Cómo evaluar un movimiento espiritual

El movimiento de Toronto y el avivamiento de Pensacola han generado una cantidad enorme de debates animados entre cristianos en todo el mundo.
Cómo evaluar un movimiento espiritual

El movimiento de Toronto y el avivamiento de Pensacola han generado una cantidad enorme de debates animados entre cristianos en todo el mundo. El propósito de este artículo es presentar un método para evaluar cualquier cosa que dice ser un «movimiento de Dios». Algunos de los nuevos movimientos han convertido muchas vidas en cenizas y amargura (aunque todavía tienen seguidores). Tomemos los próximos versículos como nuestra guía:

«No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal» (1 Ts 5.19–22).

Esto significa que al examinar no debemos menospreciar los fenómenos espirituales sino considerarlos de una manera que mantenga viva la llama del Espíritu. Nuestra tarea es separar cuidadosamente lo bueno de lo malo. Luego debemos retener lo bueno, recordándolo y poniéndolo en práctica. Y debemos rechazar firmemente todo lo que es malo.

Pasos bíblicos para evaluar un movimiento espiritual

1. Los líderes del avivamiento: ¿son obreros de justicia o de iniquidad? ¿Se caracterizan por el amor al dinero o por las buenas obras? (Mt 23.25, 1 Ts 2.5) ¿Sana doctrina o fábulas?
(1 Ti 4.1–8) ¿Demuestran un profundo carácter cristiano o ambición egoísta? (Stg 3.14–18) ¿Obedecen la ley o la desprecian? (Mt7.15–23)

2. ¿Cuáles son los frutos a largo plazo en cuanto a su carácter cristiano? ¿Se observa en ellos fidelidad, verdad, amor, misericordia y justicia? (Mt 7.16–20, Gá 5.22, 23; Ef 5.9; Stg 3.14–18)

3. El movimiento en general: ¿evidencia amor por la sana doctrina? ¿Cuál es su actitud hacia las Escrituras? (2 P 3.13–18; 1 Ti 4.1–8)

4. El movimiento: ¿tiene un objetivo claro? ¿Lleva a la gente a algún destino específico? ¿Los resultados son tales que las generaciones venideras pueden construir sobre ellos? ¿Es una «casa de paja» o es una base bien construida para el futuro? ¿Está cimentado en Cristo, el Jesús histórico de las Escrituras?
(Mt 7.15–29; 1 Co 3.10–17)

5. ¿Cómo es la ética del movimiento? ¿Evita, por un lado, los peligros de la licencia moral y, por el otro, el legalismo exagerado? (Col 2.18–23, Jd 4)

6. ¿Cuál es la actitud del movimiento hacia el resto del cuerpo de Cristo? ¿Es humilde o es orgullosa? ¿Es arrogante? ¿Separatista?

Estas pruebas probablemente se pueden aplicar mejor si un movimiento está afectando a su propia congregación. A menos que usted esté muy bien informado, es difícil juzgar a un movimiento en general, y la Biblia nos advierte contra tales juicios.

¿Se nos permite juzgar a otros?

Se nos ordena «probar las cosas espirituales» (una traducción literal de 1 Jn 4.1) y Dios no se ofende por nuestros intentos cuidadosos de examinar la verdad. El pecado contra el Espíritu Santo no es cuestionar o examinar. Ese pecado es la blasfemia directa cuando hay evidencia clara de una revelación poderosa de Dios
(Mr 3.22–31). No debemos ser tan temerosos que dejemos de practicar en oración el examen cuidadoso de las cosas para ver si realmente vienen de Dios. Jesús nos dice que no les creamos a todos los que vienen con una afirmación espiritual (Mt 24.23–26), y Pablo repite esto más tarde cuando habla de los falsos apóstoles con su falso Cristo y falso Espíritu Santo (2 Co 11.3–5, 13–15). La pregunta se complica por el hecho de que hay dos palabras en el griego para referirse a «juzgar». Una es incorrecta (Ro 14.13), mientras que la otra es un aspecto esencial del discipulado cristiano (Flp 1.9). El «juicio» que no nos está permitido es llamado krino en griego y significa ‘juzgar a la persona o cosa como tal’, por ejemplo decir que «no tiene nada de bueno». Se nos permite juzgar aspectos específicos, lo cual es llamado dokimazo. Este juicio enfatiza cosas como «ésa fue una buena acción», «ésa persona tiene gran fe», «tal persona tiene mala doctrina en el área de...», etcétera. Por ejemplo, no está bien decir que «la bendición de Toronto no tiene absolutamente nada de bueno» ni que «todo lo que se refiere a la bendición de Toronto proviene de Dios». Cuando Jesús juzgó la herejía licenciosa de los nicolaítas en Apocalipsis dijo: «las obras de los Nicolaítas, las cuales aborrezco» (Ap 2.6). De esta manera especificaba lo que lo ofendía. De tal manera, usted puede decir con mucha más seguridad: «me preocupa tal manifestación», o «creo que está mal creer tal cosa».

