fondos por parte de otros compañeros. En vez de reconocer su integridad, la compañía lo despidió. A veces, denunciar alguna irregularidad trae consecuencias no esperadas.

Los palestinos encuentran sus casas arrasadas, mientras que los israelitas son masacrados por terroristas suicidas en concurridos mercados. Muchos habitantes de Ruanda son mutilados y asesinados debido a la violencia entre tribus.

Las cosas malas algunas veces (¿a menudo?) le pasan a gente buena y, aparentemente, inocente. ¿Qué podemos hacer? ¿De qué manera las víctimas pueden arreglárselas?

Primero que todo, reconozcamos de donde provienen los problemas. ¿Por qué existe el sufrimiento?

¿Por qué existe el sufrimiento? Esa es la pregunta número uno de una encuesta nacional que determinaba las cuarenta preguntas más relevantes de la vida. Muchas personas se han esforzado por aliviar el sufrimiento y alcanzar la felicidad y, hasta cierto punto, lo han logrado, no obstante, muchos otros han fracasado. Consideremos algunos de ellos:

La psicología

Muchos psicólogos ofrecen esperanza basados simplemente en los recursos humanos. Aun así, hasta los mejores y más brillantes psicólogos renuncian desesperados a sus esfuerzos. El legendario psicoanalista Bruno Bettelheim, quien sobrevivió a los horrores nazis, intentó ayudar a otros a sanar sus heridas, pero, con el tiempo, se quitó la vida. Al saber de su suicidio, un colega dijo: «Es como si la propia profesión (de la psicología) hubiera fallado.»

El marxismo

El marxismo condenaba a la diferencia de clases como la culpable de todos los males por eso uno de sus objetivos era crear a un «hombre nuevo» en una sociedad armoniosa carente de dicho antagonismo. Sin embargo, en lugar de eso, creó a un «hombre rico» que formaba parte de la élite de los partidos políticos que disfrutaban de todos los lujos, mientras las masas quedaban desvalidas. «Trabajadores del mundo, nos disculpamos» decía una pancarta durante la caída de la Unión Soviética. Hoy en día, los cubanos comen un montón de bananos y andan en bicicleta y los norcoreanos se mueren de hambre.

El capitalismo

¿Esta teoría política es la respuesta? La economía de mercados ha elevado los estándares de vida, sin embargo, aún en naciones como los Estados Unidos los crímenes, el racismo, la discriminación sexual y los menos afortunados aumentan día a día.

¿Acaso podríamos estar obviando la raíz del problema? ¿Podría ser que el sufrimiento humano va más allá de los sistemas imperfectos políticos y filosóficos? ¿Podría haber algo malo en el corazón humano?

¿Una enfermedad del corazón?

La historia está llena de evidencias que confirman que tenemos problemas con nuestro corazón. En una conferencia de las Naciones Unidas sobre la función de la universidad en la búsqueda de la paz mundial terminó más temprano de lo esperado porque «los delegados empezaron a discutir muy acaloradamente». Varios intentos por establecer sociedades utópicas sin ninguna diferencia social han fracasado debido a contiendas internas.

«Todo el mundo piensa en cambiar la humanidad —decía el novelista ruso Leo Tolstoy —pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo». Simón Bolivar, el gran libertador sudamericano, admitió en sus últimos años: «Toda mi vida fui esclavo de mis pasiones. La esencia de la libertad es precisamente poder liberarse de uno mismo».

«Hemos conocido al enemigo —decía el personaje de una conocida tira cómica— y está dentro de nosotros.»

Entonces si tenemos que vivir en un mundo imperfecto con personas determinadas a vivir con sus debilidades internas, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo sobrellevamos el sufrimiento injusto? Una mujer de Carolina del Norte dijo que deseaba justicia y por eso demandó a la amante de su marido por haber destruido su matrimonio y ganó un millón de dólares por ello. Algunas veces, una causa justa prevalece en la corte. Sin embargo, a menudo, ambas partes terminan amargadas y más pobres.

¿Hay alguna otra solución? ¿Algo que realmente funcione?

En una ceremonia de graduación de la Duke University, Ted Koppel, presentador de noticias de la cadena ABC, dijo en su discurso: «Maimónides [teólogo judío muy conocido durante la Edad Media] y Jesús lo resumieron casi con las mismas palabras: “Ama a tu prójimo como a ti mismo,” “En todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.”»

Después de que el Huracán Andrew arrasara con varias partes de Miami, decidí trasladarme a mi pueblo natal para ayudar en su reconstrucción. Quedé sorprendido al descubrir que miles de voluntarios de todo el país habían llegado hasta allá con sus propios medios para ayudar a los más pobres a reconstruir sus hogares. La mayoría era parte de organizaciones cristianas y estaban motivados por el amor de Dios y a la gente.

Alivie el dolor compartiéndolo

Durante un doloroso episodio de mi vida, mi mejor amiga me abandonó, algunos compañeros me traicionaron y mi salud y finanzas no estaban tan bien. Mis amigos cercanos y mi fe me ayudaron a seguir adelante y, aunque estaba herido, tenía ganas de crecer. 

Entablar amistades lleva su tiempo y esfuerzo. Iniciar la comunicación, ofrecer ayuda a otro para mudarse o para darle un aventón, escuchar a las personas heridas, dar un cumplido o una palabra de aliento… todo puede ayudar a crear lazos fuertes. A menudo, solo el hecho de dar motiva a los demás a responder con bondad. Ayudar a los demás a llevar sus cargas puede hacerlas más livianas para ambos. 

Elimine las raíces de amargura

Pedir perdón o perdonar sana muchos corazones. El gobernador de Alabama, George Wallace solía decir: «¡Segregación hoy, mañana y siempre!» Sin embargo, dos décadas en una silla de ruedas lo ayudaron a reflexionar sobre la vida, el sufrimiento y Dios. Con el tiempo, aceptó que estaba equivocado y pidió perdón a sus antiguos enemigos raciales y políticos.

El sudafricano Lorenzo Smith, quien perdió a su esposa por el ataque ocurrido en su iglesia, perdonó a los asesinos de ella. «Guardar rencor puede corroer el alma —afirmó un guerrero herido— si usted carga esa amargura y se rehúsa a perdonar, entonces se mantendrá atado a sus enemigos. Si usted lo deja ir y perdona, sin importar la respuesta de su oponente, será libre.»

Cuando la gente buena sufre, usted puede amargarse o bien reconocer la raíz del problema y encender una luz. ¡Que su luz brille siempre!

Sobre el autor
Rusty Wright, escritor y orador asociado a Probe Ministries (www.probe.org), es un conferencista internacional, galardonado autor, periodista y columnista especializado. Es licenciado en Psicología de la Duke University y tiene una Maestría en Teología de Oxford University. Se lo puede contactar en  rustywright@aol.com. © Rusty Wright. Usado con permiso. Todos los derechos reservados. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados

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