Disposición de siervos

Necesitamos examinar nuestro corazón como siervos y evaluar la disposición. El pueblo se alimentará de lo que llena nuestro corazón. ¿Cómo responderemos en el momento en que tengamos que salir de donde estamos y entregar a otro lo que Dios en su misericordia nos ha permitido operar?...
Disposición de siervos

Disposición es la acción o efecto de disponer. Disponer es colocar, poner las cosas en orden y en situación conveniente. Hay cosas que tienen que ser puestas en orden en estos últimos tiempos. «Pero...todo está en orden hermano. ¿No ve el despertar espiritual que estamos teniendo en América Latina? ¿No ve cómo están creciendo nuestras iglesias? ¿Usted no ve el nuevo movimiento espiritual que estamos observando, todo lo que estamos experimentado? ¿La nueva prosperidad que proclamamos? ¿No está observando los últimos avances en materia de guerra espiritual y nuestras nuevas fórmulas de fe?» Sí, lo veo y doy gracias a Dios por ello. Me gozo junto con usted, pero no cierro mis ojos a la realidad.

¿Cómo se mide el corazón y la disposición de un siervo? ¿Por su actitud ante los logros, los éxitos y los avances? ¿Por la manera cómo es admirado por la gente y sus seguidores? ¿Por cuántos votos logra en las asambleas y en la convención? ¿O, quizá, por cuántos programas de televisión tiene o cuán grande es la megaiglesia que pastorea? ¿Será acaso por la entrega al asumir grandes responsabilidades y la forma de iniciar nuevos retos?

No, el corazón de un siervo se mide por la disposición a ser examinado durante la obra y al terminar la misma. El corazón se mide por la actitud que tiene cuando necesita entregar el cargo a otro. Samuel demostró su verdadero corazón cuando le entregó el pueblo a Saúl, primer rey de Israel.

Samuel fue el último de los jueces de Israel. Los jueces fueron individuos que ejercieron gran influencia sobre las tribus de Israel por su fuerte personalidad, estatura moral y el hecho de tener acceso directo a Dios. El corazón de Samuel se pudo ver el día que él dio su discurso final ante el pueblo para entregarle la dirección de Israel a Saúl. En el corazón de Samuel había una total disposición para Dios y para el pueblo, y de ello nosotros necesitamos aprender como siervos.

Para estudiar esta actitud vamos a 1 Samuel 12:1-5. En este pasaje Samuel no sólo clarificó su propio carácter sino que se colocó como ejemplo ante Saúl. En sus últimas palabras antes de marcharse Samuel demostró:

La disposición del siervo a escuchar

«He aquí, yo he oído vuestra voz en todo cuanto me habéis dicho, y os he puesto rey» (12:1).

Como siervos necesitamos aprender a escuchar al pueblo. Sin embargo, antes de aprender a escuchar al pueblo necesitamos aprender a escuchar a Dios. «Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos» (1 S. 8:7). Cuando aprendemos a oír a Dios, Él nos guiará para que oigamos a los que Él quiere que oigamos. Es difícil escuchar todo, pero a menudo es necesario. Es fácil escuchar lo dulce, pero difícil aquello que sabemos que no tiene sentido. Un buen siervo sabe escuchar. Estemos dispuestos a escuchar al pueblo sin temor ni angustia. Muchas veces como líderes tenemos miedo de escuchar lo que el pueblo quiere decir.

La disposición del siervo a reproducirse

«Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros…» (12:2).

Hemos sido llamados para reproducirnos, jamás para perpetuarnos. En efecto Samuel les dijo: «Ya he terminado, estoy viejo, pero quedan entre ustedes mis hijos, la generación que sigue». Estamos en la obra de Dios para hacer discípulos, y que el día que entreguemos lo que estamos haciendo podamos decir también: «Ya estoy viejo... pero aquí quedan los que he estado formando para que ellos continúen». El Señor Jesús nos dejó el ejemplo, y el mismo modelo lo encontramos en Pablo cuando dijo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Ti. 2:2). Debemos dar los pasos para reproducirnos en otros.

