La ineludible tarea de caminar hacia la madurez

El contenido en este artículo es el resultado de más de veinte años de observación, investigación y experiencia. El autor comenzó a preocuparse por el hecho de que pocas personas con quienes él se conectaba comprendían cuáles eran las tareas fundamentales requeridas para la madurez —y los que sí entendían por lo general no encontraban la forma de enseñárselo a otros.
La ineludible tarea de caminar hacia la madurez

Madurar es lograr el potencial que Dios nos ha dado. Significa optimizar nuestras habilidades y talentos, y usarlos eficazmente, mientras crecemos hasta llegar al potencial total de nuestros diseños individuales. Jim Wilder

La información sobre madurez que se encuentra en este artículo es el resultado de más de veinte años de observación, investigación y experiencia. Jim Wilder comenzó a preocuparse por el hecho de que pocas personas con quienes él se conectaba comprendían en verdad cuáles eran las tareas fundamentales requeridas para la maduración —y los que sí entendían por lo general no encontraban la forma de enseñárselo a otros. Afortunadamente, fue inspirado por el hecho de que existen importantes secciones de información en teología, psicología, medicina y neurología sobre el tema de la madurez. De modo que comenzó a estudiar y a sintetizar, y lo que usted tiene delante ahora es una introducción a esa información.

Tener suficiente fortaleza de gozo constituye el fundamento para toda madurez y crecimiento. Es interesante que una casa con fundamento débil o fracturado por muchos años parece estar bien exteriormente, pero, con el correr del tiempo, el clima y las condiciones de presión revelarán la deficiencia, y la casa comenzará el doloroso proceso del derrumbe. Del mismo modo, las personas que no tienen la adecuada fortaleza de gozo, que significa un «centro de gozo» subdesarrollado en el sector derecho del cerebro, parecen estar «diez puntos» por los primeros veinte o quizá treinta años de vida, pero luego el desgaste de la vida revela las fallas de construcción, y comienza el doloroso proceso del derrumbe.

Una casa sin una base firme, por ejemplo, no puede soportar la presión de una tormenta de granizo o un terremoto, ni puede sobrevivir ante las presiones de refacciones. Del mismo modo, una persona sin una firme base de gozo no puede soportar el estrés de separaciones o pérdidas, ni sobrevivir bajo las presiones surgidas por el crecimiento y la maduración.

Es evidente, entonces, que es de vital importancia colocar fundamentos. Cualquier arquitecto sabe que un buen fundamento contribuye al éxito y duración de todo el edificio. Te podrás preguntar: ¿qué ocurre entonces con aquellos que no colocaron bien el fundamento de gozo desde el principio? ¿Ha sido destruida por completo su posibilidad de recuperación y madurez?

Felizmente para nosotros, durante los últimos cinco años, la neurociencia ha hecho enormes avances en la investigación, lo cual nos permite responder a esta pregunta. Al aprender de la ciencia emergente y la investigación en desarrollo, siempre nos maravilla la infinita majestad y esplendor de Dios. En su sabiduría omnipotente Dios sabía que habría deficiencias, de modo que creó el cerebro con la capacidad de compensación. Si bien la mayor parte del cerebro deja de crecer en ciertas etapas del desarrollo, el «centro de gozo» del cerebro, situado en la corteza prefrontal orbital derecha, nunca pierde su capacidad de crecer. ¡Es la única sección del cerebro que retiene la capacidad de crecer durante toda nuestra vida, lo que significa que «la fortaleza del gozo» siempre puede seguir desarrollándose!

¿Qué es lo que lo hace crecer?, te preguntarás. Hay crecimiento en respuesta a relaciones verdaderas, repletas de gozo. No nos referimos a relaciones casuales, superficiales. Pero cuando las personas están ocupadas en relaciones de vínculos, auténticas, demostrando verdadero gozo, (¡Me encanta estar contigo!), ¡esta sección del cerebro crecerá a cualquier edad! Y si bien este crecimiento del cerebro es más lento que en los períodos óptimos de desarrollo, la realidad es que es posible colocar nuevos fundamentos, reparar los dañados, y no es necesario que la madurez quede atascada sin reparación.

