El enigma de la pirámide invertida

La rivalidad y la competitividad son una constante en toda organización, y la Biblia ha registrado esta realidad en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el caso de Moisés, él sufrió en el seno de su propia familia este flagelo (Nm 12).
El enigma de la pirámide invertida

Cada vez con mayor frecuencia nos visitan expertos internacionales en las más diversas materias relacionadas con el mundo de los negocios. Cada uno de estos gurús de la administración venden diferentes fórmulas de éxito, una receta que muchos sueñan tener, pero pocos han encontrado. Hace algún tiempo The Wall Street Journal publicó un artículo denominado «El ejecutivo perfecto». Y, ¡oh sorpresa!, el artículo argumentaba que «los empresarios inteligentes deberían dedicar algún tiempo a estudiar las técnicas de administración de los grandes líderes de la historia, y uno de ellos, el más exitoso, fue precisamente Jesús». Y más aún la crónica planteaba que las técnicas y principios de Jesús no entran en absoluto en contradicción con los principios básicos de la administración moderna.

Esto me recuerda una historia que narra Michel Quoist en Oraciones para rezar por la calle, titulada «Pizarras Verdes»:

La escuela es último modelo. El director, muy ufano, me la muestra explicándome los menores detalles de su comodidad. El mejor invento son las pizarras verdes. Los técnicos han estudiado largamente el asunto, han hecho un montón de experimentos. Y ahora sabemos que el verde es el color ideal, que no cansa la vista, que serena y relaja.

Y al verlo, Señor, se me ocurría que tú no has tardado tanto en pintar de verde las praderas y los árboles. Y para que no nos aburriésemos, ¡qué variedad de verdes has dado a tus praderas «modernas»!

Y sonrío al pensar que los «descubrimientos» de los hombres se reducen a descubrir ahora lo que tú has descubierto desde la eternidad.

Estos «descubrimientos» me recuerdan también lo que dijo una joven ejecutiva de nuestra iglesia al salir de un seminario sobre inteligencia emocional (así titulado): «Pero si a esto sólo le falta colocarle versículos bíblicos.»

Quisiera referirme a un principio básico de Jesús sobre la administración, que por cierto se aplica en primer lugar en la iglesia (o debiera por lo menos), pero es válido en cualquier organización y en forma preferencial en la familia.

Se trata de la pirámide invertida, un principio revolucionario, como muchos otros que planteó Jesús, y que pone literalmente patas arriba el organigrama tradicional.

Siempre se había enseñado un concepto antiguo heredado de épocas guerreras y monárquicas y aplicado desde siempre por las dos organizaciones más antiguas y sólidas, la militar y la Iglesia Católica. El jefe está arriba en el organigrama, ordena resuelve, sabe, piensa; y los subalternos en los niveles inferiores se someten, obedecen y ejecutan las órdenes recibidas.

El radical principio de Jesús, tan distinto y tan original, no sólo fue enseñado por él, sino que lo practicó durante todo su ministerio terrenal.

El que manda tiene que hacerse como el que sirve.

Si alguien quiere ser el primero, deberá servirles a todos. Mateo 23 y Marcos 10

Este concepto que llamamos la pirámide invertida, es una dramática metáfora para la organización orientada al servicio. Las relaciones invertidas tienen consecuencias poderosas en la forma y el estilo en que los líderes se comunican con sus colaboradores. Esto no significa la pérdida de autoridad del liderazgo, sino una nueva cultura del poder. Los colaboradores contarán con una mayor autonomía, se fomentará la iniciativa propia, y se desarrollarán relaciones de confianza en todo sentido.

Este nuevo estilo tenderá a alejar la apatía, indiferencia, rivalidad y fomentará una sana autoestima.

En el lavamiento de pies en Juan 13, Jesús reitera su compromiso con este estilo de liderazgo. Antes de morir deja esta emotiva enseñanza y les dice a sus discípulos: «Les he dado un ejemplo para que ustedes hagan lo mismo … si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.» Juan 13.15–17

La rivalidad y la competitividad son una constante en toda organización, y la Biblia ha registrado esta realidad en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el caso de Moisés, él sufrió en el seno de su propia familia este flagelo (Nm 12). Siendo un líder tan carismático y tan manso sufrió constantes rebeliones, productos del ansia de poder tan profundamente arraigado en la naturaleza humana.

Los discípulos de Jesús no fueron ajenos al tema: «Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor.» (Lc 9.46) La mayoría de nosotros sabe que difícilmente lograremos ser los mayores en la cúspide social, pero tampoco quisiéramos ser los menores.

George Orwell en su obra La rebelión en la granja, ironiza este intento del hombre por buscar la equidad, que acaba siempre en el autoritarismo de quienes tanto lo cuestionaron. La historia de la humanidad muestra generalmente la crueldad del hombre para imponerse, sea en la Revolución Francesa, el socialismo soviético, o las dictaduras de nuestro continente. Mario Vargas Llosa en su libro «La fiesta del chivo» relata, en una experiencia latinoamericana de nuestros días, hasta qué extremos puede llevar el ansia de poder del hombre. En ningún gallinero habrá paz, hasta que esté claro quién será el mayor y quién el menor, y a quién corresponderá cada uno de los peldaños; y nosotros los hombres funcionamos igual. La ley del más fuerte está escrita en el rostro de la sociedad humana.

La pirámide invertida planteada por Jesús, es una respuesta realista a los problemas de poder que se sufren en toda organización.

