Carta a un alcohólico

Básicamente hay dos perspectivas sobre el alcoholismo y la mayoría de las otras adicciones: una médica y otra moral o religiosa. El punto de vista médico dice que el alcoholismo es una enfermedad; el punto de vista moral dice que es pecado o desobediencia a Dios. El punto de vista que uno adopte tiene implicaciones para la manera en que uno vive toda su vida.
Carta a un alcohólico

El alcoholismo ha pasado de ser reconocido como pecado a ser llamado una enfermedad.

Los cristianos saben que eso es un problema. En forma categórica, la Biblia declara que la borrachera es un pecado; el voto popular dice que se trata de una enfermedad. ¿Acaso la Biblia se ha equivocado o ha realizado un análisis precientífico? ¿Acaso la Biblia ha sido nociva para los alcohólicos, marcándolos con un estigma? Para quienes creen que la Biblia habla con autoridad y claridad en cuanto a las cuestiones de la vida, estas preguntas deben recibir respuesta. Porque si usted cree que el alcoholismo es una enfermedad aunque la Biblia dice que es otra cosa, la confianza que usted tiene en la Biblia empezará a flaquear. Después de todo, si la Escritura es caduca al considerar este problema, también puede ser caduca al considerar otros.

Por otro lado, si la Biblia no yerra en sus declaraciones sobre la borrachera y la intoxicación alcohólica, ¿adónde quedan aquellos que sienten que padecen una enfermedad?, ¿adónde ubica ésto a toda la investigación médica?

Para tratar estos asuntos, usaré el siguiente método. En vez de estudiar fríamente importantes detalles médicos y exegéticos, me referiré a ellos por medio de una carta personal. De esta manera, voy a recordar que estamos intentando ayudar a personas reales que están luchando con problemas reales que dominan la vida. No estamos tratando un simple asunto académico abstracto.

Una carta personal

Estimados hermanos y hermanas:

Yo nunca he sido adicto, pero he conocido a muchos adictos, y he aprendido de su disposición a pedir ayuda, de su sinceridad al hablar de las luchas que tienen, y de su deseo de vivir un día por vez. La relación con estas personas me ha hecho pensar mucho sobre las adicciones.

Escribo esta carta como parte de un libro que trata sobre el cerebro y el comportamiento. El libro trata de contestar la pregunta ¿cuándo es que el cerebro nos obliga a hacer cosas y cuándo no nos obliga? Es una pregunta importante. Nos lleva a considerar los asuntos de la vida; nos lleva incluso a Dios mismo.

Es lo que descubrí un día durante el almuerzo:

—Estoy enojado con Dios por haberme dado este problema con el alcohol —me confesó mi amigo—. La mayoría de las personas en este mundo no tiene que luchar todos los días para mantenerse apartadas de la bebida. Pero yo sí tengo que luchar. No es justo.

Yo estaba asombrado. Mi amigo estaba acusando a Dios por lo que él creía que era un punto vulnerable congénito en cuanto al alcohol. Antes que él hiciera ese comentario, yo me estaba diciendo a mí mismo que me parecía magnífico que él hubiera dejado de beber. Pero después de su comentario, me di cuenta de que su percepción de cómo se había convertido en alcohólico era muy importante. Aparentemente, la teoría de mi amigo culpaba a su propio cerebro, y como Dios había creado el cerebro, Dios era parcialmente responsable por las tentaciones y los puntos vulnerables de mi amigo.

¿Pecado o enfermedad?

Dos puntos de vista.

Básicamente hay dos perspectivas sobre el alcoholismo y la mayoría de las otras adicciones: una médica y otra moral o religiosa. El punto de vista médico dice que el alcoholismo es una enfermedad; el punto de vista moral dice que es pecado o desobediencia a Dios. El punto de vista que uno adopte tiene implicaciones para la manera en que uno vive toda su vida.

¿Por qué razón hoy la perspectiva de la enfermedad es la que tiene más influencia? Hay una razón de mucho peso: el profundo deseo de beber se siente como si fuera una enfermedad. Pareciera que cuando hay bebidas alcohólicas al alcance de la mano, hay también algo que toma control de nuestra vida. Para los que nunca han tenido ese problema, es fácil decir que el alcoholismo es una decisión consciente y libertina. Pero para los que tienen ese problema, no se trata de una decisión; es cualquier cosa menos una decisión. Y si hubiera una decisión, pareciera que la enfermedad es la encargada de tomarla.