La disposición del siervo a ser modelo

«Yo he andado delante de vosotros» (12:2).

Andar delante implica estar expuesto a ser observado y analizado. Muchos siervos quieren andar detrás, impulsando a la gente. Sin embargo, lo más importante es estar adelante, porque el mundo se ha cansado de las palabras. Lo que la gente quiere son modelos. Si no hay un modelo de vida, surge la angustia. Pero no modelos de televisión. Muchos de los que sirven al Señor parecen más modelos de televisión que de vida. Debemos permitir que el evangelio sea encarnado en nuestra vida y que podamos decirle al pueblo: «Yo he andado delante de vosotros».

La disposición del siervo a ser perseverante

«…desde mi juventud hasta este día.» (12:2).

Cuando Samuel expresó tal declaración estaba diciéndole al pueblo: «Ustedes saben que desde mi juventud hasta este día, cuando ya mi cabeza está llena de canas y mi cuerpo sin fuerzas, he sido perseverante». La perseverancia estimula y anima a los seguidores. Samuel pudo hablar con firmeza: «He estado con ustedes desde mi juventud hasta ahora». No es asunto de comenzar... es asunto de mantenerse y terminar fielmente. Vivimos en un mundo lleno de inconstancia y flexibilidades, pero a los siervos se nos exige ser constantes y la perseverantes. Que bueno es encontrar aún siervos que con su vida han demostrado fidelidad y perseverancia. El mejor mensaje que podemos transmitir a los discípulos es esa clase de vida. Cuántas son las personas en las iglesias y en los centros de comunidad que tienen sus corazones frustrados porque no ven disposición a ser perseverantes en la vida de sus líderes.

La disposición del siervo a ser evaluado

«Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido…» (12:3).

¿Liderazgo es exponerme a ser evaluado? ¿Ponerme delante para ser medido? «Jamás. Nunca lo toleraría». Ésa es la expresión de centenares de líderes, quienes tienen miedo a ser evaluados. Hoy, en los últimos años de esta última milla que nos corresponde correr, los líderes somos llamados a la disposición a ser evaluados. El Señor Jesús nos dio la medida. Un día él llamó a sus discípulos y les dijo: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. Entonces les respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt. 16:13-17).

El Hijo de Dios se expuso a ser evaluado. Como siervos no podemos aislarnos y vivir sin ser evaluados y sin rendir cuentas a nadie. La evaluación de nuestras vidas necesita extenderse a áreas vitales de nuestro ministerio. Samuel estuvo dispuesto a ser evaluado en diferentes áreas y nuestro corazón necesita estar a la disposición de ser evaluado en las siguientes áreas, al igual que Samuel.

La disposición del siervo a ser evaluados en la administración

«…si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno…» (12:3).

Como siervos de Dios se nos ha encomendado bastante para que lo administremos, y necesitamos responder a Dios y al pueblo con toda transparencia. Cuántos líderes han descuidado esta tarea y viven sin ser evaluados en el área administrativa. Tenemos una responsabilidad que jamás podemos evadir. Administramos recursos ajenos. Son, primeramente, los recursos de Dios y luego son los recursos de la gente con la que estamos trabajando. No tengo derecho de tomar algo que le pertenece al Señor y al pueblo. Jamás caigamos en el gravísimo error de llamarnos los «siervos e hijos del Rey» sólo para tener el derecho de administrar los recursos financieros y físicos sin rendir cuentas.

Cuando yo comenzaba a pastorear recibí el consejo de una anciana misionera americana en mi país, de quién aprendí muchísimo. Un día ella me dijo: «Serafín, cuando estés en el pastorado administrando los diezmos y ofrendas de la iglesia, antes de hacer cualquier gasto pregúntate: ¿se justifica este gasto? ¿se ajusta al propósito de Dios y a la prioridad de la iglesia? Recuerda que ese dinero que administras, a ti no te ha costado mucho...pero sí le ha costado bastante al campesino que se levanta a las cinco de la mañana para vender sus verduras en el mercado; le ha costado a la mujer que lava ropa ajena para mantener a sus hijos, y al taxista que día a día está detrás de un volante y de allí ha sacado su diezmo para la iglesia. A ellos les ha costado y no es justo que gastes ese dinero en lo que no es justo». Tales palabras calaron profundo en mi corazón de joven. Hoy, casi treinta años después, no las he olvidado y me frenan cuando quiero escoger mi propio camino en materia de administración. Mantengamos la disposición a ser evaluados en el área de la administración.