Vínculos de temor y vínculos de amor

La maduración requiere vínculos entre personas: son el fundamento sobre el cual se construye la madurez. Los vínculos son las conexiones que nos dan vitalidad, motivan nuestras acciones y establecen nuestra identidad. El intercambio de recibir y dar en nuestros vínculos conforman nuestra visión de lo que es verdaderamente importante. Hay dos tipos de vínculos esencialmente diferentes e incompatibles: uno basado en el temor y el otro en el amor. Los vínculos de temor se forman en función de evitar sentimientos negativos y de dolor. Los vínculos de amor se forman alrededor del deseo, y del gozo al procurar estar con personas que son importantes para nosotros. Los vínculos de temor estimulan a las personas a evitar el dolor proveniente del rechazo, el temor, la vergüenza, la humillación, el abandono, la culpa o aun el abuso físico. Los vínculos de amor motivan a las personas a vivir en verdad, cercanía, gozo, paz, perseverancia, bondad y en brindarse en forma auténtica. (Véase el cuadro en la página ).

Los vínculos de temor y los vínculos de amor que experimentamos durante los años formativos determinan cómo nos motivaremos. Cuando estamos temerosos, nos amenazamos a nosotros mismos con lo que ocurrirá si no llegamos al trabajo a horario, si no perdemos peso, si no ahorramos dinero, o si no tratamos de evitar que nuestra pareja se enoje. Pensamos acerca de cosas que pueden salir mal. Nos preocupamos, nos sentimos culpables, huimos de la vergüenza, y culpamos a otros. Nos paralizamos emocionalmente. Funcionamos muy por debajo de nuestro potencial.

Los vínculos de amor, por otro lado, nos motivan a permanecer fieles bajo presión, a ayudar a otros a ser todo lo que fueron creados para ser, a estar dispuestos a soportar el dolor para poder estar más cerca de los que amamos, y a decir la verdad aun cuando duela. Pensamos cómo ve Dios a otros. No estamos controlados por el temor porque sabemos que siempre hay algo más importante que demanda nuestra atención y devoción. No hay temor en el amor porque el perfecto amor echa fuera el temor.

VÍNCULOS DE AMOR versus VÍNCULOS DE TEMOR EN LAS RELACIONES

VÍNCULOS DE AMOR

  1. Basados en amor y caracterizados por verdad, cercanía, intimidad, gozo, paz, perseverancia y entrega auténtica.
  2. El vínculo es impulsado por el deseo. (Tengo un vínculo porque quiero estar contigo.)
  3. Los vínculos de amor se fortalecen tanto cuando nos acercamos como cuando nos alejamos. (Cuando nos acercamos, te llego a conocer mejor. Cuando nos alejamos, sigo disfrutando de mis recuerdos de ti.)
  4. Podemos compartir tanto sentimientos positivos como negativos. El vínculo se fortalece al compartir de verdad.
  5. Los participantes en ambos extremos del vínculo se benefician; el vínculo anima a todos a ser ellos mismos.
  6. La verdad impregna la relación.
  7. Los vínculos de amor maduran y hacen crecer a las personas, capacitándolas para poder descubrir sus corazones.
  8. Los vínculos de amor operan desde el frente del cerebro (el centro del gozo), y gobiernan sobre «¿cómo puedo ser yo mismo?»

VÍNCULOS DE TEMOR

  1. Basados en el temor y caracterizados por dolor, humillación, desesperación, vergüenza, culpa, y/o temor de rechazo, abandono u otras consecuencias perjudiciales.
  2. El vínculo es impulsado por la necesidad de evitar. (Formo un vínculo porque quiero evitar sentimientos negativos o dolor)
  3. Los vínculos de temor sólo se fortalecen al acercarnos o al alejarnos más. (Cuanto más cerca estamos mayor es el temor, de modo que tengo que evitar la cercanía, o bien, cuanto más me alejo más aumenta el temor, así que tengo que manipular el estar cerca.)
  4. No podemos compartir tanto sentimientos positivos como negativos. El vínculo se fortalece por 1) evitar sentimientos negativos o positivos, o bien, 2)buscar sólo sentimientos negativos o sólo sentimiento positivos.
  5. Los participantes en un extremo del vínculo logran una ventaja; el vínculo en realidad inhibe a la personas de ser ellos mismos.
  6. Se hacen indispensables el engaño y la simulación.
  7. Los vínculos de temor restringen y coartan cada vez más el crecimiento, impidiendo que las personas descubran sus corazones.
  8. Los vínculos de temor operan desde la parte posterior del cerebro, y gobiernan sobre «¿cómo resuelvo problemas?»