El idioma que se usa para el alcoholismo, describe bien esta experiencia:

  • «Lo preferible es el tratamiento en el hospital, a cargo de personal médico.»
  • «Una vez que uno es alcohólico, siempre será un alcohólico. No hay cura posible.»
  • «Un sólo trago y ya está borracho.»
  • «La que está hablando es la enfermedad.»
  • «Tal vez pronto haya tratamientos médicos.»
  • «Usted no eligió ésto, así que ésto sólo puede ser una enfermedad.»

Esta perspectiva es la metáfora que prevalece en nuestra cultura tanto para el problema como para las soluciones. Para mí, la cuestión va más allá del comentario insólito e inquietante que mi amigo hizo durante aquel almuerzo. La Biblia es la razón por la que no puedo dejar de lado esta cuestión. Creo que ella es el mapa que Dios ha dejado para mi vida, y creo que la Biblia discierne y habla mejor que nadie a los mecanismos interiores de los seres humanos.

Cuando vamos a las Escrituras para ver lo que dice sobre las bebidas alcohólicas, hay algo que es difícil debatir: siempre afirma que la borrachera es pecado. Contiene ilustraciones (Gn. 9:1827; 1 R. 16:9), descripciones (Pr. 23:2935) y prohibiciones (1 Co. 5:11; 6:910; Gl. 5:1921) para enfatizar que Dios declara que la borrachera va en contra de sus mandamientos, de su carácter. Nadie que toma en serio lo que ella dice, ha puesto en tela de juicio esta interpretación. Sin embargo, hay opiniones diferentes en cuanto a si borrachera en la Biblia en realidad se refiere al alcoholismo moderno o a la droga dependencia.

Para comparar estos dos conceptos, primero consideremos la definición moderna de alcoholismo o droga dependencia:

«Un patrón inadecuado en el uso de sustancias adictivas que lleva a un deterioro o a un peligro clínicamente relevante, tal como se manifiesta en uno (o más de) de los siguientes aspectos:

  1. Uso repetido de sustancias adictivas, cuyo resultado es el no cumplimiento de obligaciones importantes en el trabajo, los estudios o el hogar.
  2. Uso repetido de sustancias adictivas en situaciones en que resulta peligroso desde el punto de vista físico.
  3. Recurrentes problemas legales en cuestiones relacionadas con sustancias adictivas.
  4. Uso continuo de sustancias adictivas a pesar de tener persistentes o repetidos problemas sociales o interpersonales, causados o agravados por los efectos de la sustancia adictiva.

Ahora bien, esta es la manera en que la Biblia describe la borrachera:

¿De quién son los lamentos? ¿De quién los pesares? ¿De quién los pleitos? ¿De quién las quejas? ¿De quién son las heridas gratuitas? ¿De quién son los ojos morados? ¡Del que no suelta la botella de vino ni deja de probar licores! No te fijes en lo rojo que es el vino, ni en cómo brilla la copa, ni en la suavidad con que se desliza; porque acaba mordiendo como serpiente y envenenando como víbora. Tus ojos verán alucinaciones, y tu mente imaginará estupideces. Te parecerá estar durmiendo en alta mar, acostado sobre el mástil mayor. Y dirás: «Me han herido, pero no me duele. Me han golpeado, pero no lo siento. ¿Cuándo despertaré de este sueño para ir a buscar otro trago?» (Pr. 23:2935, NVI)

¿Se da cuenta de que estas descripciones son prácticamente idénticas? La diferencia principal es que una es obviamente más vívida que la otra. La descripción bíblica verdaderamente ilustra la naturaleza recurrente de la borrachera. Muestra que las malas consecuencias no disuaden de futuros excesos. Cuando la Biblia habla de borrachera, se refiere a todas las distintas experiencias contemporáneas de abuso del alcohol: ya sea, la persona que durante el fin de semana bebe demasiado mientras mira un partido de fútbol por televisión; o aquella que no puede pasar el día sin el trago que le adormezca el cerebro o la aturda; tal vez la que obviamente está fuera de control y persistentemente va tras su amada sustancia adictiva, sin importarle las consecuencias.

