Cómo enfrentar la mentalidad posmoderna

La mentalidad del posmodernismo inunda casi todos los aspectos de la vida diaria. Entonces, ¿cómo se sitúa uno, como cristiano, frente a este modo de ver el mundo? ¿Qué cosas admitir y qué rechazar de su postura?
Cómo enfrentar la mentalidad posmoderna

Fue durante una charla informal con un alumno, a propósito de su tesis. En un momento de la conversación le dije:

–Habrá muchas interpretaciones igualmente válidas sobre un hecho histórico, pero en última instancia hubo un "algo" que descalificaría a muchas de ellas como falsas.

Me miró con una sonrisa paternalista, y dijo:

–Se ha venido muy "metafísica", profe.

–¡Noo! –protesté; porque hoy, decirle a alguien que está muy "metafísico" es casi un insulto.

En realidad, toda actitud que intenta afirmar algo racionalmente yerra "el camino posmoderno".

El cuestionamiento de la razón no es nuevo. Todo lo contrario. Desde hace más de un siglo hubo una actitud cauta hacia los desbordes del racionalismo. Se la entendía como una actitud vigilante ante los abusos de la razón, sin por ello rechazarla.

Aun los llamados "filósofos de la sospecha" (Nietzsche, Marx y Freud) no desechaban el discurso racional: Marx apelaba a "la ciencia" para demostrar su análisis, Freud señalaba la irracionalidad desde "lo racional", y los rebeldes morales justificaban "moralmente" su disconformismo. El lenguaje racional y moral todavía era moneda de peso aunque se lo atacara abiertamente: Nietzsche, advirtiendo que el discurso moral era un arma para ejercer poder sobre los otros; Marx, señalando el vínculo entre las clases dominantes y el lenguaje que legitimaba su explotación, y Freud desnudando la red de represiones subconscientes que moldean la infancia.

Pero todos ellos, como el resto de los pensadores anteriores al auge de la posmodernidad, creían en una verdad última capaz de justificar lo que afirmaban. Ya no es así.

Voy a citar resumidamente de un libro de Richard Rorty, Contingency, Irony, Solidarity, (Cambridge University Press, págs. 1-15) para ejemplificar esta nueva mentalidad:

La verdad no existe, la inventamos. Los primeros en hacerlo fueron los utopistas dejando de lado la cuestión de buscar la voluntad de Dios y decidir soñar una nueva sociedad. A ellos se le unieron los artistas cuando dejaron de copiar la naturaleza, para expresar lo que imaginaban de ella… El espíritu utópico y romántico será el fermento que anime las nuevas respuestas a la pregunta por el sentido de la vida. Pero ningún sentido será definitivo, sino transitorio. La posmodernidad pasará a inspirar a utopistas, artistas y literatos. Aun la ciencia aceptará que también ella es metafórica (es decir, basada en modelos simbólicos, imaginados), como el resto de la cultura humana… No hay nada dado, nada que pueda llamarse "naturaleza" humana inherente. Tampoco existe "la verdad", sólo verdades útiles, transitorias… Las cosas son según las definamos: un juego del lenguaje es tan válido como otro y no hay referentes que convaliden lo que decimos. No hay "un" mundo, ni "una naturaleza humana", que pueda darle la razón a Freud vs. San Pablo, a Aristóteles vs. William Blake… ¿De dónde saldrán las nuevas significaciones para la vida? De ningún lugar autorizado. Simplemente surgirán, se sucederán, nos acostumbraremos a ellas. No hay razones para justificar el ateísmo ni el deísmo, la amistad o el divorcio, "lo bueno" o "lo malo". Si antes se hablaba de explicar el mundo y tener una voluntad de verdad, ahora debemos hablar de inventar el mundo y tener una voluntad para la libertad creadora… La realidad no tiene un "telos", una finalidad. Tampoco se puede dar razones normativas sobre preferencias morales…

Y así, y así…

Las palabras elegidas para título del libro (Contingencia, ironía y solidaridad) nos ayudan a comprender cuáles son los valores "posmodernos". (Los posmodernos franceses son similares, aunque posiblemente más cáusticos. Tienen un desprecio particular por la civilización occidental, por todo autoritarismo, por cánones de sexualidad, y por toda forma de discriminación).

"Contingencia", porque todo discurso humano es transitorio, carece de peso o de necesidad, que es lo mismo que decir que no hay verdades definitivas. "Ironía", porque la única actitud aceptable frente a lo que dicen otros (o decimos nosotros) es saber que cualquier afirmación pronto pasará de moda. Y "solidaridad", porque el mundo posmoderno sabrá tolerar las "diferencias" y solidarizarse con las minorías. Uno de los conceptos más caros a la posmodernidad es precisamente la tolerancia: diferencias de piel, de género, de inclinación sexual, de costumbres, deben ser toleradas. Teóricamente, los posmodernos están del lado de los "diferentes". Sin embargo, no son tolerantes con el mensaje cristiano. Prefieren aceptar novedades de todo matiz y escuchar con curiosidad cualquier doctrina esotérica. Conozco personalmente académicos que creen en gurúes o practican meditación trascendental, pero no toleran la fe cristiana. ¿Por qué? Porque sus exigencias son exclusivas y sus demandas morales absolutas. En consecuencia, eso provoca su antagonismo total y explícito.