Los vínculos de temor y los de amor pueden coexistir en la misma familia o en un individuo. En última instancia, un determinado vínculo de temor o de amor llegará a ser el de mayor influencia. Ese vínculo de temor o de amor aumentará hasta que domine a la persona, o puede llegar a dominar a toda una familia. A medida que crecemos, sanamos y maduramos dejamos atrás los vínculos de temor y los reemplazamos con vínculos de amor. Somos guiados por metas que deseamos, antes que por evitar desastres que tememos. El único temor que de verdad tiene sentido es el temor a Dios porque si mantenemos nuestra vista en él por temor, siempre descubriremos que él nos ama.

Transformando vínculos de temor en vínculos de amor

Una manera de saber si uno está en una relación con vínculos de amor es cómo nos sentimos cuando hemos estado con esa persona. Si por lo general te sientes satisfecho, estimulado, seguro y confiado después de estar juntos, es muy probable que tengas un vínculo de amor. Los vínculos de amor tienden a fortalecernos y lograr que demos lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, si te sientes ansioso, tenso, confundido o exhausto después de estar con esa persona, es muy probable que la relación esté basada en vínculos de temor.

Aunque es difícil, es posible transformar los vínculos de temor en vínculos de amor. Cuando tengas éxito en lograr eso, ambas personas tendrán mucha mayor posibilidad de experimentar gozo y de volver al gozo en la relación. Para hacer el cambio esencial primero es necesario poder responder a dos importantes preguntas acerca de ti mismo. 1) ¿Me conozco a mí mismo, y estoy consciente de lo que implica ser fiel a lo que yo mismo soy? 2) ¿Puedo mantener mi sentido de identidad en esta relación?

Pasos esenciales para cambiar de vínculos de temor a vínculos de amor

1. Conócete y disfruta la persona que eres en realidad

Una relación basada en un vínculo de amor requiere de dos individuos que conozcan sus verdaderas identidades. Por tanto, es vital conocer y disfrutar los aspectos importantes de quién eres antes de poder tener un buen vínculo con otros. Por ejemplo: ¿Qué te produce gran satisfacción? ¿De qué atributos personales más te enorgulleces? ¿Qué te ayuda a experimentar gozo? ¿Puedes volver al gozo después de experimentar sentimientos adversos sin actuar de tal forma que más tarde te lamentes? ¿Sientes que necesitas prestigio o posesiones para que otros te quieran? ¿Tus relaciones presentes están caracterizadas por amor y libertad o por necesidad y temor? ¿Puedes ser tú mismo en tus relaciones? ¿Permites en tus relaciones que otras personas sean lo que realmente son?

2. Hazte responsable por tus propias acciones y sentimientos

En los vínculos de temor, las personas a menudo piensan que tienen que adivinar lo que la otra persona está pensando o sintiendo, y luego evitar que se sientan molestos. Aunque pudiéramos leer los pensamientos de otro, no podríamos controlar cómo reaccionarían ante nosotros, ni es esa nuestra responsabilidad. Somos responsables por nuestras propias acciones. Eso es todo lo que podemos controlar. Añadimos temor a la relación cuando controlamos o manipulamos o nos encerramos para que la otra persona tenga que adivinar qué estamos pensando o sintiendo. Al hacernos responsables por nosotros mismos, pero sin controlar a otros, les enviamos un mensaje de que no operamos desde el temor o la desesperación, y de que ellos tampoco necesitan hacerlo.

3. Reconoce los vínculos de temor que están presentes en tus relaciones

A menudo no nos percatamos de los temores que nos motivan en una relación. Es típico que los vínculos de temor giren alrededor de estos temores:

  • Temor del rechazo: «Tengo que hacer todo lo posible para que esta relación sobreviva.»
  • Temor del enojo: «No tolero que alguien esté enojado conmigo.»
  • Temor de ser avergonzado: «No puedo permitir que alguien vea mis debilidades y fallas.»

4. Deja de controlar los resultados

Debido a que los vínculos de amor se basan en tu capacidad de volver al gozo, no dependen de las respuestas o conductas del otro. Más bien, se basan en que seas tú mismo en todas las situaciones y saber que eres alguien agradable. Es interesante que una vez que dejes de controlar las relaciones sintiéndote responsable por la conducta de otro y sencillamente te concentres en ser tú mismo, las probabilidades de ver los resultados que ansías aumentarán.

Etapas en la maduración

Aquí ofrecemos un vistazo de las etapas en la maduración. La edad física de una persona no determina su nivel de madurez sino que cumple satisfactoriamente los requerimientos de la madurez. Cada etapa incluye todas las necesidades y tareas de la anterior. Las edades listadas indican cuando las tareas pueden lograrse por primera vez. No suelen lograrse antes de tiempo, pero pueden suplirse más tarde en la vida si existiesen deficiencias.