Lo importante es lo siguiente: no podemos descartar lo que dice la Palabra por creer que no está al tanto de los problemas modernos del alcoholismo. Allí no hay ingenuidad en cuanto a este problema doloroso y recurrente. Así como sucede con la perspectiva del alcoholismo como enfermedad, la Escritura es consciente de que el alcoholismo se hace sentir como esclavitud; sabe que el cambio sólo puede ocurrir cuando hay lucha y cuando existe la ayuda de otros. En realidad, la perspectiva bíblica se cruza con la médica en varios aspectos. Sin embargo, básicamente no puede haber confusión entre una y otra. Cada una presenta una manera particular de entendernos a nosotros mismos, de entender a Dios y de entender el proceso de cambio.

El alcoholismo como enfermedad: Causa y cura

La perspectiva de enfermedad empezó a hacerse popular con Bill Wilson, el fundador de Alcohólicos Anónimos (AA), en la década del treinta. Bill W. era un hombre muy pragmático, y no optó por la perspectiva de la enfermedad porque estuviera apoyada por la investigación; la usó porque creyó que ayudaba a que hombres y mujeres se sinceraran más sobre su problema con la bebida. En otras palabras, él estaba usando una metáfora: la adicción a la bebida es como una enfermedad. Sin embargo, durante los cincuenta años siguientes, la idea de la enfermedad perdió su sentido metafórico y se redujo a: «la adicción a la bebida es una enfermedad». Desapareció la palabrita como, y todo cambió.

El enfoque de la Biblia: Motivaciones y deseos

La Biblia tiene un enfoque muy diferente de cómo nos esclavizamos a las adicciones. En vez de explicar el deseo abrumador del alcohol tratándolo como una enfermedad, la Biblia habla de nuestras motivaciones y deseos, fuerzas con tanto poder que pueden llegar a controlar nuestra vida. La Biblia dice que fuimos nosotros quienes en primer lugar elegimos nuestras adicciones, y en consecuencia, nuestras adicciones nos eligieron a nosotros.

Es algo así como un matrimonio con problemas. Nos casamos con muchas esperanzas y expectativas. Nos gustaba la manera en que nos sentíamos cuando estábamos con nuestro «compañero» (el alcohol). Pero entonces, una vez que realmente estamos «casados» descubrimos más sobre su lado negativo. El precio a pagar por los sentimientos agradables fue más de lo que anticipamos. Pero para entonces ya estábamos comprometidos a un estilo de vida, estábamos atascados. Ya no resultó fácil dejar a nuestro compañero. Y además, todavía había momentos cuando nos sentíamos muy bien... Íbamos a extrañar esos momentos, los momentos que nos permitían olvidar todos los otros momentos en que nuestro compañero arruinó todo. Y es así que el adicto viene y va, como un cónyuge que está en una mala relación matrimonial, y permanece unido a la sustancia adictiva y trata de hacer funcionar esa relación. Hay días en que la relación es mala, pero hay otros en que no tanto.

Hemos visto aquí que en el abuso del alcohol hay una lógica mediocre: nos encanta beber y nos encantan las sensaciones que produce. Nos gusta tanto que no estamos dispuestos a hacer lo necesario para quitar eso de nuestra vida, a pesar del impacto que tiene en nuestras relaciones y en nuestros compromisos y obligaciones. Tal vez tengamos momentos de duda en que nos sintamos ambivalentes, pero en realidad recurrimos a las sustancias que producen adicción porque queremos recurrir a ellas. Nos gustan demasiado, y no nos preocupan tanto las razones por las que deberíamos cambiar.

Mi esposa me dijo que yo iba a tener que elegir entre la cocaína y ella. Antes de que ella terminara de hablar, yo ya sabía lo que ella iba a decir, de manera que le advertí que pensara con cuidado antes de hablar. Para mí resultaba claro que no era cuestión de elegir. Amo a mi esposa, pero no voy a elegir nada antes que la cocaína. Es horrible, pero a ese extremo han llegado las cosas. Nada ni nadie es más importante que mi cocaína.