Cómo somos engañados

Aquí hay veintidós formas comunes en las cuales la gente comete errores al juzgar movimientos de Dios.

1. No amar la verdad para ser salvos (2 Ts 2.10), teniendo más interés en lo práctico, las experiencias o los sentimientos que en los hechos, la verdad y la sana doctrina.

2. Creer rumores, fuentes poco confiables e informes sin confirmación (1 Ti 4.1–8).

3. Dejarse convencer por los halagos, a los cuales pocos somos inmunes. Los falsos profetas halagan a sus oyentes o hacen afirmaciones extravagantes y orgullosas (Ro 16.18, Jd 16).

4. Olvidar volver a las Escrituras y al Señor en busca de dirección (Jos 9.3–17, Hch 17.11).

5. Confirmar solamente una parte. Muchas herejías comienzan siendo ortodoxas y luego agregan cosas en el camino. Los que comienzan con el movimiento piensan: «lo que dijimos al comienzo era verdad y lo encontramos en las Escrituras. Aunque no podemos encontrar este nuevo aspecto en las Escrituras, de todas maneras debe ser cierto» (Ap 22.18, 19; 2 Pe 2.1; 3.13–18).

6. Decir: «si esto está mal, entonces lo opuesto debe estar bien». Por ejemplo: «Todo lo que recibí antes fue enseñanza bíblica sin vida. Entonces hice a un lado mi Biblia y ahora sólo tengo el Espíritu», o a la inversa: «Todo lo que vi como carismático resultó totalmente vacío, así que no quiero saber nada con gente que habla sobre el Espíritu Santo».

7. Dejarnos impresionar demasiado por «atributos mundanos», como una iglesia de buena apariencia, un predicador bien vestido, grandes congregaciones, expositores «internacionales». Estas cosas naturalmente nos impresionan y no tomamos el tiempo de examinarlas más profundamente para ver si existe un carácter piadoso, justicia y verdad. Las estadísticas no pueden medir la santidad. (Stg 2–3)

8. «Pero es el único grupo que cree ‘X’, y esto es fundamental». La mayoría de las sectas tienen una verdad bíblica central que han «redescubierto». Puede tratarse del hecho de que Dios nos habla personalmente, que las personas pueden vivir vidas santas, o cierta opinión del bautismo. Pero esa verdad redescubierta no hace que las restantes creencias sean buenas.

9. La novedad es atractiva en sí misma, pero no todas las cosas nuevas son de Dios. Tampoco es cierto que siempre están mal. El corazón de un verdadero movimiento de Dios tendrá el toque de la eternidad y de la verdad firme. Si algo es llamativo, nuevo y poco profundo, examínelo para ver qué hay detrás de las apariencias.

10. Reaccionar debido al temor o en forma apresurada en lugar de examinar las cosas calmadamente.

11. Juzgar desde una perspectiva puramente cultural. «Sabía que era un hombre de Dios por la forma en que sostenía su Biblia, hablaba, vestía, etcétera».

12. Sensaciones: «lo que se siente bien debe ser cierto». El prejuicio opuesto es: «si hay mucha emoción debe ser falso». Eso también lleva al error.