Infante (0–3). A través de esta exposición utilizaremos el término «infante» en forma amplia para incluir tanto a niños como adultos que están en la etapa de 0–3 años de desarrollo.

La necesidad fundamental del infante es recibir amor y cuidado incondicionales. El recibir siempre precede al dar. Jamás seremos capaces de dar efectivamente hasta que hayamos recibido. Cuando nuestras necesidades básicas de dependencia han sido suplidas, somos motivados a ser independientes y a comenzar a cuidarnos a nosotros mismos. Si nuestras necesidades primarias de dependencia no son suplidas, pasaremos el resto de nuestras vidas procurando que otros nos cuiden. Por eso durante la mayor parte de esta etapa, los padres tienen que suplir las necesidades del infante reconociendo cuándo ese pequeñito necesita ser alimentado, abrazado, consolado o acunado. La enseñanza y la disciplina son necesarias cuando el bebé da sus primeros pasos, por supuesto, pero una buena enseñanza no quita la imperiosa necesidad que el niño de 0–3 años tiene de aprender a recibir.

El desarrollo del gozo es el fundamento en esta primera etapa. Los infantes necesitan ser «el brillo en el ojo de alguien» y estar con personas que se sienten «felices de estar con ellos» para que puedan vivir en gozo y aprender que el gozo es el estado normal de una persona. Estas condiciones en verdad aumentan el «centro de gozo» del cerebro que tendrá «control ejecutivo» sobre sus sistemas emocionales por el resto de sus vidas. Si bien el primer año de desarrollo está dedicado a construir gozo, el niño de más de doce meses de edad comienza la importante tarea de regresar al gozo después de una emoción desagradable.

Los «adultos infantes» que como bebés no fueron receptores en estas importantes áreas, siempre serán adultos con necesidades. No podrán cuidar de sí mismos emocionalmente ni tampoco podrán recibir en forma apropiada cosas importantes de otros. Los adultos infantes no pedirán lo que necesitan porque creen que si los demás los quisieran de verdad, se darían cuenta qué es lo que están necesitando. Los adultos infantes no pueden manejar la crítica aunque sea válida y constructiva porque consideran que una retroalimentación negativa es un ataque personal A menudo son posesivos en las relaciones, con el territorio, el poder y las posesiones. Lamentablemente para todos los involucrados, también usan vínculos de temor para asegurarse de que los demás permanezcan enlazados a ellos. Y mientras que adultos infantes bien capacitados pueden parecer responsables en muchas áreas, como manejar finanzas personales y ser puntuales y confiables, emocionalmente están gravemente discapacitados y se les dificulta relacionarse con éxito y en forma perdurable.

Niño (4–12). Cuando el infante aprende a decir lo que le hace falta está en la transición a la etapa siguiente. Al progresar hacia la pubertad, sigue siendo importante recibir amor sin merecerlo. Las recompensas deben ser ganadas, pero no el amor; eso es incondicional.

Aprender a cuidar de uno mismo requiere la incorporación de varias tareas personales. 1) El niño tiene que aprender a decir lo que piensa y siente y en forma apropiada pedir lo que necesita. Cuando los adultos no han aprendido a hacer esto, a menudo están frustrados porque sus necesidades no son suplidas y sus voces no son oídas. 2) Los niños deben aprender a darse cuenta de qué les produce satisfacción. Si las personas nunca aprenden qué es lo que los satisface, otros decidirán por ellos. 3) Los niños tienen que aprender cómo hacer cosas difíciles. Esto requiere desarrollar paciencia y persistencia, y necesitan de algunas guías. 4) Los niños necesitan desarrollar sus talentos y recursos personales. De otro modo, son altamente susceptibles a llenar sus vidas con actividades improductivas que no les satisfacen. 5) El cuidado de sí mismos requiere conocerse a sí mismos y hacer que otros puedan conocerlos. 6) Al estudiar sus historias personales los niños pueden comprender el presente mejor y ser más eficaces en moldear el futuro.

Los «adultos niños» (personas que tienen cuerpos adultos pero emocionalmente están al nivel del niño en cuanto a la madurez) siempre se mostrarán egocéntricos. A diferencia de «adultos infantes» que no se pueden cuidar a sí mismos, los «adultos niños» sí lo pueden hacer, pero sólo eso —y a menudo es a costas de otros.