¿No diría usted que este hombre amaba su cocaína? ¿Que sus deseos lo controlaban? ¿Acaso esto no es más que decir que tenía una enfermedad subyacente? Él eligió la cocaína. Es como el hombre que ama a su amante y deja a su esposa. ¿Tiene tal persona una adicción sexual genética que lo controla? Decir que sí sería tratar al adúltero como un animal que se maneja por instinto. Estaríamos ignorando sus motivaciones y estaríamos pasando por alto el hecho de que él elige a su amante porque quiere hacerlo.

Es cierto que a tal elección le falta previsión. En ese momento no piensa que sus hijos lo van a odiar, que va a perder la mitad de su salario en pensión alimenticia, y que en seis meses su amante no le parecerá tan atractiva. Pero para él lo que cuenta es el presente.

En eso radica la lógica y la locura de la droga dependencia. La atracción inicial rige nuestro comportamiento y hacemos cosas que luego lamentamos. Pero no está limitado al alcoholismo y a las drogas. Hallamos el mismo principio en la dilación, en comprar cosas a crédito, comer demasiados postres, gastar todo nuestro dinero en el casino, etc. Puede que sea muy imprudente, pero nos importa el sentimiento que nos produce en ese momento, y terminamos esclavizados a las sustancias adictivas y a los comportamientos que una vez produjeron placer y relajación.

Una debilidad de la perspectiva médica o de enfermedad para con las adicciones, es que tiene la tendencia de minimizar estas motivaciones. Esto nos deja sin un claro entendimiento de nuestras necesidades, pasiones y deseos. La perspectiva de la enfermedad en realidad no ignora todas estas motivaciones, pero en especial dirige nuestra atención a posibles causas biológicas.

Dios y nuestros deseos

La capacidad que tiene la Biblia para llegar al nudo del problema no termina con hablar de nuestros deseos. La Biblia indica que nuestras tentaciones y codicias tienen que ver con nuestra relación con Dios. Aunque en Alcohólicos Anónimos Dios es parte de «Los doce pasos» y se le considera una ayuda esencial para salir de las adicciones, el mucho beber no equivale a una acción contra Dios.

Si dejamos que la Biblia revele las realidades espirituales e invisibles que se ocultan en las adicciones, de pronto descubriremos que las adicciones son más que conductas autodestructivas. Son violaciones de las leyes de Dios: las leyes divinas que nos llaman a evitar la borrachera y la falta absoluta de sobriedad (Ro 13:13), la ley divina que nos llama a amar a otros (1 Jn 4:7), y la ley divina que nos llama a vivir para Él en vez de vivir para nosotros mismos (1 Co 10:31). Esto significa que la adicción está más conectada con la relación de alguien con Dios de lo que está conectada con la biología. La adicción revela nuestras lealtades: lo que queremos, lo que amamos, a quién o a qué servimos. Nos lleva a la pregunta crucial: ¿Vivirá usted su vida para satisfacer sus propios deseos o vivirá para Dios?

La idea adiccióncomoenfermedad omite esto totalmente, y en algunos casos hasta empeora el problema. Consideremos otra vez a mi amigo que estaba enojado con Dios. En vez de acusarse a sí mismo y preguntarse de qué manera su conducta era conducta contra Dios, su perspectiva de adicción como enfermedad lo llevó a juzgar a Dios y a acusarlo de trato preferencial o injusto.

La Biblia nos obliga a enfrentarnos al lugar que ocupa Dios en las motivaciones que rigen nuestras decisiones. ¿Habrá usted de adorar a sus ídolos o a Dios? Desde esta perspectiva, una botella de una bebida alcohólica es uno de los muchos ídolos que servimos. Esa botella se disputa nuestra devoción así como lo hacen el dinero, el placer, la fama, el sexo, las opiniones de los demás y otros ídolos populares de nuestro tiempo.

Cuando vemos realidades espirituales detrás de nuestras conductas de adicción, descubrimos que servimos a aquello que amamos. Vamos a amar y a servir a Dios, o vamos a amar y a servir a nuestros ídolos. Los ídolos existen en nuestra vida porque los amamos; los invitamos a ser parte de nuestra vida. Pero una vez que los ídolos encuentran un hogar, cambian, y en vez de ser los siervos de nuestros deseos se convierten en nuestros amos. Por eso la Biblia enseña que primero nosotros elegimos la sustancia adictiva, pero después la sustancia adictiva nos elige a nosotros: Yo quiero... yo soy esclavo. Podemos tener la bendición de servir al Dios Altísimo que nos ama, o tendremos la maldición de ser esclavos de nuestros deseos y de los ídolos que esos deseos simbolizan. Es por eso que un método bíblico de tratar con las adicciones debe hacer más que simplemente decir: «Deja de hacerlo.» El método bíblico se da cuenta de que los adictos están en control de la situación pero también están fuera de control. Este aspecto doble de la experiencia de adicción —la rebelión y la esclavitud— es lo que comúnmente llamamos pecado, y es una explicación más profunda de las adicciones que la metáfora de la enfermedad.