A la cabeza de la organización ya no domina un jefe que todo lo sabe, que es el único ente pensante, que resuelve y ordena, esperando que sus subalternos obedezcan y le sirvan, sino lo contrario. El líder ocupa un lugar de apoyo, con gran cultura de servicio, que con todo su talento y autoridad está a disposición de sus colaboradores para lograr junto a ellos las metas propuestas.

Esto no significa descartar el sentido de liderato y autoridad, pues descartarlos llevaría al caos que con tanta elocuencia y sencillez describe el libro de Jueces cuando dice «en aquella época aún no había rey en Israel y cada cual hacía lo que le daba la gana». Lamentablemente la reacción normal a esta situación de caos (dada la ley del péndulo) es el autoritarismo, y en la historia de la humanidad es una constante: a toda falta de autoridad le sigue un gobierno de corte dictatorial. Actualmente existe una tendencia a demoler por diferentes vías la autoridad en la sociedad —con su permisividad y tolerancia mal entendidas—, lo que lleva por el peligroso camino que a menudo termina en tragedias como revoluciones o guerras.

Jesús nunca enseñó que todos tienen autoridad. Si bien Jesús enfatizó la autoridad espiritual, la pirámide invertida la dio como modelo de funcionamiento para toda la sociedad.

Me arriesgo a hacer las siguientes definiciones: Autoridad es el arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que el líder se propone, debido a su influencia personal. Liderazgo es el arte de influir sobre la gente con entusiasmo para el logro de objetivos en pro del bien común. Poder, en cambio, es la capacidad para forzar o coaccionar a alguien, para que éste, aunque preferiría no hacerlo, haga la voluntad del que tiene el poder debido a la posición o fuerza que posee.

Volviendo a nuestro concepto bíblico, apreciamos fácilmente que la autoridad no consiste en imponerse sino en servir humildemente. Ella no gobierna por la posición ni la fuerza, sino que lo hace por el ministerio de la vida espiritual.

Gene Getz en su libro Refinemos la perspectiva de la iglesia recuerda que de los veinte requisitos específicos dados por Pablo en 1 Timoteo 3 y Tito 1, dieciocho tienen que ver con la reputación, ética, moralidad, temperamento, hábitos y madurez espiritual y sicológica del hombre.

La diferenciación del líder deberá estar fundamentalmente en su estilo de vida.

En Enrique IV de Shakespeare, el joven y flamante rey Enrique V, cuyo padre acaba de morir, sale del palacio a caballo. Falstaff, el viejo caballero de mala fama que ha sido su constante compañero de borracheras y aventuras con prostitutas, llama a su «dulce príncipe Hal», pero el monarca pasa a su lado sin mirarlo siquiera. Falstaff se siente cruelmente ofendido: él ha criado al príncipe. El joven Enrique sólo ha encontrado calidez humana en este borracho despreciable, pero ahora es rey, es un personaje público y debe fijarse otras normas de conducta.

Cristo presenta un modelo de líder que no se apodera de la autoridad, sino que se la gana con su ejemplo, su estilo de vida. No hace ostentación de su posición, sino que sirve con humildad; no busca su bienestar, sino que paga el precio del liderazgo; no usa el poder ni la intimidación, sino que desarrolla relaciones de confianza. Que esta no es una utopía inalcanzable lo demuestra el liderazgo de Moisés (el hombre más manso de la tierra, según Números 12.3) quien lleva a cabo la más grande misión política y militar de la historia de Israel.

Considerando el paradigma de la pirámide invertida, la interpretación de la frase de Efesios 5.23, «el esposo es cabeza de la esposa», cambia radicalmente. Ya no se trata de un enfoque autoritario y machista, sino de un líder responsable del bienestar de su grupo familiar, dispuesto a servir a sus seres queridos, animándolos y guiándolos con sabiduría y amor.

Esta forma de establecer las relaciones en una organización, no está exenta de problemas. Jesús mismo los tuvo en un reducido grupo de doce personas. Vivimos en un mundo en que «los cardos y espinas» (Gn 3) serán siempre una realidad. La cizaña se hace presente también en las mejores familias, iglesias y empresas.

Es mi experiencia y mi testimonio que el modelo de Jesús se puede aplicar exitosamente en la vida laboral. Es un camino hermoso, no exento de dificultades, pero que sin duda trae la satisfacción de la obediencia: «Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, estarán marchando por un sendero de bendición.» (Jn. 13.17)

Pirámide tradicional

Implica:

Jerarquía marcada, obediencia, formalidad, mecanismos de control, disciplina, respeto a canales establecidos, baja entropía.

Énfasis:

Hacer que las cosas se cumplan y se respete lo establecido.

Pirámide invertida

Implica:

Colaboración de todos, participación responsable, protagonismo, autogestión, coordinación —diálogo permanente—, mayor informalidad, respeto hacia los demás y hacia uno mismo.

Énfasis:

Colaboración e inspiración por el objetivo compartido. Las metas y objetivos se dialogan.

El autor es chileno. Es empresario, líder cristiano que coordina encuentros matrimoniales y organiza talleres para matrimonios, hombres y líderes.

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2 Comentarios
MIRTHA LEYANI CACERES
Excelente Artículo, conocía la Piramide Invertida escuétamente, pero éste artículo, ademas de ponerme a pensar me dejó claro el significado, el mensaje y por supuesto lo compartiré con todas las personas que amo.

Leyani
Escrito el 28 Julio, 2010
Douglas
Que agradable es conseguir opiniones similares, sobre temas tan susceptibles como el Liderazgo. Desarrollado con entereza y responsabilidad, a los ojos de los hombres y de Dios.

Douglas.
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