La disposición del siervo a ser evaluado en la conversación

«…si he calumniado a alguien…» (12:3).

El tema de nuestra conversación es determinante. La Biblia claramente declara que de la abundancia del corazón habla la boca (Mt. 12:34). Necesitamos cuidar nuestros labios para no calumniar a nadie. Es imperioso ser evaluados por otros en el área de la conversación. Que bueno es poder decirle al pueblo y a otros compañeros: «Si ustedes oyen que mis palabras están desenfrenadas y destruyendo a alguien, por favor....evalúenme». Qué triste es encontrar en el largo camino de la vida más de un centenar de líderes que han quitado de sus labios el freno y se han atrevido a calumniar a otros sin ningún temor. Me refiero a calumnias que se levantan sólo por el impulso del espíritu de competencia, envidia, deseos malsanos de derribar al compañero a quien Dios está usando. Mentiras, calumnias, maquinaciones y artimañas han sido usadas en las últimas décadas por líderes inseguros que no han tenido el más pequeño temor ante palabras que brotan con facilidad de la fuente malsana de su lengua impura. Mantengamos la disposición a ser evaluados en nuestra conversación.

La disposición del siervo a ser evaluado en la relación

«…si he agraviado a alguien…» (12:3).

Agraviar es engañar o defraudar. Podemos como siervos usar el ministerio para engañar o defraudar a la gente, mas un día seremos expuestos a la luz. Necesitamos estar expuestos a ser evaluados en cuanto a nuestras relaciones: con otros pastores, con los líderes con los cuales trabajamos y con la gente o la congregación en la cual nos desenvolvemos por la gracia de Dios. Por muchos años consideré el tema de las relaciones como algo periférico de mi vida y de mi ministerio hasta que un día fui confrontado directamente por la Palabra de Dios acerca de la centralidad de ese tema. Nuestro Dios es un Dios de relaciones y Él desea que sus siervos las manejen y administren bien.

Es imprescindible estar dispuestos a ser evaluados en nuestras relaciones con el sexo opuesto y jamás defraudar a nadie en este sentido. En los últimos diez años la iglesia ha sufrido las dolorosas caídas de ministros y líderes, que jamás estuvieron dispuestos a ser evaluados en ese aspecto. Jugar sutilmente con el sexo opuesto sin mantener los límites adecuados está llevando a muchos siervos al camino del engaño. Sabemos por el Espíritu de Dios, quien nos advierte, y por la lógica que Dios nos ha dado como regalo cuando comenzamos a pasar los límites claros. Sonrisas, miradas, toques especiales, regalos cariñosos, llamadas telefónicas disfrazadas de atención espiritual son juegos peligrosos que al igual que a Sansón pueden llevarnos a un desastre total. Qué bueno sería pedirle a ministros amigos y aún a los hermanos que nos rodean que tengan la libertad de llamarnos la atención y darnos una palabra de advertencia antes de que la ceguera espiritual nos alcance y sea demasiado tarde.

Con el sexo opuesto no se puede jugar. En la oficina pastoral y el escritorio de consejería nacen con frecuencia las primeras semillitas de adulterio o fornicación. Detrás de muchas oraciones de «restauración» comienzan a germinar las primeras miradas tiernas y debilitantes. Amado consiervo... detén tu camino, párate ahora mismo, da media vuelta y comienza a caminar por el sendero estrecho de la disposición a ser evaluado en tus relaciones.

La disposicion del siervo a ser evaluado en la omisión

«…o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos…» (12:3).