El engaño del pecado

He hablado a grupos de adictos en los cuales perdí la atención de la gente tan pronto mencioné la palabra pecado. Creo entender por qué. La idea común pero inexacta del pecado es que una persona un día se despierta a la mañana y dice: «Hoy voy a pecar. Voy a desobedecer a Dios, voy a hacerme daño, a lastimar a mi cónyuge y voy a quebrantar las promesas que hice a mis hijos». Tal vez haya un adicto que dijo justamente eso, pero si lo hay no lo conozco. Esa no es la experiencia típica de la adicción.

Tenemos el concepto errado de que la adicción no es rebelión contra Dios. La conceptuamos como una decisión breve y potencialmente reversible para ceder sólo un poco a nuestros propios deseos. Pero la palabra pecado nos recuerda que no es un desliz pequeño y temporal. Nos recuerda que amamos nuestros deseos (nuestros ídolos), que elegimos cosas que van contra Dios, que estamos dañando a otras personas, y esto nos despierta a la realidad de que estamos esclavizados. El pecado ¡tiene la apariencia de enfermedad! Pero esto no pone a las adicciones fuera de la esfera del pecado. En realidad, ilustra la naturaleza misma del pecado. En el pecado hacemos cosas que no queremos hacer. Esa es la naturaleza del pecado.

El pecado es obstinado. ¿Por qué nos resulta tan difícil vencer en esa lucha? Porque somos pecadores. Y como pecadores somos calculadores astutos y además estamos fuera de control.

Esto explica una de las razones por las que me puedo identificar con las luchas de un adicto. Yo sé cómo se siente uno al cometer y volver a cometer un acto. Puedo sentirme culpable por mi pecado, confesarlo, y luego ir y volver a hacerlo. Ni las drogas ni el alcohol nos convierten en adictos, sino que sencillamente revelan y se apegan a todo lo que ya hay en cada corazón.

¿Y qué sobre toda la evidencia del alcoholismo como enfermedad?

Si estoy en lo cierto en cuanto al pecado y al corazón, ¿qué hacemos con toda la evidencia de que el alcoholismo es una enfermedad? No hay evidencia clara de que el alcoholismo es, ante todo, una enfermedad. Por cierto que se han hecho muchos estudios sobre el alcoholismo y el abuso de drogas, pero ninguno ha descubierto un gene ni un desequilibrio químico. La mayoría de los investigadores están prestos a indicar que los genes pueden influir en las personas, y ésto es cierto, por supuesto. Podemos tener una predisposición genética para disfrutar de una droga, comida o actividad en particular. Pero hay una gran diferencia entre recibir influencia genética y que ésta determine nuestros actos.

¿Qué podemos decir de los deseos intensos? La Biblia los entiende perfectamente. Se refiere a ellos llamándolos tentaciones. La Biblia reconoce que, muy a menudo, personas con años de sobriedad siguen luchando con la tentación. A veces es simple consecuencia de un recordatorio de algo que en otro tiempo amamos. Pero en otros casos puede ser resultado de abrigar y alimentar mentalmente la adicción, mientras que físicamente nos abstenemos de ella. En vez de pedirle a Dios que les dé el deseo de odiar el pecado de raíz, algunos se aferran a recuerdos agradables asociados con la adicción que tenían.

No lo olvidemos: pecamos porque nos agrada lo que el pecado nos ofrece, al menos temporalmente. Cuando dejamos de pecar, la tentación podría perdurar como residuo de pecado en nuestros corazones. Las buenas noticias son que si es cierto que las tentaciones vienen de dentro de nosotros, esto también significa que es posible un profundo cambio a nivel de la tentación. «Cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte» (Stg 1.1415 NVI). Uno de los grandes beneficios de tratar las adicciones de raíz, es que podemos luchar contra el comportamiento y contra el deseo interior.