Adulto (13 – nacimiento del primer hijo). Uno se da cuenta cuando una persona se ha graduado del nivel niño de madurez y pasa al del adulto porque pasará de ser un niño egocéntrico a un adulto ambicéntrico. Si bien un niño necesita aprender la justicia centrada en sí mismo (cómo lograr que sea justo para mí), un adulto aprenderá justicia centrada en nosotros (cómo hago para que sea justo para nosotros). La mutualidad es la marca de un adulto porque puede cuidar de dos personas al mismo tiempo. Las interacciones con personas con cuerpos adultos que están funcionando debajo del nivel adulto de madurez nunca serán mutuas. Establecer relaciones recíprocas y desarrollar una identidad grupal son también importantes tareas adultas.

Los adultos saben cómo mantenerse estables en situaciones difíciles y pueden regresar ellos mismos y a otros al gozo. Las personas que no pueden hacer esto evitarán, escaparán o se atascarán en ciertas emociones, obstruyendo muchos de sus esfuerzos y relaciones.

Finalmente, un adulto necesita expresar las características de su corazón de manera profunda y personal. Las personas que en verdad saben quiénes son comprenden que las características de su corazón, que Dios les ha dado, se expresan en sus pasiones, propósitos, talentos, y aun sufrimientos. El adulto aprende a hablar claramente acerca de sus propia identidad para que los demás conozcan el significado de sus sentimientos.

Padre (desde el nacimiento del primer hijo hasta que el menor es adulto). Ser padre biológico no nos coloca automáticamente en la etapa de padre en la madurez. En realidad, muchos padres no están en este nivel. Se sabe que uno está en la etapa de padre, sin embargo, cuando sacrificadamente cuida de sus hijos sin resentir el sacrificio ni esperando recibir algo por sus esfuerzos. Uno se puede sentir agotado o abrumado a veces, pero igual podrá hacer sacrificios con alegría y no de mala gana. Es de vital importancia que los padres aprendan cómo proteger, servir y disfrutar de sus familias. Lamentablemente, una filosofía de prerrogativas también impregna la paternidad moderna: «Tengo derecho de hacer todo lo que hacía como adulto, y no debiera tener que hacer ningún sacrificio de tiempo, dinero o actividades sociales.» Queremos que esto quede claro: ¡La paternidad involucra sacrificio pero no consiste en despojarte de lo que eres! ¡Es ser quien eres!

Mayor (comienza cuando el hijo menor llega a ser adulto). Tristemente, la mayoría en nuestra cultura nunca llega a este nivel de madurez. Es lamentable porque el éxito de cualquier país, comunidad, escuela o congregación de iglesia está directamente relacionado con la presencia de verdaderos mayores que guíen y den consejos. Para calificar como mayor uno tiene que haber criado hijos hasta la madurez y completado todas las etapas previas de maduración.

Los verdaderos mayores saben actuar como ellos mismos en medio de dificultades. También están dispuestos y capacitados para ser padres para la comunidad y hacerla madurar. Pueden manejar la crítica y el rechazo, hablar la verdad aun cuando no sea fácil o popular, servir sin ser apreciado, estimular el necesario crecimiento y cambio, deleitarse en las aptitudes y poder de los jóvenes, y colocar lo que es mejor para la comunidad por encima de la justicia o preferencias personales. Además, los verdaderos mayores valoran a todos los miembros de la comunidad y los ven como Dios los ve, obviando sus fallas y caretas para ver las personas que en verdad debieran ser.

Cómo maduran las personas

Estamos listos para ver cómo operan juntos los tres componentes del Modelo de Vida: madurez, recuperación y pertenencia. No se puede entender la una sin la otra. Las personas tienen un deseo interior dado por Dios de aumentar su madurez para poder vivir según sus corazones. La madurez a menudo está bloqueada, y las trabas generalmente provienen de deficiencias en las otras dos áreas, desde recuperación inconclusa de traumas, hasta la falta de relaciones vitales.

La maduración requiere dos elementos: 1) El individuo completa las áreas de madurez, y 2) la familia y la comunidad proveen lo que es necesario para la maduración. Resulta muy grave no completar estas tareas, lo cual produce las fallas en la madurez. Cuando la familia y la comunidad fallan el déficit es la ocurrencia de un trauma del Tipo A (Nota 1). La recuperación de traumas está relacionada con la madurez y depende de aportes específicos de parte de la familia y la comunidad. Las personas no se pueden preparar para dar vida a menos que la reciban.