Jamás se encuentre en la evaluación de nuestra vida el hacer la vista ciega a pecados de personas por el simple hecho de recibir ayuda monetaria de ellos. Resistir la tentación a ignorar ciertas cosas para lograr nuestros propósitos y metas debe ser un anhelo constante en la vida de un siervo. Podemos fácilmente tomar el camino de la omisión si nos toca tomar decisiones frente al pecado y el desvío de aquella persona, la cual precisamente aporta los más grandes diezmos y ofrendas, que está sosteniendo el 80 por ciento del proyecto, el ministerio, la iglesia o la organización. Sin embargo, ninguna cosa caminará sin la debida consecuencia. Tarde o temprano seremos alcanzados por la onda expansiva de la omisión. Hace unos meses leía en un periódico de Centroamérica un gran titular que decía: «pastor evangélico acusado de violación de una adolescente en su iglesia». Con asombro comencé a leer las descripciones tristes de la acusadora y las consabidas defensas del acusado. Me encontré estremecido por las palabras dichas por el presidente de la organización donde este pastor trabajaba y, ante la pregunta del periodista acerca de cuál era su opinión, el líder nacional de esa iglesia dijo a la prensa las siguientes palabras: «Estamos investigando para encontrar la verdad y, si el caso resultara ser cierto, procederemos a cambiar a este pastor de iglesia y enviarlo a otro lugar para pastorear». Cerré el periódico y me quedé mirando a la distancia mientras mi mente daba tumbos de un lado a otro y en mi corazón dije: «Esta expresión la he escuchado muchas veces o de palabra o de hecho». Omisión. Omisión. Algunos líderes parecen intocables: su trayectoria, su renombre, su aparentemente limpia reputación y el largo historial de «éxitos» los hace intocables, por lo tanto es mejor omitir. «No hagamos de esto algo demasiado grande». «Es mejor no dañar al pueblo». «Esto quedará entre nosotros». ¿Creemos que podemos engañar al pueblo? Jamás, el pueblo tarde o temprano lo sabrá. La gente no pide de sus líderes perfección… pero, sí busca y demanda honestidad. Corazones heridos hay muchos, y sobran almas secas y sedientas por el valle de la omisión.

La disposicion del siervo a ser evaluado en cuanto a disposición a restituir

«…y os lo restituiré.» (12:3).

La restitución es esencial para cultivar la confianza de aquellos a quienes hemos herido. Samuel estuvo dispuesto a restituir. Pedir evaluación sin restitución es hipocresía. Muchos quieren pedir perdón, pero no demuestran la disposición a la restitución. ¿De qué sirve pedir perdón si no devuelvo el dinero que tomé? ¿De qué sirve pedir perdón si no me esfuerzo para reponer lo que dañé y ultrajé? La respuesta del pueblo fue: «Nunca nos has oprimido ni maltratado, ni te has dejado sobornar —dijeron ellos» (1 S. 12:4 VP). Que emocionante es, para quienes hemos trabajado, recibir la respuesta del pueblo diciendo: nunca nos has defraudado o, si una vez lo hiciste, has pedido perdón y los has restituido. Samuel, con firmeza pero con gozo interno, dijo: «El Señor y el rey que él ha escogido son testigos de que ustedes no me han encontrado culpable de nada» (1 S. 12:5 VP).

Reflexión

Necesitamos examinar nuestro corazón como siervos y evaluar la disposición. El pueblo se alimentará de lo que llena nuestro corazón. ¿Cómo responderemos en el momento en que tengamos que salir de donde estamos y entregar a otro lo que Dios en su misericordia nos ha permitido operar? Cuando murió Samuel, todo el pueblo lo lloró. Cuando murió Saúl, dejó consternación. Samuel traspasó su cargo con honor. Saúl se aferró a su cargo y persiguió a David, porque no toleraba dejar el poder. ¿Estás dispuesto a traspasar tu cargo con honor o acaso te estás aferrando al mismo y persiguiendo a quien pudiera sustituirte? Hoy es el día del gran comienzo.

Serafín Contreras es misionero de la Misión Internacional Cuadrangular para Centroamérica y miembro del Comité Consejero de la Conferencia Mundial Pentecostal. Desarrollo Cristiano Internacional, todos los derechos reservados.

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