¿Qué decir de Alcohólicos Anónimos?

AA ha sido útil para mucha gente. Proporciona la oportunidad de dar cuenta de nuestras acciones, ofrece entendimiento recíproco en un ambiente donde nadie es juzgado, y además provee gran apoyo para muchos. Sin embargo, no se esfuerza por hallar respuestas bíblicas para los problemas de la vida. Como resultado, AA no llena todas las espectativas para la liberación del alcohólico. Una de las limitantes es que la perspectiva de enfermedad no permite que nadie llegue al fondo del problema. La droga dependencia puede ser peligrosa, pero nuestros corazones son aun más peligrosos. Ansían tener popularidad, venganza o libertad de las frustraciones en el hogar o el trabajo. Y esos anhelos pueden llegar a regir nuestra vida y las decisiones que tomamos.

Una segunda limitante de AA es que su teoría en cuanto al cambio no revela que la naturaleza de la conducta adictiva se opone a Dios. Aunque no siempre tenemos conciencia de que nuestras adicciones son desobediencia a Dios, ellas siempre serán desobediencia. Nos enfrentamos a una decisión: ¿Voy a obedecer a Dios o a mi ídolo? Aliarnos a uno es hacer guerra al otro.

Una tercera limitante de AA es que Jesús es opcional. La conducta adictiva es rebelión contra la autoridad divina. Las adicciones revelan que la relación con Dios se ha roto. Ningún cambio y liberación de ninguna esclavitud del pecado puede llevarse a cabo sin restaurar la relación personal con Jesucristo.

Una propuesta para cambiar

Aquí sigue una propuesta para cambiar. Sugiero que reconozcamos que la adicción es un desorden en la adoración. Al reconocer esto, obtenemos una nueva perspectiva en nuestro corazón y de nuestra relación con Dios. Esa perspectiva de cambio nos recuerda que estamos en una batalla entre la adoración a Dios, y la adoración a nosotros mismos y nuestros deseos. Explica por qué nos sentimos tan culpables luego de una noche de desenfreno. Y cómo no tenemos que esperar a curarnos físicamente para que haya un cambio significativo y duradero, hay gran esperanza en la confesión del pecado, en que Dios a través de Jesucristo lo perdona y nos libra de esa esclavitud, y en el fruto de nuestra obediencia.

¿Pero acaso AA no nació porque este método más espiritual hacía que la gente se sintiera culpable y provocaba en ellas más resistencia a reconocer su problema?

Tal vez sea cierto que un método totalmente bíblico puede no haber sido útil en algunos casos, pero eso no ocurrió porque la Biblia tenga deficiencias. Quizás algunos cristianos usaron la Biblia como un garrote y no como palabras de vida. Quizás los cristianos se acercaron a los adictos con una actitud santurrona, más papista que el papa. O tal vez los cristianos, sin entender la esclavitud de la adicción, creyeron que un simple «deja de hacerlo» de alguna manera iba a detener el comportamiento de adicción.

Tomando conciencia de estos pecados de la iglesia, la perspectiva bíblica se debe ofrecer con humildad y con gracia.

Volviendo a definir el proceso de cambio

Una vez que se reconoce el problema, y una vez que se reconoce como un desorden en la adoración, habrá nuevas facetas en nuestra perspectiva del proceso de cambio. En primer lugar, conocer a Dios se convierte en nuestro objetivo más importante. Después de todo, si la raíz de nuestro problema con la adicción es un desorden en la adoración, necesitamos aprender quién debe ser el verdadero objeto de esa adoración.

A medida que esta idea penetra en su corazón, usted descubrirá que se siente más cómodo en una buena iglesia que en un grupo de AA. Usted obtendrá fortaleza y sabiduría de las predicaciones del pastor, se sentirá animado al cantar con otros cristianos, recibirá alimento espiritual en la celebración de la cena del Señor, y estudiará la Biblia para hallar al Dios viviente y liberador. Usted conocerá más sobre el Dios que es más grande que lo que usted puede imaginar: más grande en justicia, en poder y en amor. Y la grandeza divina obra en favor nuestro. Una de las limitantes de AA es que el Dios de nuestra imaginación nunca es lo suficientemente grande.