13. Una definición incorrecta de ‘bendición’. Por ejemplo, las emociones positivas equivalen a la bendición, las emociones negativas o la seriedad implican falta del Espíritu. La Biblia nunca llega a estas conclusiones. El gozo es una característica del carácter y no necesariamente se demuestra en la risa constante.

14. Una definición incorrecta del Espíritu Santo o de la presencia de Dios como un estado emocional humano en lugar de una presencia objetiva. «Tal emoción equivale a la presencia de Dios o del Espíritu Santo». En consecuencia, las personas terminan pensando que la presencia de tal emoción equivale a la presencia de Dios. Dado que los estados emocionales permanecen en nuestra memoria y podemos recordarlos o revivirlos voluntariamente, éstos pueden «hacer presente a Dios» en cualquier momento. El problema es que es el sentimiento, no el Señor, lo que está presente.

15. Equiparar la prosperidad económica con la bendición de Dios. Esto es común en el vocabulario cristiano. Desafortunadamente algunos son engañados al pensar que un predicador a quien le va bien en lo económico «evidentemente ha sido bendecido» y, por lo tanto, «es de Dios». Los falsos profetas generalmente reciben buena paga, mientras los verdaderos profetas muchas veces son perseguidos. Pablo no era próspero, y Pedro no tenía ni oro ni plata. Los héroes de la fe mencionados en Hebreos 11 «vivían en cuevas». Las riquezas no son señal de aprobación y la pobreza no es señal de desgracia.

16. Ser reacios a la predicación, la enseñanza y la teología; evitar la crítica de las modas, las tendencias y las decepciones evidentes. Algunas personas tienen un desagrado tan profundo por la «teología seca» que rechazan toda enseñanza. De esta manera descartan lo bueno junto con lo malo. Se abren a la decepción y terminan «volviendo a inventar la rueda», pasando por todos los altibajos y las herejías de la Iglesia primitiva.

17. Rechazar el aprender del pasado diciendo: «déjame aprender por mí mismo». Eso puede ser muy costoso y es una actitud que la Escritura asocia con el «necio» en el libro de Proverbios (Pr 12.15; 15.5; 18.2; 26.12).

18. «Si hay milagros debe estar bien». Todavía hay algunos milagros genuinos, pero no todos los milagros son de Dios. Algunos hacedores de milagros son en realidad «obreros de iniquidad» (Mt 7.5–21, 2 Ts 2.9). Los milagros «en el nombre de Jesús» no necesariamente indican que Dios está obrando, a menos que estén acompañados de justicia. Los milagros sin carácter son simplemente magia disfrazada.

19. La credulidad, nuestro deseo de ver un verdadero movimiento de Dios, puede abrirnos a la decepción (Mt 10.16).

20. Hacer juicios generales basados en una experiencia personal poderosa, ya sea buena o mala.

21. Decir: «si las personas están siendo salvadas, debe ser de Dios». Supongamos que alguien recibe a Cristo cuando está borracho en un casino a las tres de la mañana. Esto no significa que la borrachera, las aventuras nocturnas o los casinos sean de Dios. Las conversiones son una buena señal, pero debemos ver los resultados de las mismas luego de un buen tiempo. Jesús indicó esto cuando dijo que los fariseos convertidos eran «hijos del infierno» (Mt 23.15), implicando que sus «conversiones» no eran genuinas.

22. Exámenes equivocados. Hay toda clase de criterios para juzgar grupos. Algunos usan ciertas doctrinas periféricas como exámenes de ortodoxia. Si usted pasa ese examen, ha sido aprobado; de lo contrario es un hereje que va derecho al infierno. Mientras que la doctrina es importante, hay muy pocos exámenes críticos en las Escrituras. Las pruebas verdaderas de ser un cristiano son: el amor ágape práctico; la justicia; la fe en la encarnación, muerte, resurrección y deidad de Jesús, y la continuidad en comunión con los creyentes en el contexto de la tradición apostólica.

© Juan Antonio Edmiston. Tomado de Enernity Online Magazine (http://www.eternitymag.com/). Usado con permiso.

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