La vida en una comunidad es mejor cuando las personas tienen relaciones vitales que proveen vida junto con otros en todas las etapas de la vida. Los infantes necesitan otros niños más grandes, adultos, padres y mayores alrededor de ellos para poder aprender las lecciones que ayudan a cada infante a progresar a la próxima etapa de la vida. Lo mismo se aplica a personas en todas las otras etapas. Los mayores necesitan a los infantes tanto como los infantes necesitan a los mayores. Todos necesitamos relaciones positivas con personas de cada una de las otras etapas para poder lograr éxito en el período de la vida en que nos encontremos.

La maduración nunca termina, y las personas necesitan relaciones permanentes de familia y de comunidad para no quedarse atascadas en su progreso hacia la madurez. Las personas necesitan saber quiénes son y que con frecuencia sus seres queridos se los hagan recordar. Pertenecer a una familia es indispensable para todos, especialmente para viudas, huérfanos, aquellos que no tienen hijos, o que son solteros.

La familia y la comunidad proveen las personas que crean el ambiente que encauza a las siguientes generaciones en una u otra dirección. Una de esas direcciones está impulsada por vínculos de amor; la otra por vínculos de temor. Esa preparación para llegar a ser una persona, ya sea dadora o «drenadora» de vida, pasa entonces a la próxima generación. Todos estamos capacitados ya sea para dar a otros vida o para quitársela. ¡Con razón la Biblia es tan enfática acerca de amarnos unos a otros, de llevar las cargas los unos de los otros, y de ser participantes activos en la familia de Dios!

Lecciones importantes

Hemos encontrado que cuando las personas nos solicitan ayuda, muchas veces hay tareas de maduración inconclusas que limitan su capacidad para recibir y dar vida. Nuestra extensa investigación sobre madurez nos ha enseñado varias lecciones importantes. Aquí damos cuatro de esas lecciones que necesitan ser enfatizadas.

  1. En general, nuestra cultura se desempeña pobremente en el área de maduración, y tristemente, la mayoría de nuestra población quizá opera en el nivel de infante o niño en la maduración. Esto se hace evidente cuando uno observa los matrimonios quebrados, niños abusados o abandonados, altos niveles de violencia, y problemas de abuso de drogas y adicción sexual. Esta realidad es otra poderosa razón para enseñar a la gente acerca de la madurez.
  2. La madurez no es un don espiritual ni un subproducto de la salvación. La salvación, la liberación, la sanidad y la redención pertenecen todas a Dios. La madurez es nuestra responsabilidad.
  3. Al elevar el nivel de madurez aumenta el éxito y la satisfacción de los matrimonios, de la paternidad y del liderazgo. Como cristianos se torna peligroso además de anti-bíblico dormirnos en los laureles y suponer con arrogancia que porque somos salvos, automáticamente maduramos. Los cristianos son llamados a ser maduros y tienen que trabajar en ello continuamente —tanto para sus propias vidas como para que sus iglesias experimenten la riqueza que provee una comunidad que ayuda a la maduración.
  4. La falta de «familia» y el dolor producido por traumas no resueltos pueden obstaculizar gravemente el proceso de maduración (Nota 2).

Cómo quitar los obstáculos en tu proceso de maduración

  1. En forma intencional busca relaciones caracterizadas por vínculos de amor que te ayudarán a ser todo lo que Dios quiso que fueses.
  2. Identifica algunas tareas de maduración que te sean difíciles, y con oración procura desarrollar madurez en esas áreas.
  3. Identifica las heridas del pasado que han detenido tu maduración. Busca ayuda de un amigo confiable o de un terapeuta para poder comenzar el proceso de sanidad y recuperación.

Notas del editor:

1. Los autores de El modelo de vida reconocen dos categorías de traumas: Trauma Tipo A: consiste en la ausencia de experiencias positivas que todos necesitamos para crecer. Los traumas Tipo B: son las experiencias negativas que no debieran haber sucedido. Si desea una exposición más amplia sobre el tema consulte capítulos 1 y 2 de la obra mencionada.

2. Los capítulos 3 y 4 del libro El modelo de vida explican cómo quitar esas trabas.

Tomado y adaptado del libro El modelo de vida, Jim Wilder, Desarrollo Cristiano Internacional, 2000. ¿Interesado en este libro? ¿Desea más información? Haga click AQUÍ y descubra cómo puede obtenerlo.

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