Usted también descubrirá que habrá un interés más profundo de su parte para hablar verdades. Dios es el Dios de verdad. El idioma que Él habla es el idioma de la verdad.

¿Acaso la mayoría de las adicciones no van acompañadas por mentiras, que van de mentirillas a grandes engaños? ¿Acaso todos los adictos en algún momento no han engañado utilizando subterfugios? ¿No han hecho creer cosas que en realidad no son ciertas? ¿No han cambiado de tema? ¿No han justificado y echado culpas? A primera vista, estas mentiras no parecen grandes cosas, especialmente cuando se las compara al uso de drogas peligrosas. Son simplemente encubrimientos, maneras en que los adictos se autoprotegen de las acusaciones de otros. Sin embargo, la perspectiva bíblica indica que las mentiras nos dañan, que son pecados contra otros y que son pecados contra Dios.

La solución es hablar el idioma de Dios, el idioma de la verdad. Esta es la forma en que lo podemos adorar a Él. Lo podemos adorar al imitarlo. Después de todo, ¿acaso Dios no le dice siempre a su pueblo, «Sean santos, porque yo soy santo»? Después de todo, la adoración no es simplemente cantar elevando las manos. La adoración es caminar humildemente ante Dios en obediencia. Y parte de ese caminar es hablar la verdad.

Ser veraces va más allá de hacer que salgan palabras veraces de nuestra boca. También significa que creemos aquello que es verdadero. Significa que creemos en la verdad sobre nosotros. Significa que decimos: «Señor, confieso que me he dedicado a mis propios ídolos y a mis deseos».

Fe y perdón

Juntamente con la verdad sobre nosotros, debemos conocer la verdad sobre Dios. Específicamente, debemos saber que Dios odia el pecado pero de manera gratuita ofrece gracia y perdón a los pecadores que dejan el pecado. Si Dios no odiara el pecado, ¿por qué tendríamos que odiarlo nosotros? Tendríamos muy pocos motivos para cambiar. Por otra parte, si no creemos a ciencia cierta que Dios nos perdona, no hay motivos para tratar de cambiar. Sin el perdón, estaríamos condenados por nuestros pecados pasados y futuros, así que no habría esperanza. Satanás actuaría sin límites, tendría libertad para provocar desesperación y un sentimiento de culpa paralizante. Con el perdón hay paz con Dios y valentía para ir en busca de esa temeraria tarea por la sobriedad.

En resumen, Jesús, al morir por los pecados y resucitar de los muertos, es el centro del cambio. Continuamos con nuestros ojos en Jesús, y así creeremos que Él pagó el castigo por nuestro pecado y que se deleita en darnos poder para luchar contra el pecado.

Si usted vacila y pierde la confianza en que el perdón de Dios cubre los pecados que usted comete, puede haber dos razones. En primer lugar, tal vez usted crea que Dios no es mejor que usted mismo. En otras palabras, usted no se podría imaginar perdonando a alguien setenta veces siete, de manera que no puede creer que Dios lo haga. Si esto es lo que pasa por su mente, usted está creyendo una mentira. Dios no es como nosotros. Su perdón no es como el nuestro. No use sus propias debilidades como el parámetro para comprender la grandeza de Dios. Simplemente escuche a Dios cuando Él se revela en su Palabra.

Una segunda razón por la que usted puede tener dudas para creer que Dios lo perdona, es que en realidad usted no está tomando en serio el pecado. Usted sabe lo que Dios dice pero no lo obedece. En este caso, según la Biblia usted hace bien en tener dudas —no en cuanto al perdón de Dios sino en cuanto a si usted es realmente un hijo de Dios. Tal vez usted aún esté viviendo una mentira. Si así fuera, tiene que aprender sobre el amor de Dios. Es un amor que va a buscarlo a usted en vez de esperar que usted sea perfecto. Es un amor que llega al sacrificio, hasta la muerte de Jesús en una cruz. Cuando usted sabe ésto sobre el Dios viviente, usted comienza a darse cuenta de que «[sus mandamientos] no son difíciles de cumplir» (1 Jn 5.3 NVI) y a conocer que Él da poder para luchar contra el pecado. Es entonces que usted podrá responder al amor de Dios en obediencia.