El diálogo citado más arriba con uno de mis alumnos se repite frecuentemente, y esa mentalidad se ha filtrado en las mentes jóvenes. Saben de mi fe cristiana y me respetan porque no pretendo imponerles argumentos lógicos para hacerla racionalmente válida. Puedo, incluso, admitir como Pablo el carácter "escandaloso" de mi fe, claramente "una locura" para ellos pero "poder de Dios" para mi vida.

Sin embargo, no dejo de preguntarme: ¿Cómo se sitúa uno, como cristiano, frente a este modo de ver el mundo? ¿Qué cosas admitir y qué rechazar de su postura?

Por lo pronto, creo que Jesús no habría demonizado totalmente la civilización occidental y sus logros tecnológicos, como lo hace la posmodernidad. Hay mucho de bueno en ellos. Pero cuando la tecnología se muestra impotente para frenar el avance de la avaricia y la explotación, no podemos aprobarla.

Lo problemático de la mentalidad posmoderna es que haya descartado absolutamente el concepto mismo de verdad. El posmoderno es un desenmascarador irónico de toda afirmación. Su ironía sobrepasa la indiferencia que sintió Pilato cuando murmuró: ¿Qué es verdad? Creo que Jesús terminó callando frente a Pilato porque advirtió que la verdad había dejado de importarle. ¿Terminaremos callando porque advertimos que estamos frente a interlocutores irónicos y que la verdad ha dejado de importar? Creo que no. Creo que el poder del evangelio también puede disipar, en ciertas circunstancias, las nubes de la ironía. Esto es así porque la fe cristiana no se basa en argumentos racionales sino en la autoridad del Hijo de Dios: Jesucristo crea la verdad, la hace visible, la trae a luz. Si leemos la Biblia para ver cuál es la base de la verdad y el conocimiento, nos encontramos con afirmaciones sorprendentes. Jesús les propuso a los incrédulos creer en sus obras ya que no creían en sus palabras, o analizar el sentido de las Escrituras que hablaban de Él, ya que confiaban en ellas, o simplemente ser más abiertos hacia Dios para poder escuchar su mensaje (Jn. 5). Jesús también advirtió a sus seguidores que no tendrían conocimiento real sin un amor y una compasión reales. Para Jesús había una profunda relación entre el conocimiento y la ética. No es difícil advertir porqué: ¿De qué sirven por cierto la ciencia, el arte, la tecnología, si abren las puertas a la codicia económica, a la pornografía literaria, y a la manipulación humana?

Algunos han dicho que ahora que hay una libertad ilimitada para "imaginar" discursos sin estar sujetos a verdades oficiales, como cristianos tendremos mayor libertad para ofrecer el mensaje de Cristo de maneras nuevas y creativas. Pero el mensaje de Cristo siempre seguirá siendo una demanda a la totalidad de nuestro entendimiento y una invitación a lo más íntimo de nuestra moral. Es un mensaje de una exigencia total y excluyente: y ese tipo de mensaje es precisamente el que estará cada vez más desprestigiado dentro del espíritu de la posmodernidad. Escucharemos decir con más frecuencia, como dijo Borges, que "la teología cristiana es la más fascinante ciencia ficción que se haya producido" (cf. Diálogos Borges Sábato, Comp. Orlando Barone, Ed. Sudamericana, 1997).

Pero esta forma de ironía difícilmente se sostendrá en todas las circunstancias, porque nadie puede permanecer en la ironía como forma de vida: la complejidad de la vida humana lo impide.

¿Es posible acostumbrarse a escuchar todas las interpretaciones (incluyendo la nuestra) sabiendo que no hay referentes que atestigüen su valor de verdad?

¿Es posible acostumbrarnos a considerar con ironía toda forma de amor incluyendo el que nos dicta nuestro corazón?

¿Es posible ser irónicos frente al dolor y a la injusticia? (Cuando R. Rorty intenta en su libro rescatar la solidaridad como uno de los rasgos de la posmodernidad nos preguntamos: ¿por qué habría de salvarse esta virtud del efecto corrosivo de la ironía? Su alegato no es muy convincente).

¿Es posible acostumbrarnos a elegir lo "políticamente correcto" para la sociedad en que vivimos aunque implique formas éticamente inaceptables?

Cuando la mentalidad irónica entra en quiebra ¿qué tenemos para ofrecer? La responsabilidad del cristiano es mostrar un estilo de vida absolutamente no-discriminatorio, porque está basado en el amor y la gracia de Jesucristo hacia el pecador, y –a la vez– totalmente comprometido con la santidad y la justicia de un Dios que odia el pecado. La disponibilidad real del amor no pasará desapercibida. Es más: creo que en medio de este mundo que nos espera el cristiano podrá brillar como una gema de gran precio: el creyente será alguien capaz de confiar en Jesucristo como la verdad porque Él es un referente creíble. Su persona trasciende todos los discursos humanos y va más allá de todas las interpretaciones.

El cristiano tampoco se limitará a ejercer "tolerancia" hacia los "diferentes", sino que brindará una comprensión genuina que anhela plenitud de vida para quienes no conocen a Cristo, junto con una visión del futuro que sobrepasa cualquier utopía terrenal que uno pueda imaginarse: la redención definitiva del universo creado.

Elsie Romanenghi de Powell, argentina, es profesora adjunta tiempo completo de la cátedra de Filosofía de la Historia de la Universidad Nacional de Tucumán y, junto con su esposo David, pertenece al equipo pastoral de la Iglesia Bautista El Redentor en San Miguel de Tucumán, Argentina.

Apuntes Pastorales Volumen XVII, número 2 / enero – marzo 2000. Todos los derechos reservados

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