Palabras para luchar por su matrimonio

Una mujer nos cuenta cómo la historia de un personaje poco conocido de la Biblia la ayudó a encontrar paz en medio de todas las experiencias difíciles maritales. Además, nos recuerda que Dios actúa de distintas formas y a su tiempo, y que debemos aprender a reconocer que solo él puede cambiar situaciones y personas.
Palabras para luchar por su matrimonio

«Me siento cansada de las luchas que tengo», me dijo mi amiga Cindy el otro día. «Mi esposo y yo tenemos tantos problemas últimamente —conflictos familiares, problemas de salud. Me despierto cada mañana y solo trato de poner un pie delante del otro».

Yo conozco ese sentimiento. Diecisiete años de matrimonio nos ha obligado a mi esposo y a mí a ponernos de rodillas incontables veces. Tengo guardada una caja de devocionales usados en una de las repisas del armario de mi habitación. Junto al teléfono, hay tarjetas gastadas con pasajes bíblicos escritos. Algunas veces, tengo tantas luchas que me pregunto si gastaré mi «cuota de gracia» con Dios. En algunas ocasiones, los problemas de la vida exprimen la alegría incluso de los matrimonios más fuertes. Las contrariedades financieras se multiplican; el doctor tiene malas noticias; incluso las continuas demandas de los hijos pueden agobiar a una pareja.

A menudo me preguntaba si la Biblia ofrecía algunas sugerencias prácticas para orar por los desafíos que mi esposo y yo enfrentábamos. Con toda honestidad, muchas veces buscaba en el Nuevo Testamento ya que nunca había sido una fuerte partidaria del Antiguo Testamento. Las historias de todos esos reyes que luchaban entre sí siempre me parecieron irrelevantes para mi vida.

Por eso, me sorprendí cuando un personaje poco probable del libro de 2 Crónicas: Josafat, rey de Judea, me ayudó en mi matrimonio. A pesar de que sus batallas eran en contra de naciones enemigas y de sus reyes, me di cuenta de que su enfoque nos ayudó a mi esposo y a mí a luchar en contra de las pruebas que enfrentábamos en el siglo XXI.

La oración comunal es poderosa

En 2 Crónicas 20, Josafat recibió la noticia de que un ejército enemigo estaba listo para atacar a Judá. Obviamente, esto alarmó en gran manera al rey. El miedo es una reacción normal —sea usted un soldado o una secretaria.

Josafat reunió a todos en Judá para orar y ayunar por la ayuda de Dios. Jesús nos instruyó a hacer lo mismo: «Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieron de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt18.19–20).

Conozco a cinco parejas que dejarían de hacer cualquier cosa para orar por mi esposo y por mí en cuanto se lo pidamos. Entre estos amigos fieles hay misioneros que sirven en lugares como Etiopía y Nepal. A pesar de que existe una gran distancia entre nosotros, nos podemos contactar con ellos instantáneamente vía correo electrónico. Como sucede con mi esposo y conmigo, sé que para ellos orar por nosotros es como un privilegio.

De igual forma, intercambiar peticiones de oración ha sido un aspecto importante de los pequeños grupos de estudios bíblicos en los que hemos estado. Nuestra fe se fortalece a medida de que somos testigos de las muchas oraciones que han sido contestadas. Este hábito no sólo ha fomentado amistades más fuertes, sino que, cuando ha surgido una necesidad real, nos ha permitido ministrar a otras personas del grupo y a nosotros mismos como pareja.

Las parejas que intentan salir adelante sin el apoyo de otros cristianos renuncian a una fuente de animo y de comunidad que Dios creó para nosotros.

La fidelidad de Dios es verdadera

Después, Josafat guió a todos en una oración unida: «¿No eres tú Dios de los cielos?» (2 Cr 20.6). El rey necesitaba recordarle a su gente que Aquel a quien le estaban orando era todopoderoso y soberano.

«¿No echaste tú los moradores de esta tierra?» (v. 7). El rey recordó lo que Dios había hecho por ellos en el pasado. Capítulos enteros de la Biblia están llenos de historias acerca de la intervención de Dios cuando las situaciones parecen no tener esperanza. Sólo cuando mi esposo y yo reflexionamos acerca de la forma en la que Dios había respondido a nuestras oraciones anteriores, fuimos capaces de confiar en él para nuestro futuro.

Nuestro amigo Paul es un dentista que tiene que jubilarse antes de tiempo debido a una artritis reumática. Con tres hijos aún en edad escolar, las implicaciones de su enfermedad son inciertas. Le pregunté a su esposa como estaban arreglándoselas para el futuro incierto. Ella me respondió que estarían más juntos que nunca.