Usted necesita ser consciente de que el método bíblico para el cambio no hace que, necesariamente, la vida sea más fácil. Lo que sí hace es equiparnos para la batalla. Cambiar quiere decir hacer cosas que no resultan naturales, como amar a otros, abandonar nuestro orgullo, decir la verdad y batallar contra nuestros deseos. La abstinencia es una guerra. Pero esta guerra es muy singular. El arma más prominente que usted tiene es la confianza y el amor por Jesús, que van en aumento. Y usted notará paz en el corazón, aun durante la batalla, una paz que es resultado de saber que el perdón de Dios nunca es un acto que escatima. El perdón siempre tiene lugar con placer y deleite por parte de Dios. La bondad divina es una bondad eterna. Y es lo suficientemente poderosa como para producir cambios al nivel más profundo en nuestro corazón.

Le ruego que considere todo ésto. Hágame saber qué piensa.

El Dr. Ed Welch es médico y director de consejos y ministerios educativos en CCEF en Glenside, Pennsylvania, EE.UU. Traducido por Leticia Calçada.
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7 Comentarios
Ramón mendoza
Escriba un comentario...LO encontre bastante interesante y practico, yo creo que el enfoque biblico/aplicación desde el punto de vista pecado y enfermedad es la clave para comprenderlo, se que el señor me hablo hoy a través del Dr. Welch y me quedo con un gran compromiso y propósito de adorar mas a mi Dios que cualquier adicción y preparar a mis hijos y otros que tengan estos problemas Dios l... Leer mas »
Escrito el 05 Febrero, 2011
CESAR MORENO
Le doy la gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos permite tener este tipo de documentos para orientar a muchos que hoy se encuentra en la lucha con la adicción al alcohol, así como para lanzar un salvavidas a las familias que se encuentran afectadas. Sirve como punto de partida para levantar un faro en las iglesias que permita a quienes lo necesiten en medio de la oscuridad ... Leer mas »
Escrito el 08 Noviembre, 2011
CESAR MORENO
Le doy la gloria al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos permite tener este tipo de documentos para orientar a muchos que hoy se encuentra en la lucha con la adicción al alcohol, así como para lanzar un salvavidas a las familias que se encuentran afectadas. Sirve como punto de partida para levantar un faro en las iglesias que permita a quienes lo necesiten en medio de la oscuridad ... Leer mas »
Escrito el 08 Noviembre, 2011
Angélica G
Pertenezco a un grupo AA (4 y 5 paso). He encontrado muchos puntos a resaltar en su artículo: 1. La motivación del placer como raíz; 2. El uso de la Biblia como \"garrote\" y no como Palabra de Vida, 3. El perdón de Dios como gracia, etc. Como Ud. bien comenta, el inicio de la rehabilitación en un grupo AA es mucho más fácil porque no confronta al adicto con los dogmas y moralinas de las re... Leer mas »
Escrito el 29 Noviembre, 2011
RICARDO C.
RICARDO C.
estoy muy de acuerdo con Angelica G. yo tambien pertenesco a un grupo de AA y la verdad si cambiara la iglesia por el programa sinceramente no duraria mucho sin beber, aunque admito que la base del programa es Dios , ya que el alcoholico como yo necesita terapia profunda al escuchar y compartir con otros compañeros sus experiencias vividas y en mi caso personal soy muy religios... Leer mas »
Escrito el 07 Febrero, 2012
Rubén
Los que hemos vivido por dentro la dinámica del alcoholismo, sabemos que tiene una fuera ta tremenda que sólo con la ayuda de Dios podríamos vencer. En mi opinión tanto la posición de la Biblia como la de la ciencia médica tienen razón, cada una desde su mundo de interpretación, no veo contradicción alli. Es una enfermedad porque tiene una serie de síntomas y la conducta adictiva del ind... Leer mas »
Escrito el 26 Marzo, 2012
emilio varela rivera
Escriba un comentario...En mi opinión no estoy de acuerdo con los expertos en lo que llaman EXCESO EN EL CONSUMO, porque pienso que si cualquier contenido de alcohol lo sustraemos de su envase con un gotero y probamos UNA SOLA GOTA, dizque para no volvernos alcohólicos, esa UNICA GOTA, nos hace ADICTOS AL ALCHOHOL, sea cual sea la denominación del mismo.
MI CONCLUSION es que debemos abst... Leer mas »
Escrito el 06 Octubre, 2012
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