¡Sepultando la invalidez! ¡A evangelizar!

Solo porque los hermanos de su iglesia se sienten intimidados ante el concepto «evangelizar» no significa que no puedan contagiar a otros con su fe. El autor comparte su experiencia cuando descubrió cómo guiar a la iglesia que pastoreaba la cual, aunque deseaba alcanzar a otros para Cristo, se sentía inválida ante la tarea evangelizadora.
¡Sepultando la invalidez! ¡A evangelizar!

Hace unos años mientras buscaba en qué iglesia servir, revisé varios perfiles que me habían enviado ciertas congregaciones que andaban en busca de un pastor. Una de las preguntas que las iglesias deben responder en esos perfiles es: «Nombre dos o tres actividades específicas que su iglesia ha hecho para evangelizar su comunidad en el último año.»

Me dolió tanto ver respuestas como: «Dejamos que el Club Rotario local utilice nuestro salón una vez al mes para que tengan sus reuniones», o «Siempre anunciamos nuestro culto de Nochebuena en el periódico local». Parecía que pocas congregaciones estaban interesadas en ganar su mundo para Cristo.

Después, encontré una congregación que decía que estaba lista para evangelizar, esto me conmocionó por un momento. En mi primer año en la iglesia Cobblestone, dirigí un seminario de dos días sobre evangelización. Solamente tres personas asistieron. Aunque me sentí tentado a enviar mi hoja de vida a otras congregaciones, decidí quedarme y solo esperaba que algún día el Señor me llevara a una iglesia saludable donde la gente quisiera evangelizar.

Pero mientras esperaba, llegué a conocer a las personas. Descubrí que estaban dispuestos, incluso ansiosos en evangelizar. Solo que no era el tipo de evangelización que yo originalmente tenía en mente.

Re-defina la población que tiene como «objetivo»

Las conferencias a las que asistí recomendaban que uno tuviera en la mira a un grupo específico (adultos, jóvenes, etc.) y que preparara a la congregación para que alcanzara a esa población. El único problema era que nuestra congregación estaba conformada por varias generaciones. Entonces, ¿a cuál grupo se nos llamaba a alcanzar, y para el cual necesitábamos equiparnos?

Descubrí que las personas de mi iglesia tenían otra población en mente. Ellos estaban preocupados por sus amigos, compañeros de trabajo, y familiares (de todas las edades y grupos) que no conocían al Señor. Conforme seguíamos preguntándonos: «¿Cómo podemos alcanzar a nuestros seres queridos con el evangelio?», la gente empezó a evangelizar y personas inconversas se unieron a nuestra iglesia.

Deje de usar la palabra «evangelizar»

Para muchos, evangelizar es lo que Billy Graham hace cuando predica en estadios llenos de personas que buscan algo más y donde cientos pasan adelante para hacer una decisión. En mi congregación no existe una sola persona que crea poder hacer eso.

Para muchos, evangelizar significaba entrometerse en la vida de extraños para entregarles un tratado en el centro comercial o ir de puerta en puerta. Nadie quería hacer eso. Las personas aquí valoran mucho la privacidad, violar ese principio se percibe como un acto poco civil y descortés.

Un año después de mi fallado seminario de evangelización, decidí intentarlo de nuevo.

Una noche ofrecí una charla titulada «Cómo explicar el cristianismo a mis amigos». Me sentí lo suficientemente animado como para ofrecer otro llamado «Cómo compartir mi fe con personas que piensan que ya lo saben todo». Parece que mis hermanos sí están dispuestos a capacitarse en cómo evangelizar —siempre y cuando no use la palabra «evangelizar».

Establezca un ambiente donde se comparta la fe

Cuando presenté propuestas para desarrollar cultos que atrajeran personas que buscan cambiar sus vidas, la respuesta fue: «¿Por qué las personas inconversas no pueden aceptarnos tal como somos? Cuando llegamos por primera vez a esta iglesia, llegar a sentirnos cómodos nos llevó un tiempo, pero al final decidimos quedarnos. ¡Así que también ellos pueden hacerlo!»