«Una noche nos quedamos viendo un álbum de fotos», me dijo. «Nos dimos cuenta de todas las veces en las que Dios solucionó las cosas por nosotros. Si Dios ha estado en nuestro matrimonio hasta ahora, sé que estará con nosotros mañana».

Faltan fuerzas

«¡Oh Dios nuestro!» —suplicó Josafat en el versículo 12— «…en nosotros no hay fuerza contra grande multitud que viene contra nosotros…». Josafat admitió que no tenía las fuerzas para enfrentar los desafíos que estaban ante él. Algunas veces Dios permite que ciertas situaciones surjan en el matrimonio por esta misma razón.

Cuando mi esposo, Al, y yo nos casamos, mi sueño era mudarnos a un pequeño pueblo después de que él completara su educación. Al tenía otras aspiraciones. Sólo cuando detuve mi incesable campaña y le pedí a Dios que trabajara en nuestro futuro, vi como los deseos de mi esposo cambiaban gradualmente. Sin embargo, primero tuve que admitir que ¡yo no podía hacer nada para cambiarlo!

«No sabemos qué hacer» —prosiguió el rey— «y a ti volvemos nuestros ojos ». Aquí es donde Josafat cambió la atención del pueblo. Quitó sus ojos de la crisis y adoró a Dios. Sinceramente, esta acción contradice mi tendencia natural. Tiendo a dar vueltas en la cama cuando estoy irritada y eso mantiene a mi esposo despierto. Sin embargo, pocos problemas se resuelven a la una de la mañana. Hasta hace poco aprendí que es mejor dejar que Al duerma, mientras yo paso esas horas de la madrugada adorando a Dios.

Las oraciones de alabanza y adoración no manan naturalmente cuando me siento ansiosa o distraída. He encontrado de gran ayuda usar las palabras de otros cuando las mías no fluyen fácilmente. Los Salmos son excelentes versículos para empezar, y un viejo himno de la iglesia es un buen recurso para tener a mano. Aun cuando admito mi incapacidad para orar como debiera, Dios me muestra el camino a través de aquellos que han ido antes que mí.

La respuesta de Dios vendrá a su tiempo

Por medio de un sacerdote, Dios le hablo a Josefat: «No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande». ¿Porque? «Porque no es vuestra la guerra, sino de Dios» (v. 15). El final de la historia prueba esto. Cuando el ejército de Judá llegó hasta el campo de batalla, encontraron solo cuerpos que yacían por todas partes. Sus enemigos se destruyeron entre sí, y Josafat y ¡su gente no tuvieron que pelear del todo!

No quiero decir que con un poco de oración todos los problemas se resolverán. Algunas veces debemos esperar pacientemente a que Dios dirija las situaciones que llevan a las respuestas. Como un experto jugador de ajedrez cuyas movidas no son rápidamente discernidas por su oponente, Dios a menudo arregla los eventos y las circunstancias que sólo pueden entenderse en su retrospección.

Cuando mi vecina Claire aceptó a Cristo durante un almuerzo de oración, oró por su esposo para que él también se convirtiera. Claire nunca imaginó que un cambio inesperado en el trabajo de su esposo lo pusiera en contacto con un anciano de la iglesia donde ella asistía. A pesar de que su esposo aún no ha hecho una decisión por Cristo, Claire ha visto como su corazón se ha suavizado con respecto a las cosas espirituales gracias a que la amistad con este hombre ha crecido. Ella sabe que Dios escuchó su oración y que se ha dedicado a su causa.

Cuando pedimos con fe y sin ninguna duda (Santiago 1.6), Dios nos hace conscientes del camino que él esta preparando. Nos damos cuenta de que él está más que dispuesto en ayudarnos a enfrentarnos a los desafíos maritales. La batalla no es sólo en contra de las situaciones que vivimos; sino también de la capacidad que tienen estas para hacernos caer. Satanás gustosamente usaría estas circunstancias para destruir la confirmación y la unidad de nuestro matrimonio. Sólo a través del poder de la oración tenemos los recursos para pelear con este enemigo.

Mientras intercedo todos los días por mi relación con Al, encuentro la fuerza que necesito para marchar en esta batalla por mi matrimonio.

Donna Doornik, oradora y escritora, vive con su familia en California. Título del original: Fighting Words. Copyright © 2004 por el autor o por Christianity Today International/Marriage Partnership magazine. Usado con permiso

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