¡Esta respuesta no vino de los miembros legendarios sino de aquellos que recientemente se habían unido a la iglesia!

A pesar de que no tenemos un culto especializado en este tipo de personas, me cuido de no usar jerga teológica en mis sermones y estudios bíblicos. Y si uso términos poco conocidos para las personas que aún no son cristianas, los defino para que sean comprensibles. Además, mis ilustraciones las tomo de la televisión, películas, deportes y música pop.

También escribí un pequeño folleto que explica las verdades básicas de la fe en un lenguaje sencillo para que las personas que viven en nuestra área puedan entenderlas. Estos folletos los colocamos en lugares estratégicos en nuestro templo.

En lugar de decirle a la gente tímida e introvertida que no tiene mucho conocimiento bíblico o capacitación teológica que guíen a sus seres queridos hasta Cristo, preparo a mi congregación para que sepan cómo invitar a sus amigos a formar parte de nuestra iglesia, donde pueden conocer a Cristo. Nuestros miembros invitan a sus amigos no solo a los cultos de los domingos por la mañana, sino también a nuestros eventos sociales.

De hecho, después de un espectáculo de talentos que organizó nuestra iglesia, ganamos varios nuevos miembros. Nunca hubiera creído que imitar a cantantes y personajes de la televisión podía ayudar a evangelizar, pero el Señor usó este espectáculo para tocar a las personas.

Nuestros miembros se sienten cómodos cuando invitan a otros a nuestros cultos porque saben que sus amigos obtendrán algo de esa invitación. Y muy a menudo he tenido que volver a suplir el estante con más de nuestros folletos.

Trabaje para disminuir los conflictos

Los visitantes se dan cuenta cuando algo no anda bien. Si lo perciben, rara vez regresan.

Mi primeras enseñanzas en la iglesia enfatizaban a la iglesia como una comunidad donde se practica el amor, la aceptación, el perdón, y la paciencia. Trato de practicar lo que predico con personas difíciles. Cuando las discusiones salen a relucir en las reuniones de junta, les recuerdo a todos que esa no es la forma en que la iglesia debe manejar un asunto.

Como resultado, el ambiente ha mejorado increíblemente; los visitantes casi siempre nos describen como una «congregación amigable y calurosa». Pude ver cómo ese tiempo invertido para reducir la tensión es realmente un tiempo en que la iglesia crece.

Fomente la oración de la congregación

¿Dios realmente hace que una iglesia crezca si las personas se lo piden —incluso si esa iglesia no tiene un programa agresivo de evangelización? En nuestra iglesia, Dios así lo ha hecho. Continuamente tenemos visitantes que nos dicen: «Simplemente sentimos que era tiempo de visitar una iglesia y por alguna razón llegamos hasta aquí.»

Cuando mi hija, Abigail, tenía tres años y medio, le preguntó a su mamá por qué no podía tener una clase de escuela dominical con niños de su propia edad. Mi esposa le explicó que no había niños de su edad en la iglesia así que le sugirió que orara para que llegaran algunos. Abigail empezó a orar con confianza para que llegaran más niños. Ese verano, empezaron a llegar nuevas familias y para el otoño mi hija ya tenía su clase —¡con ocho estudiantes! A pesar de que los pastores a menudo escuchan esta afirmación: «todo depende del liderazgo», la verdad es que «todo depende de Dios». Si usted puede hacer que su gente ore, seria y fielmente por un crecimiento, ¡usted ha logrado mucho!

Steve R. Bierly es pastor de la Iglesia Cobblestone en Schenectady, Nueva York.

Este artículo se publicó por primera vez en Leadership Journal usado con permiso. Título del original: Evangelism for the Ordinary Church. Copyright 1997 © por el autor o por Christianity Today International. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados. Copyright 2005

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